«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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lunes, 7 de abril de 2014

‘Els ambaixadors’ de Albert Villaró. Premio Josep Pla 2014. Ucronía entretenida y divertida.

Especular es algo que la historiografía más seria y oficial no puede permitirse. La ficción, sí. La ficción es territorio abonado para este tipo de experimentos. Y eso es lo que ha hecho el escritor Albert Villaró (La Seu d’Urgell, 1964) en su novela ‘Els ambaixadors’, editada por Destino, con la que el pasado Día de Reyes ganó el Premio Josep Pla 2014. ‘Els ambaixadors’ es una ucronía, esto es, según el diccionario de la RAE, una “reconstrucción lógica, aplicada a la historia, dando por supuesto  acontecimientos no sucedidos, pero que habrían podido suceder”.
Con voz en tercera persona, Villaró introduce al lector en una  España extraña, gobernada por Sanjurjo ya que Franco murió en un accidente de aviación sufrido con el Dragón Rapide mientras lo trasladaban desde Madrid a Santanader. O sea que uno ocupó el lugar que el otro desempeñó en la realidad. Mola, el estratega del golpe de estado del 36, no deseaba el poder y José Antonio, que no fue fusilado, se ve convertido en ideólogo y oráculo, en mantenedor de las esencias del régimen. En este panorama, Cataluña es un estado independiente desde el año 1934, cuando el general Batet apoyó al president de la Generalitat en su proclamación de independencia, en lugar de sofocar y aplastar la declaración secesionista como era su deber si hubiera obedecido las órdenes que de arriba la venían. España y Cataluña, Cataluña y España, dos países separados en el escenario pergeñado por el escritor afincado en Andorra. Y enfrentados, porque Madrid no se resigna a perder el territorio catalán y la Generalitat trata de impedir la anexión. Así, con el apoyo de un grupo de científicos alemanes, los que desdeñaron norteamericanos y rusos tras finalizar la II Guerra Mundial, en el santuario del Valle de los Caídos, donde Franco está enterrado debajo del altar mayor, han preparado una bomba atómica para lanzarla sobre Barcelona y recuperar el antiguo principado, ahora república. Relativo a este propósito, el del bombazo, resulta muy significativo el texto que precede la novela, firmado por Manuel Azaña: “Una persona de mi conocimiento asegura que es una ley de la historia de España la necesidad de bombardear Barcelona cada cincuenta años”. Este panorama se completa con el dato de que un puñado de líderes de la izquierda, entre otros Azaña y Carrillo, han sido fusilados. Sin embargo, Andreu Nin, el antiguo líder del POUM, todavía vive y colabora con los servicios secretos norteamericanos. Voilà!