Nº 510.- No cabe duda de que la publicación de
‘Patria’ (Tusquets Editores) en otoño de 2016 por Fernando Aramburu,
convulsionó de forma ostensible la actualidad literaria del estado español.
Escribir sobre el entorno abertzale con la profundidad y extensión con que lo
ha hecho el escritor donostiarra no es frecuente, una novela de seiscientas
páginas y miles de palabras que, paradójicamente, tiene un título breve, muy
breve, con un solo vocablo de seis letras. Como tampoco lo es la voz escogida
para narrar (una tercera salpicada por continuas interrupciones en primera) un
asunto tan duro, espinoso y epitelial que ha teñido de sangre, fuego, amargura
y horror Euskadi y el resto del pentágono peninsular durante más de sesenta
años.
Entrevistar a Aramburu en la Fira del Llibre
de València casi adquirió tintes de peripecia literaria. Tras la presentación de
la novela en el Plató televisivo, no quedaban resquicios para declaraciones. No
había tiempo. Los minutos, no demasiados, estaban rigurosamente reservados para
ese vis a vis literario que es la dedicatoria de ejemplares. El escritor
donostiarra, sin embargo, con enorme amabilidad, aceptó mi presencia a su lado
en la mesa de firmas, aupados sobre una tarima, y al tiempo que respondía mis
preguntas atendía a sus lectores, muchos de ellos sacudidos, de uno u otro
modo, por la violencia etarra. A medida que desgranamos nuestra conversación, me
fui dando cuenta de que Fernando Aramburu se ha convertido en el catalizador de
la angustia de una gran parte de su público, que desea compartir con él, aunque
solo sea durante unos segundos, sus vivencias en el dolor. ‘Patria’, la novela,
parece además haberse convertido en una suerte de libro de cabecera, tal vez
balsámico, tal vez catártico, tal vez ambas cosas a la vez, para muchos de
ellos.