«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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domingo, 8 de diciembre de 2024

Manuel Rivas, Premio Nacional de las Letras Españolas 2024: «Me interesa vagabundear, que la escritura sea un proceso de descubrimiento»

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Nº 689.- Mañana. Martes. Noviembre. Durante un buen rato, la maleta/mochila de Manuel Rivas
deambuló por València sola, perdida en la bodega de un taxi, cargada con sus ideas y útiles de trabajo. El alivio llegó justo antes de empezar la entrevista, cuando fue localizada y transportada al Hotel Reina Victoria donde tuvo lugar nuestro encuentro. Un principio de conversación rocambolesco. Inesperado. Feliz. Hacía mucho tiempo que no hablaba con el escritor gallego, al que descubrí gracias a la lectura de su libro de relatos ‘¿Qué me quieres amor?’ Más tarde, allá por el mes de febrero de 2007, Manuel pasó por València para promocionar su novela ‘Los libros arden mal’ y tuve la oportunidad de conocerle y entrevistarle. Ahora, diecisiete años después, regresa con ‘Detrás del cielo’ (‘Tras do Ceo’), su nueva ficción publicada por Alfaguara. En ella seis cazadores alborean el día con el propósito de dar una batida para cazar al Solitario, un jabalí del que se cuentan truculencias asesinas. El más joven del grupo, Dombodán, un tipo algo desnortado pero lúcido, relata la jornada de la batida, cuya tensión y violencia va creciendo a medida que avanza el día. El narrador destapará el abuso y la depredación social y natural que reina en Tras do Ceo, territorio gallego, trasunto del mismo mundo que habitamos todos. Iluminados por la luz apagada, limpia, herida por la reciente Dana, de uno de los ventanales de la cafetería del Hotel, que dibujaba una secuencia de sombras, casi tenebristas, comenzamos nuestra conversación, grabadora mediante, piloto rojo encendido, poco antes de las catorce horas.

Manuel, enhorabuena por el Premio Nacional de las Letras Españolas que te han concedido recientemente. Este galardón sabe especialmente bien porque eres un autor de la periferia que no escribe en castellano?

Bueno, en mi país se dan las gracias, ¿no? [risas]… Yo veo a los libros muy contentos. Pienso en ellos y pienso también que uno forma parte de un oficio que se considera solitario, aunque yo creo que no lo es. Es cierto que hay momentos de arresto domiciliario para escribir, pero es un tiempo muy compartido porque estás continuamente escuchando voces y hablando con personajes. Cada persona es una nación y cada escritor también, pero formas parte de un camino de luciérnagas y, por lo tanto, eres heredero y estás dentro de una tradición… Lo primero que sentí al recibir el premio es que era algo para compartir con esa literatura gallega, que es un vivero continuo y que, en medio de la adversidad, ha mantenido vivas las palabras y la creación. Y creo que es necesario compartir todo esto, porque ya hay demasiada competencia en nuestro entorno.  

sábado, 3 de enero de 2015

Año del delfín, un artículo de Manuel Rivas

Manuel Rivas estrena su columna sabatina en el diario El País con su artículo 'Año del delfín'. A disfrutarla. ¡Qué suerte disponer de tan buenos escritores en el pentágono peninsular!

Año del delfín

Los científicos consideran a estos cetáceos "personas no humanas" y destacan por sus acciones altruistas

Son cada vez más los científicos que están de acuerdo en considerar a los delfines “personas no humanas”. Quienes llevan años estudiando sus sonidos y gestos están convencidos no sólo de su evidente capacidad para transmitir buenas y malas noticias sino que va tomando cuerpo la tesis de que utilizan nombres para llamarse unos a otros. Yo prefiero pensar que los delfines, como gente del mar que son, prefieren los apodos. A Ulises, el héroe de la Odisea, sus compañeros le trataban en confianza con el alias de Pulpo e incluso Pulpiño. Los delfines me alegraron el fin de año. En un programa de radio sobre la inmigración, enlutado por la estela trágica de los naufragios, de repente saltó un relato que puso en vilo las ondas. Una historia real. Los supervivientes de una patera con rumbo perdido contaron que una bandada de delfines rodeó la embarcación y los condujo salvos hasta el barco de Cruz Roja. Humanos rescatados por personas no humanas. En una expedición al Gran Sol irlandés, a mediados de los 90, fui testigo de la pesca involuntaria y la muerte en la malla de un delfín. Una maldición para el barco. Una comitiva de delfines fue tras el pesquero y la persecución sólo se detuvo cuando el cuerpo fue devuelto al mar. Nadie jamás había oído aquel canto fúnebre y no abrimos la boca hasta arribar a puerto. Hace poco, me contaron que había habido una huelga de delfines en un parque acuático, hartos de sobreexplotación. Supongo que entre ellos hablarán del absurdo de las prospecciones petrolíferas en el santuario marino de Canarias. Una tarea humana es luchar por la vida y la libertad de las personas humanas y no humanas. Que el 2015 sea un año memorable para ustedes y para los delfines.

sábado, 8 de junio de 2013

Manuel Rivas en El País de hoy.

El escritor gallego vuelve a publicar otra columna interesante en la contraportada del diario El País de hoy sábado, 8 de junio de 2013. Este va sobre la mierda de perro y el FMI.

sábado, 12 de mayo de 2012

Dos recomendaciones, dos

Dos recomendaciones, ambas de EL PAÍS, para el fin de semana. Se trata de un artículo y de una entrevista. El artículo es de Manuel Vivas y lleva por título, Emergencia; la entrevista es la realizada por Kristin Suleng a Josep Fontana, maestro de historiadores, uno de esos autores que venerábamos los de mi generación, cuando cursábamos nuestra carrera de Historia. El profesor barcelonés pasó el otro día por la Universitat de Valencia para dar una conferencia. Los dos textos se publican el diario de hoy, 12 de mayo de 2012.




miércoles, 30 de noviembre de 2011

Manuel Rivas en EL PAÍS.

Manuel Rivas, nuevamente, publicó un artículo interesante en la última página del diario EL PAÍS. Como siempre, como todos los sábados. Su título 'Lo imprevisible'.
 

domingo, 6 de noviembre de 2011

'Tres cuentos' por Manuel Rivas.

Manuel Rivas publicó ayer, 5 de noviembre, en el diario EL PAÍS su acostumbrada sección sabatina. Lleva por título 'Tres cuentos'. Disfruten si lo desean, mis improbables.

domingo, 28 de agosto de 2011

'Foto de familia' por Manuel Rivas

Hoy en el diario EL PAÍS se ha publicado el relato de Manuel Rivas titulado 'Foto de Familia'. Sobran palabras.

Herme Cerezo

domingo, 12 de junio de 2011

domingo, 1 de mayo de 2011

'Tonterías', por Manuel Rivas (El País, 30/04/2011)

Los artículos de Manuel Rivas en el diario El País de cada sábado se superan una semana tras otra.El escritor gallego está de un sembrado que se sale. Vean si no, el de ayer, mis improbables lectores. Es todo un lujo poder leerlo.

sábado, 1 de agosto de 2009

'Los libros arden mal', última novela de Manuel Rivas



‘Los libros arden mal’, último título publicado por Manuel Rivas, no es otro libro más en su carrera literaria. Pensar eso sería ningunear al autor y a su obra. No. ‘Los libros arden mal’ es el estallido de algo que ya se venía anunciando en ‘¿Qué me quieres, amor?’, ‘La mano del emigrante’ o ‘El lápiz del carpintero’. Es como si Rivas (A Coruña, 1957) se hubiese subido a la Torre de Hércules y, con la mano puesta en la frente, a modo de visera, hubiese mirado atrás, observando la senda recorrida, el tiempo transcurrido que ya es mucho, porque el escritor gallego, en esto de juntar palabras anda metido desde los 15 años, cuando comenzó a trabajar como "meritorio", bonito término para su "Gabinete de Curiosidades", en el diario ‘El Ideal Gallego".



‘Los libros arden mal’ es el libro del 2007, aunque se publicase a final de 2006. Es una suma de relatos, de cuentos, que se entretejen, que se mezclan, que huyen de la habitual estructura capitular. Los personajes entran y salen, luchan, sufren, se alegran, se frustran, envejecen y mueren a lo largo de este extenso periodo que arranca en el año 1881 y llega hasta nuestros días, con especial incidencia en el periodo de la Guerra Civil o mejor dicho, luego veremos el porqué, en la Posguerra gallega. Galicia, siempre presente en los textos de Rivas: la Galicia de los emigrantes, de los maestros, de los campesinos, de los boxeadores, de los jueces, de los muchachos, de los marineros...

‘Los libros arden mal’ es un libro que requiere dosificación. Sus seiscientas diez páginas reclaman un modo especial de lectura. No se puede beber de golpe, aunque la historia, las historias que contiene y sus personajes (Polca, Curtis, Ó, Gabriel, Leica, Dez, Samos, el abuelo Mayarí, Pinche, Chelo Vidal, Luis Terranova, Arturo da Silva ...) nos reclaman continuamente, ¡ven, ven, léeme, escúchame, mira lo que ocurre!, sino de modo pausado. Porque si de algo están repletas estas páginas es de matices, de sabores, de juegos de palabras, de semántica, de etimologías. Es un texto que se revuelve sobre sí mismo, que te obliga a bucear en su interior y, lo que también es importante, te incita a buscar otras fuentes documentales, a rascar en la memoria colectiva de los últimos setenta años de este país, llamado España. Para no olvidar, para aprender... para no meter la pata de nuevo.



‘Los libros arden mal’ es un libro de tesis doctoral, que merece la disección paciente de un forense de las letras, un texto que marcará una época para una generación de lectores. Como dijo hace unas semanas Alfons Cervera, en su sección ‘Fahrenheit 451’ de la Cartelera Turia de Valencia, "seiscientas diez páginas irrenunciables, esponjosas" que hay que leer sin saltarse ni una sola.



‘Los libros arden mal’ habla de libros quemados durante la Guerra Civil. Al comienzo, hay una foto ilustrativa, un auténtico disparador literario para el cerebro privilegiado de alguien como Manuel Rivas, en la que se observa a un grupo de fascistas en el puerto de A Coruña, agosto de 1936, procediendo a una quema de libros. Incinerar libros no es un tema nuevo en literatura, ni en la vida. ‘Fahrenheit’ 451, ‘El nombre de la rosa’ o el mismo ‘Quijote’ ya nos hablaron de esto. Pero sin duda, esta quema cala más hondo, porque nos pilla mucho más cerca: es nuestra. Y nos duele que se quemen libros, porque quemar un libro es eliminar un trozo de nosotros mismos, de nuestra historia, reciente y pasada, es arrojar al autor en la hoguera del desprecio, del odio, del olvido.


‘Los libros arden mal’ merecía una reseña especial, extensa, donde se conjugaran las palabras de quien escribe esta reseña, las mías, con las del propio autor del libro. Y la tiene, porque el pasado 21 de febrero, miércoles de ceniza ― todo un simbolismo, toda una premonición, ¿toda una coincidencia? ― tuve la oportunidad, gozosa, de poder charlar con Manuel Rivas sobre su obra. Y éstas fueron mis preguntas. Y sus respuestas.



ENTREVISTA: Manuel Rivas, escultor de palabras



- En ‘Los libros arden mal’, ¿qué te interesaba más: la quema de los libros o recuperar la memoria de la Guerra Civil?Son dos cosas conectadas. Existe desde luego un impulso de recuperar la memoria porque la literatura debe acudir a zonas de penumbra, de vacío, a rescatar ese cráter que se formó en España durante gran parte del siglo XX. Pero el impulso decisivo es un desasosiego que va más allá del episodio histórico, un desasosiego que había ido germinando en obras anteriores y que yo afronto directamente aquí.


- ¿Era muy conocida esta quema de libros en Galicia?Yo diría que en mi tierra, el noventa y nueve por ciento de la gente la desconocía. Fue una auténtica sorpresa cuando apareció el libro, porque A Coruña es una ciudad muy culta e ilustrada y fue como si no se lo creyeran. Sabían que durante la Guerra Civil y la Posguerra se habían vivido situaciones duras, difíciles, pero ignoraban que en sus plazas se hubiesen quemado libros. Se generó un sentimiento de vergüenza.


- Y ¿por qué ese afán por quemar libros?En todas las quemas de libros, los protagonistas no son gente inculta o descontrolada, no. Son gente que sabe lo que hace. Por ejemplo, la quema de libros producida en Berlín en 1933 fue algo totalmente intencionado, donde estuvieron presentes los catedráticos de universidad que no se habían exiliado. Ellos mismos participaron arrojando cada uno un libro a la hoguera. En los regímenes totalitarios, la razón para quemar libros estriba en que encarnan a la humanidad librepensadora. Y aquí se produce un fenómeno curioso, porque es la propia gente apasionada por los libros, la que desea poseerlos, quien en un momento determinado, en lugar de defender el Humanismo encabeza la barbarie. Es un poco lo que ocurre hoy, cuando se confunde la máscara de la cultura con la cultura de verdad.En tu libro, llama poderosamente la atención la saña con la que se persiguió a Santiago Casares Quiroga y su biblioteca.


- ¿Cómo puede el ser humano albergar tanto odio hacia una persona?Yo creo que por eso escribes estos libros. Son odios inexplicables, que sobrepasan el límite de lo humano. No se conformaron con eliminar físicamente a la persona sino que, además, deseaban borrarla del registro civil, arrancando la página donde constaba la fecha de su nacimiento. Mientras lo escribía, me hice esa misma pregunta y el propio Casares Quiroga también se la hizo. Creo que es una psicopatía, pero lo más duro es que situaciones como ésa formaron parte de la "normalidad" de entonces. Ese tipo de disparates u otros, como encerrar libros en un calabozo, cerrar la puerta y guardar la llave, entonces ocurrían. Había alguien que daba la orden, otro alguien que la cumplía y un tercero que custodiaba la llave. Por desgracia, además, no son periodos excepcionales en nuestra historia, sino bastante frecuentes.


- En todas tus obras otorgas una gran importancia a las palabras.
Totalmente. Si me apuras mucho a elegir entre el qué y el cómo, te digo que me quedo con el cómo, porque para mí la escritura es un ejercicio de expresión estética, un compromiso con el trabajo artístico a través de las palabras. Y eso conlleva una ética, porque donde había vacío, nace algo nuevo.


- Tu forma de escritura recuerda a los escultores.Me apasiona la idea de Roland Barthes de que llega un momento en el que el lenguaje forma parte de ti mismo, de tu propio cuerpo. En lo que estoy trabajando ahora, trato de llevar eso al límite, porque el lenguaje forma parte de nuestra personalidad, no es algo neutro. Tenemos que sacar las palabras que llevamos dentro.


- ¿Cómo fue el proceso creativo de ‘Los libros arden mal’?Primero yo tuve el libro dentro y después él me tuvo a mí. Empecé con mucho ímpetu, pero luego, digamos que fue el mismo libro quien me empujó. En la actividad de escribir, que no es una actividad racional, aunque tampoco irracional, actúan al mismo tiempo el sentir y el pensar. En ese sentido, escribir sería un proceso sentipensante, como diría Couto. En la novela hay dos hemisferios: uno, el dramático, del que formarían parte el repartidor de Biblias (qué curioso que en un país católico como España, el difusor de la Biblia sea un protestante), los maquis y los campos de concentración; el otro hemisferio sería el del deseo, el deseo de los personajes por sobrevivir, su capacidad para crear espacios de felicidad clandestina, sus conversaciones, ver las cosas. El libro creo que tiene una simetría entre la pulsión de la muerte y la del deseo.


- Observo que, aunque sois de generaciones distintas, hay una similitud estética entre escritores como Saramago, Lobo Antunes y tú mismo. ¿Podríamos hablar de una escuela literaria galaico-portuguesa?Ahora que lo apuntas, puede ser que esto tenga su origen en la tradición oral. Cuando yo busco los orígenes de mi escritura, mis fuentes, me sitúo mucho en la memoria oral. Cuando me preguntan por libros que me han influido, les digo que pienso más en historias escritas en el aire que no en títulos concretos, aunque, claro, también me atrae la literatura escrita: Miguel Torga, Juan Rulfo, Valle-Inclán... Pero que quede claro que al citar a estos autores, ellos no tienen la culpa de lo que escribo yo (risas, ojos francos, mirada abierta).


- ¿Qué necesita una novela para tirar del lector?Lo que da fuerza a una historia, a una novela, son los personajes. Puede ser muy dramático el periodo que eliges, como es el caso de la Guerra Civil, pero si los personajes no transmiten esa verosimilitud y carecen de personalidad propia, la cosa no funciona. La novela empieza a existir cuando ves hablar a los personajes, cuando escuchas lo que dicen, cuando te sorprendes por lo que están diciendo. A veces te disgustas por lo que oyes, pero tienes que dejarlos, seguirlos. Hay que estar en vigilia, alerta a lo que sucede, a lo que hablan. A partir de ahí el texto sigue por sí mismo y tú no debes forzar nada, sólo ver qué ocurre.


- Para finalizar, ¿en Galicia hubo Guerra Civil o "Posguerra Civil"?En Galicia lo que hubo fue una carnicería, una guerra sin trincheras. Había ganado las elecciones el Frente Popular, existían sindicatos fuertes con una gran tradición; las cigarreras de Coruña fueron las primeras en organizar una huelga, como lo cuenta la Pardo Bazán en ‘La Tribuna’; la República había puesto en marcha un mundo alternativo de bibliotecas y centros culturales, cuando sobrevino el golpe. La gente salió a la calle, una auténtica marea humana, a pedir armas. Pero los gobernadores consideraron que no era necesario, que tenían garantías suficientes de que no habría guerra. Y luego vino una cacería humana.



Herme Cerezo


Entrevista publicada en SIGLO XXI, el 26 de febrero de 2007