«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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lunes, 8 de marzo de 2021

Un relato de Manuel Jabois

A lo largo de la entrevista sobre su novela 'Miss Marte', Manuel Jabois habla del personaje José Antonio Ventín, el director de un periódico gallego al que le aterra la actualidad, las exclusivas, las primicias, y que solo quiere publicar noticias que sus lectores ya han leído en otros medios. Jabois escribió un relato breve sobre este personaje en el periódico El País el 24 de agosto de 2015. Se titula El tiempo que hizo ayer. Y dice así:

El director Ventín deseaba publicar todos los días en portada lo que sus lectores supiesen

José Antonio Ventín era el director del periódico en Pontevedra, un hombre pálido y delgado que tenía estampa de cirio. Entraba todas las mañanas a las once con cara de funerario y se encerraba en su despacho con la cabeza hundida entre los brazos vigilando la puerta por si alguien la abría a traición. Ventín tenía una peculiaridad hermosa: detestaba las noticias. Cada vez que alguien traía una exclusiva lo primero que tenía que hacer era convencer a Ventín. El director se ponía unos anteojos extravagantemente grandes, que debieron de pertenecer a su bisabuelo, y miraba con cara de morsa al redactor. Cuando el redactor terminaba, Ventín abría la boca en tembleque.

martes, 19 de marzo de 2019

Un relato para el Centenario del Valencia C.F.

Ayer, 18 de marzo de 2019, se hicieron públicos los relatos finalistas en el concurso convocado por el Valencia C.F. para conmemorar su Centenario. A dicho evento quien esto suscribe había enviado el cuento titulado En la frontera, que no fue seleccionado entre los quince escogidos. De conformidad con lo expuesto en el apartado número 14 de las bases que regían el concurso, «La organización no tendrá ningún derecho sobre los relatos no seleccionados», soy completamente libre de hacer con él lo que me apetezca y, lo que me apetece es colgarlo en este blog de literatura y otras cosas, que vengo gobernando desde hace diez años.

EN LA FRONTERA

La guardé entre las páginas del diccionario de lengua castellana, justo en la frontera donde acaba la i y comienza la jota. Lleva ahí muchos años. De vez en cuando la miro, la repaso, una y otra vez. Es rectangular, ligeramente alargada, impresa con tintas roja y verde sobre fondo blanco, como se hacían entonces. Es la entrada de un partido de fútbol para el Estadio Luis Casanova. Corresponde a un enfrentamiento entre el Valencia C.F. y el Real Club Deportivo de la Coruña, sector 19, número 093. No lleva fecha, pero no hace falta, la recuerdo como si fuera hoy mismo: cinco de diciembre de mil novecientos setenta y uno. La entrada se mantiene incólume, ni siquiera ha amarilleado por las esquinas. Ha envejecido bien. El papel es de buena calidad. Todavía conserva el doblez que le hice con la uña para que los porteros la cortaran sin desgarrarla. Soy muy maniático en eso, demasiado perfeccionista quizá. Guardo muchas entradas. Me gusta el sabor que el paso del tiempo proyecta en ellas. Tengo ejemplares interesantes como una del campo del Chelsea, Stamford Bridge, y varias de choques del Valencia C.F. contra el Real Madrid, el F.C. Barcelona o el Atlético de Madrid, incluso de una eliminatoria de la Copa de la UEFA contra los rumanos del Arges Pitesti. La mayoría son de Mestalla, aunque también hay del Manzanares y del Bernabéu. Pero la del Deportivo es especial porque se trata de un objeto inacabado, incompleto frustrado.

martes, 5 de enero de 2016

'El garlito', un relato breve.

En el año 1998, el que suscribe llegó a la final del concurso de relatos breves organizado por el Diario de León con un cuento titulado 'El garlito', incluido en el libro 'El perro faldero'. Dada su temática, lo publico hoy, 5 de enero de 2016, por si les apetece leerlo, mis invisibles. 


EL GARLITO


Desde hacía un trimestre la pequeña ciudad vivía conmocionada. La zozobra invadía a sus habitantes. Numerosas casas del Distrito Sur habían sido desvalijadas. Los robos siempre presentaban el mismo denominador común: el ladrón entraba por una ventana que, por descuido de sus propietarios, había quedado abierta.
Ajustó sus pantalones y cargó el saco. Trepó por la escalera hasta alcanzar el alféizar de la ventana. Los informes que le habían suministrado no mentían. Estaba sin cerrar. La luna iluminó su sonrisa de dientes blancos. Una vez más las recomendaciones policiales resultaban baldías. Los vecinos apostaban por seguir fieles a la tradición.
Aún flotaban en su cabeza imágenes de la primera vez, cuando realizó su trabajo a pie, sin escaleras, tirando de las bridas de aquellos extraños animales de mirada apática, cuello curvo y morro adelantado. En ellos viajaban sus señores. Con otros dos compañeros se repartieron el trabajo. El paso del tiempo añadió complejidad a su tarea y ahora trabajaba solo. A pesar de ello jamás pasó por su cabeza la posibilidad de pedir incremento salarial o un plus por soledad. Su corazón, todavía fuerte, se apiadaba de sus amos, envejecidos por los interminables periplos de ida y vuelta. La  recompensa  siempre  era  la  misma:  el  acceso  al interior de las viviendas y la satisfacción del trabajo bien hecho.
Al ascender nunca miraba hacia abajo. La sensación de vértigo le resultaba insoportable. Un invierno tras otro la dificultad de las escaladas crecía. Su espalda lo percibía en forma de calambres y contracturas. Era el tributo que pagaba su arrogancia teñida de años.
Hoy, como casi siempre, la noche venía fría. Una gota helada procedente del tejado mojó su rostro devolviéndole a la realidad. Ya con el pie izquierdo dentro, no sin cierta dificultad, introdujo el resto de su cuerpo en una sala amplia. Era el comedor. Una ráfaga de viento interrumpió la calma de la noche. Las cortinas de la ventana le envolvieron. Forcejeó con ellas hasta que las apartó lo suficiente para continuar avanzando.
Caminó despacio, a la palpa. Su mirada se acostumbró pronto a la oscuridad. Su intuición, basada más en la experiencia que en un conocimiento innato, le condujo por sendas libres de mobiliario. La gamuza de sus babuchas le permitía deambular sin sobresaltos por aquel laberinto. El más pequeño roce o traspié podía dar al traste con toda la operación. Torció hacia la izquierda. Pasó su mano libre por el mueble que revestía la pared del fondo. Buscaba la señal pactada tácitamente durante tantos años. Unos minutos más tarde la encontró. Allí estaba el par de zapatos ordenadamente dispuesto y expectante.
De su saco extrajo con cuidado media docena de paquetes que apiló metódicamente. Primero los más grandes como base de sustentación; después los medianos; por último los más ligeros. Vacío el saco, buscó de nuevo el hueco de la ventana. Pero en lugar de volver por donde había venido siguió hacia delante. Cerca ya de la salida sus manos tropezaron con un objeto que no le resultó familiar. Las yemas de sus dedos describieron algo que parecía una cerradura. Después reconocieron una ruedecilla dentada y un pequeño picaporte. Mientras se afanaba en pensar qué diablos sería aquello, su cara golpeó con un trozo de madera. Era la parte trasera de un cuadro que tamborileó por el impacto. Después sus oídos percibieron un ruido singular: ¡clic!
El clic no vino solo. Al unísono se encendieron todas las lámparas. Sus pupilas se contrajeron. Incapaz de mover ni un solo músculo giró el cuello y, sorprendido, vio tras de sí a un sujeto trajeado en gris marengo. Estaba sentado sobre un sillón, con las piernas cruzadas. Le miraba ansioso y satisfecho a la vez. De sus labios brotaron unas palabras:
¾-¡Has caído en el garlito! ¡Ya eres nuestro!
Todavía medio abobado por el golpe, constató la presencia de otros tres individuos que, armados con sendas pistolas, le encañonaban con pulso firme, amenazando con abrasarle al menor descuido.

* * * * *
          Dos hombres conversaban animosamente mientras caminaban hacia las celdas.
-Nos ha costado lo nuestro, pero al final lo hemos atrapado - dijo el hombre del traje gris marengo.
-Ciertamente ha sido una trampa ingeniosa. Usted comprendió que la Noche de Reyes el ladrón no resistiría la tentación de las ventanas abiertas - le felicitaba el Comisario Jefe.
-Lo que nunca pude imaginar es que sería negro. En esta ciudad apenas hemos detenido delincuentes de color.
            Habían llegado. El carcelero les facilitó la entrada.
-Síganme, por favor, está en la treinta y tres.
            Al alcanzar el lugar señalado lo que vieron les dejó helados: la celda estaba desierta. Y sin embargo, las rejas permanecían intactas y la puerta cerrada. Repuestos de su estupor inicial, repararon en un paquete envuelto en papel de vivos colores y motivos navideños. Descansaba sobre un taburete de madera. Los tres se precipitaron sobre el objeto brillante. El Comisario Jefe desgarró el envoltorio con avidez, dejando al descubierto su contenido.
-¡Es... Es carbón! - gritaron los tres a la vez.

Herme Cerezo



lunes, 23 de abril de 2012

Más fotos del concurso Astoria&Friends

Jordi Adam con Fausto, ganador modalidad Friend
Jordi Adam y Herme Cerezo


Miembros del jurado, finalistas y ganadores


Herme Cerezo gana el Premio Concurso de Relatos Astoria&Friends, modalidad fan.

El gobernante de este blog, ex aequo con la escritora Carmen Redón, ha sido galardonado esta misma tarde con el I Premio del Concurso de Relatos Cortos Astoria&Friends, modalidad fan, con su cuento titulado 'La Suite Real'. Esta es la nota de prensa con el fallo del concurso, facilitada por el Departamento de Comunicación de la entidad organizadora:

Astoria&Friends falla los premios de su certamen literario en el Día Internacional del Libro


EL “CONCURSO DE RELATOS CORTOS A&F” YA TIENE GANADORES

Valencia, 23 de abril de 2012. El Club Astoria & Friends, creado por el Ayre Hotel Astoria Palace, ha hecho públicos hoy los ganadores del I Concurso de Relatos, un certamen cuyo objetivo es celebrar el Día del Libro y fomentar la creatividad literaria. En la categoría Friends, a la que podían presentarse todos los miembros del club Astoria & Friends, la obra ganadora ha sido “Hoy sabré algo” un trepidante relato de suspense firmado por Fausto Tortosa. Éste será editado y distribuido en todas las habitaciones de los hoteles Ayre. Además, el ganador disfrutará de una noche de hotel para dos personas en cualquier establecimiento de la cadena.

Mientras, en la categoría Fan, el Jurado ha decidido premiar dos obras inéditas "La paloma, el Astoria y otras historias" de Carmen Redón y "La Suite Real" obra de Herme Cerezo. Los ganadores de la modalidad Fan probarán el suculento Brunch del restaurante AB Vinatea y sus relatos van a ser editados y distribuidos en todas las habitaciones del Ayre Hotel Astoria Palace y en el Room Service Lounge Bar.

Fausto Tortosa, Jordi Adam, Juan Miguel Aguilera y Herme Cerezo
Junto a los finalistas, han participado de esta “comida literaria” las escritoras Mariola Cubells y Pilar Paredes; Salvador Soria, Director de Noticies de la Comunitat Valenciana y el periodista literario del programa Encontres Manel Gimeno. También los miembros del Jurado han felicitado personalmente a los finalistas y han podido intercambiar sus impresiones con los autores. El Jurado ha estado compuesto por Jordi Adam, director de Ayre Hotel Astoria Palace; el escritor Juan Miguel Aguilera, autor de La Zona; Xavi Sempere, socio y director creativo del estudio valenciano CuldeSac; la agente cultural Amparo Gracia y Susana Alfonso, editora de la revista Ateneaglam.