En
menos de veinticuatro horas se han marchado de este mundo dos personas a las
que, por motivos muy diferentes, quería. Ambos me habían enseñado muchas cosas.
La primera de ellas es un personaje popular, Michael Robinson. Este periodista,
futbolista primero, se ha ido esta misma mañana, después de pasar los dos
últimos años de su vida luchando contra un cáncer que no ha podido superar.
Hasta el comienzo de la crisis del covid-19 se mantuvo al pie de cañón, a pie
de cámara, micrófono en ristre, comentando los lances de todos los partidos que
le asignaban, haciéndonos las delicias con sus puntos de vista sobre el fútbol,
expresados con ese castellano suyo tan peculiar, tan tiznado de british
accent. Michael amaba este país, el fútbol, y también su tierra inglesa, su
familia, pero sobre todo amaba la vida. Y eso era lo que hacía únicos sus programas
y sus intervenciones: le gustaba disfrutar de la vida y nos la hacía disfrutar
a los demás. Su sonrisa era franca y contagiosa. Nunca pude entrevistarlo,
aunque lo intenté en una ocasión cuando vino a Mestalla a retransmitir uno de
tantos partidos suyos. No fue posible. Lo entendí. Yo colaboraba en un diario
modesto y ellos, me refiero al equipo de locutores, tenían el tiempo tasado, en
el que veinte minutos de conversación era una eternidad para un planning tan
ajustado. Me dio igual. Seguí, he seguido hasta última hora escuchando sus
palabras, incluidas las del último partido que retransmitió desde Anfield,
escenario entrañable. Las he disfrutado tanto como creo que él pretendía que lo
hiciéramos cada uno de los televidentes que, desde nuestros sillones, veíamos
el Partidazo o la Champions o su Informe Robinson. «You’ll never walk alone,
Michael»,
Blog de literatura, entrevistas, libros, cómics, balonmano, recuerdos y otras cosas.
«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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martes, 28 de abril de 2020
Michael Robinson & Salvador Sánchez Ruiz; Salvador Sánchez Ruiz & Michael Robinson
«Antiguamente
veías al muerto en su cama, en casa: aprendías que vida y muerte van de la mano. Ha habido una deriva urbanita,
antinatural, de ocultar la muerte», eso decía ayer Josep París, un
enfermero-cuidador de enfermos, en una entrevista que le había efectuado Víctor-M.
Amela para La Vanguardia. Y es cierto, nos hemos olvidado, porque así lo
queremos, de que existe la muerte, de que forma parte del oficio de vivir, de
que, como dice Josep París, «vida y muerte van de la mano». Estos días en los
que el covid-19 está causando el fallecimiento de tanta gente, qué pocas
imágenes de entierros y féretros hemos visto. Las cámaras de las televisiones,
como nuestros propios ojos, giran sus objetivos hacia otra parte. No importa
cuál. Distinta, amable, falsa. Tan solo al principio, cuando hubo problemas de
espacio y los cementerios amenazaban con saturarse de cadáveres, mostraron
algunas fosas. Continuamos dándole la espalda a la muerte, pero la Parca, ella
sola, se encarga de recordarnos que sigue ahí, que está presente. Deja su macabra
firma en cualquier minuto, en cualquier hora, en cualquier día… Su tinta no se
agota nunca.
miércoles, 2 de julio de 2014
SALTUV, 50 aniversario.
Hace ocho años publiqué el libro 'Tranvías, trolebuses y autobuses. La Empresa Municipal de Transportes de Valencia'. En su interior se hablaba de la empresa SALTUV, causa y origen de la actual EMT de la capital del Turia. En el cincuenta aniversario de su fundación y para la newsletter de la propia Empresa, se ha publicado el siguiente artículo escrito por mí. Lectura dirigida especialmente a iniciados y lectores curiosos.
1 de julio de 2014:
cincuenta aniversario del nacimiento de la empresa SALTUV, embrión de EMT
Valencia.
En 1959, la penosa situación que
atravesaba CTFV (Compañía de Tranvías y Ferrocarriles de Valencia), propició la
formación de una Comisión de Rescate, compuesta por empleados de la propia
compañía (Macario Bolado, Juan B. Roses, Joaquín Alcaraz y Ángel Motos). Dicha
Comisión realizó un estudio sobre la viabilidad del servicio de transporte que
presentó a Adolfo Rincón de Arellano, alcalde de la ciudad. Entre las
posibilidades planteadas, el primer edil escogió la de la explotación del
servicio por parte de los propios trabajadores. A partir de ese instante, los
hechos se suceden con gran rapidez. La Comisión de Rescate pasó a denominarse
Comisión de Expertos y contrató los servicios del catedrático madrileño Juan
Velarde Fuertes y del abogado valenciano Antonio Ivars para adecuar el proyecto
a la legalidad vigente. De este modo, los trabajadores, bajo la fórmula de
Sociedad Anónima Laboral, podrían optar a la licitación para la concesión del
servicio de transporte de la capital del Turia.
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