Giada Trebeschi afirma haber aprendido a hablar nuestro idioma en tan solo tres semanas, tras realizar un curso de inmersión intensiva en la lengua de Cervantes. Y les prometo que sabe hacerse entender con suficiencia. Notable alto. No contenta con ello, acaba de escribir una novela, ‘La Dama Roja’, editada por Bóveda, que ha aparecido publicada en España antes que en su país. ‘La Dama Roja’ nos cuenta que en 1933, durante la restauración de una villa de la aristocrática familia Olgiati no muy lejos de Roma, Letizia Cantarini y su equipo se tropiezan con unos restos humanos de mujer encadenados a una sala secreta. Pronto se verán acosados por los camisas negras – la Milicia Fascista – pendientes en todo momento del hallazgo. A partir de ahí comienza un viaje en busca de un enigma que ha permanecido oculto durante siglos.
Giada Trebeschi se muestra encantada por la traducción de ‘La Dama Roja’. “No hablo demasiado español, pero lo que he podido leer y entender me gusta mucho. Además mis amigos de aquí y de México coinciden en señalar que la traductora ha utilizado un lenguaje rápido, ágil y fácil de entender, como a mí me gusta”. La figura de esta mujer emparedada surge de un hallazgo inesperado. “Encontré las cartas del esqueleto y pensé que podría ser interesante novelar una historia de una mujer de la que solo se conservaban sus huesos y parte de su ropa interior de color rojo. Yo la bauticé como Dama Roja, aunque en el Museo de la Tortura de Roma, donde todavía se guardan los restos, la han llamado Dama Blanca porque su esqueleto es de ese color”. El hecho de que la ropa interior fuese roja tiene un significado social “ya que aquella mujer era cortesana y disponía de suficiente dinero para pagársela”. La novela mezcla ficción y realidad, secretos ocultos, amor y leyenda esotérica. “Trabajo siempre con documentos verdaderos, pero luego he de inventarme la trama y para hacerla verosímil he de citar lugares y calles que existieron realmente en el periodo del que hablo. Empleo mucho tiempo en documentarme”. La muerte de esta mujer fue ciertamente terrible. Morir emparedada no es plato de buen gusto, sino sinónimo de crueldad terrible. “Emparedaban a las mujeres a las que se acusaba de adulterio para que sufrieran más. Este castigo procedía de la antigua Roma, donde ya lo sufrían las vestales infieles a la divinidad. En el encierro de esta mujer, además, practicaron un pequeño agujero para que pudiera contar los días y las noches acentuando así la intensidad de la tortura”. 
