«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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sábado, 4 de octubre de 2014

Marta Fernández, periodista y escritora: “Me interesan esas novelas que proponen juegos, que tienen enigmas, referencias, huevos de Pascua escondidos…”

“Escribo con esto, mira, - dice, al tiempo que me enseña su portátil minúsculo y extraplano extraído de su bolso negro -, lo llevo siempre conmigo, a todas partes, igual que estos libros. Parezco la Biblioteca Nacional”. Quien habla es Marta Fernández (Madrid, 1973), periodista, presentadora de televisión, actualmente en Cuatro, y ahora autora de su primera novela, ‘Te regalaré el mundo’, editada por Espasa, la historia de un hombre que tendrá que inventarse un mundo para conjurar su dolor y de otro, que ofrecerá su dolor a cambio de inventar un mundo nuevo, en suma, las vidas de un padre huérfano y de un hijo perdido. Todo ello narrado en dos planos temporales, uno actual, que conocemos a través de la voz de Leo, y otro anterior, anclado en el siglo XVIII, cuyo protagonista es Héctor de Rossum. Marta, vestida de negro, sonrisa impecable y mirada despierta,  llegó a Valencia en el atardecer del primer viernes de octubre. Lo hizo en un Ave apresurado, con el tiempo justo para atender a los medios y regresar a Madrid esa misma noche. La promoción es así, destila minutos y palabras por donde puede.
¿Ser una persona popular, conocida en los medios de comunicación, perjudica o beneficia a la hora de publicar?
De entrada, sin duda, beneficia. Tenía la novela en la cabeza desde hacía muchos meses, estaba documentándome para escribirla y al mismo tiempo me preguntaba qué habría que hacer para publicarla una vez acabada: entregarla a alguien, enviarla a editoriales, inventarme un seudónimo… Tuve la suerte de que en una entrevista comenté que estaba escribiéndola, una persona de Espasa me vio, me llamó para interesarse por ella y todo vino rodado. Pero independientemente de esto, creo que un libro es una criatura que ha de tener su propia vida. Me gustaría que la gente se olvidase de quién es el autor y se centrara en el texto. Cuando yo leo, no me interesa en absoluto la vida de quien lo ha escrito, pero también es innegable que ser una persona conocida me ha ayudado mucho.