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| Foto cedida por Proa |
Nº 575.- Conocí la literatura
de Ramon Solsona por casualidad pura. Fue uno de esos rebotes de la curiosidad
humana. Ocurrió hace dos años, una tarde de invierno, saboreando un paseo. El
escaparate de una librería, Tres i quatre,
de la calle San Fernando de València, exhibía un surtido de buenos libros.
Generoso. Interesante. Diverso. La portada de uno de ellos atrajo mi atención:
un hombre y una mujer bailando en una cocina. Blanco y negro. No había música,
pero sonaba una melodía. Su título: ‘Allò que va pasar a Cardós’ (‘Todo lo que
sucedió en el valle’, en su versión castellana). Lo compré. No lo leí, lo
devoré. A partir de aquel momento, decidí seguir, dentro de lo posible, la
trayectoria literaria de su autor, Ramon Solsona (Barcelona, 1950). Otro de sus
títulos, ‘L’home de la maleta’ (‘El hombre de la maleta’), cayó en mis manos
después. Me gustó. Mucho. En 2019, ahora, es cuando termina de publicar ‘Disset
pianos’ (‘Diecisiete pianos’), editada por Proa, una novela que parte de un
encargo: «No malvendas los pianos», las últimas palabras que el restaurador
rumano Peter le dijo a la Mei, su pareja, una mujer que trabaja en una agencia
y que no sabe nada de pianos. Y de venderlos, menos. A partir de ahí, la
peripecia de la venta y las nuevas relaciones que la Mei establecerá con otras
personas constituyen la primera parte del libro. La segunda, que transcurre en
Bucarest, desvela un enigma vital: la cara B de Peter y su familia, al tiempo
que traza un retrato de la Rumanía de la postdictadura, del capitalismo, de las
cicatrices malcuradas. Son las cinco de la tarde cuando comienzo a conversar
con Ramon Solsona. Por teléfono. En catalán. La grabadora graba todos los
idiomas. Es la suerte que tenemos los que nacimos asomados al Mediterráneo y
hablamos más de una lengua. Es la suerte de compartir un territorio lingüístico
común. Es la suerte de poseer la capacidad para leer libros en su versión
original, sin doblajes.
Ramon, después de una
trayectoria tan larga y provechosa como la suya, ¿qué significa para usted
escribir?
Bueno, la respuesta a esta pregunta es muy sencilla: escribo
porque no lo puedo evitar. Se me presentan delante de mí una serie de temas y
no soy capaz de negarme a escribir sobre ellos, dedicándoles todo mi esfuerzo y
trabajo durante un tiempo.
¿Algo parecido a una
enfermedad?
Digamos que es un impulso irresistible.
¿Cómo surgió la idea para
escribir ‘Disset pianos’?
A diferencia de ocasiones anteriores, esta historia me la
encontré un poco hecha. Conocí a una mujer que había perdido a su pareja, que
había sido afinador y restaurador de pianos. De pronto, ella se vio inmersa en
el compromiso de vender diecisiete pianos. El piano es un instrumento muy
bonito, pero es un trasto que pesa entre doscientos y trescientos kilos y, si
no tienes ni idea de cómo hacerlo, la tarea resulta harto complicada. A partir
de este hecho real, aproveché otras cosas, también sucedidas en la realidad, y
comencé a escribir la novela, cuya segunda parte discurre en Bucarest y tiene
poco que ver con la primera.
