«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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jueves, 29 de mayo de 2014

Alfonso Mateo-Sagasta, escritor: “Tengo claro que no persigo educar. No quiero que mis lectores, cuando leen mis novelas, crean que saben algo del Siglo de Oro”

En la España del Siglo de Oro, codicia, corrupción, estafa y asesinato han invadido un reino gobernado por tres viudos y un fraile. Entre tanto hombre sin amor, apenas queda sitio para un hombre honrado. Una doble boda real y un azaroso viaje sirven de telón de fondo para esta aventura de caballeros despachados, damas enamoradas, aunque no bobas, y metales preciosos que unos y otras desean sobre todas las cosas. Con estos argumentos teje Alfonso Mateo-Sagasta su nueva novela, ‘El reino de los hombres sin amor’, editada por Grijalbo, tercera entrega protagonizada por Isidoro de Montemayor, sobre la cual conversamos durante unos minutos en Lotelito de Valencia, acompañados por el aroma del café de la primera hora de la tarde y por el rumor discontinuo de una música anónima como fondo.
Alfonso, fuiste arqueólogo y ahora escribes ficción,  ¿en qué territorio te sientes más cómodo?
Claramente en este, pero cuando era arqueólogo también escribía ficción porque la Historia tiene mucho de eso. Escribir Historia consiste en seleccionar e interpretar el material del que disponemos y también en rellenar lagunas, porque la Historia ha de explicar coherentemente el pasado y para ello se requiere mucha imaginación. Todo es acción-reacción y por eso cada generación revisa y ajusta la Historia a su gusto. En la ficción interpreto los datos como quiero, sin obligación de justificar mis motivos, y voy rompiendo y saltando la línea que separa ambos territorios. Pero esto no es nuevo ya que el primero que lo hizo fue el propio Cervantes.