«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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domingo, 24 de mayo de 2026

‘Dos mujeres desnudas’ del francés Luz

El historietista francés nos atrapa con una narración sin artificio. Valiente y honesta. Atrevida. Una obra maestra difícil de superar.

Pocas veces he tenido que tomar distancia y reprimir las ganas de escribir sobre un cómic tras su lectura. Esta es una de ellas. Leer ‘Dos mujeres desnudas’ del francés Luz, editado por Reservoir Books y traducido por Carlos Mayor Ortega, me supuso algo parecido a una bofetada. Una bofetada de belleza. Punto de vista y concepto. El tema escogido por el francés y, sobre todo, el modo en que lo narra, me dejó perplejo. Estupefacto. Maravillado. Precisaba de una pausa, una tregua, un periodo de calma para asimilar todo lo que terminaba de leer. Sentarse a escribir en ese momento hubiera servido de poco, apenas para amontonar un puñado de impresiones sin mucho concierto ni orden.

Las ocho o diez páginas iniciales ofrecen al lector una suerte de mancha, como si el papel sobre el que el dibujante trabaja se estuviera desgarrando o tiñendo. Poco a poco, estos desgarros, estos tintes, cobran forma y tenemos frente a nosotros, frente a los lectores, al pintor Otto Mueller, armado con su pincel que conforma el contorno y los detalles de un lienzo: el cuadro ‘Dos mujeres desnudas’ (1919), que dan título al álbum. Y a partir de ahí, todo cambia.

sábado, 8 de noviembre de 2025

‘Astérix en Lusitania’, la serie se conserva muchísimo más fresca que el pescado que vende Ordenalfabétix.

Fue mi amigo Rafa Valero el que a los once o doce años me mostró el primer álbum de Tintin
que leí, ‘El cangrejo de las pinzas de oro’. Un tiempo después fue otro amigo, Guillermo Camps, quien me hizo leer ‘Astérix legionario’, presentándome al pequeño héroe del bigote amarillo, siempre acompañado por su inseparable Obélix, junto con los demás locos de la aldea gala (nunca tuve claro del todo si los locos eran los romanos o los propios galos). Eran las dos series de moda en mi infancia y juventud, acompañados, claro está, por Mortadelo y Filemón. Esto de Astérix, más o menos, vino a coincidir con el tiempo en que estudiábamos el bachillerato, últimos años sesenta y primeros de los setenta. Por un lado, estaban los alumnos de ciencias, los de la física, la química y las matemáticas, y, por otro, los de letras, los del latín y el griego, que éramos nosotros, los «letreros», una especie ahora en riesgo de extinción. En un colegio religioso como el nuestro estaba mejor visto ser «letrero» que aprendiz de científico, químico o matemático. Si, además, te gustaba el básquet, miel sobre hojuelas. O eso me parecía a mí.

sábado, 11 de octubre de 2025

‘El nombre del padre’ de Vanessa Springora. A la búsqueda de unas raíces impostadas.

Al sostener entre mis manos la novela ‘El nombre del padre’ (Lumen) de Vanessa Springora
(Paris, 1972), resulta difícil que la memoria no vuele al pasado y se detenga, treinta y seis años atrás, sobre el recuerdo de la película ‘La caja de música’ del director Costa-Gavras, al que noventa y dos inviernos contemplan ya. En ambos casos, novela y película, la búsqueda de la verdadera identidad constituye el eje central de la narración. La película del director griego trata de rescatar el presunto pasado nazi del padre de la protagonista, interpretada por Jessica Lange. Por su parte, en ‘El nombre del padre’ Springora intenta revivir el pasado de su progenitor, Patrick, recién fallecido al inicio del texto, al que lleva más de nueve años sin ver, y de quien afirma en el Prólogo «Me resulta más fácil decírtelo ahora que estás muerto: siempre me pareciste un personaje intrigante». Inesperadamente, y aquí radica la diferencia con ‘La caja de música’, surge la figura de su abuelo paterno, otro presunto nazi. Springora viene de publicar ‘El consentimiento’, su primera novela, de la que vendió trescientos mil ejemplares durante el confinamiento,  en la que cuenta la relación que ella mantuvo, a los catorce años de edad, con el escritor francés Gabriel Matzneff, de cuarenta y siete. Esta es, por tanto, su segunda entrega, esa que dicen que es la más difícil, por aquello del miedo al folio en blanco, el peso de la responsabilidad y otras frases por el estilo. En su presentación en Espacio Telefónica, Vanessa Springora manifestó que trabaja con material delicado, íntimo, y que, tras escribir su anterior novela por necesidad, se propuso no publicar nada nuevo hasta que tuviera algo interesante que contar. En consecuencia y llegado el momento, seguir con asuntos autobiográficos le pareció algo natural, algo que brotó tras la muerte de su padre en pleno éxito de ‘El consentimiento’.

viernes, 27 de junio de 2025

‘El Cid. Vida y leyenda de un mercenario medieval’ de Norma Berend.

 

La Guerra Civil anda aún por sus albores. Franco gira una visita de inspección al palacio episcopal de Salamanca, edificio en el que piensa instalar su cuartel general. Le acompaña el obispo Enrique Pla y Deniel.  El general golpista se separa del grupo y se detiene ante un cuadro que cuelga sobre uno de los muros. Pla y Deniel se le aproxima y, mirando la pintura, le dice: «Nuestro Cid. Qué gran hombre  y no estos políticos de hoy del tres al cuarto». «Un caballero cristiano», responde Franco sin dejar de contemplar al «caballero cristiano», que se afana en escabechar moros en el fragor de una batalla. «Diga Usted que sí. Por eso fuimos imperio», remata el purpurado. Estas palabras del futuro dictador en la película ‘Mientras dure la guerra’ de Alejandro Amenábar, ejemplifican la imagen tradicional que ha acompañado a Rodrigo, o Ruy, Díaz de Vivar: «Un caballero cristiano». A los que ya peinamos más canas que pelos, la frase nos suena familiar. La estudiamos de pequeños, cuando utilizábamos la ‘Enciclopedia Álvarez’ de Tercer Grado, en cuya página 432 podemos leer: «Por su lealtad y grandes virtudes [se refiere al Cid] es considerado como modelo de caballero cristiano».

Y, de dónde arranca esta afirmación? Realmente El Cid era así? O era otra cosa? Norma Berend (Budapest, 1966), catedrática de Historia Europea en la Universidad de Cambridge, especialista en el medievo, acaba de publicar ‘El Cid. Vida y leyenda de un mercenario medieval’, editado por Crítica, donde aborda estas y otras cuestiones sobre el controvertido guerrero castellano.

lunes, 26 de mayo de 2025

‘Calle Londres 38. Dos casos de impunidad: Pinochet en Inglaterra y un nazi en la Patagonia’ de Philippe Sands. Una obra maestra.

La fotografía es del año 1983. Corresponde a la conmemoración del décimo aniversario del golpe de estado de Pinochet en Chile. Es la portada de ‘Calle Londres 38. Dos casos de impunidad: Pinochet en Inglaterra y un nazi en la Patagonia’, el nuevo libro del londinense Philippe Sands, publicado recién por Anagrama. En el rostro del general golpista, elegantemente vestido con un capote militar sobre uniforme de gala, rematado por una gorra de plato, se dibuja una sonrisa cruel, cínica. Tal vez feliz. Conmemoraba sus diez años al frente del poder en el país andino. Allende quedó atrás. Derrocado. Cadáver en el Palacio de la Moneda. En fin, dejémoslo en un gesto enigmático. Nunca podremos ya saber qué perversos pensamientos bullían en su cabeza cuando  dispararon la instantánea.  

Philippe Sands (Londres, 1960), abogado de la Corte Penal Internacional, centra su relato en dos historias paralelas que se entrecruzan: por un lado, la del proceso judicial, desencadenado por la denuncia contra Pinochet, interpuesta por el juez Garzón ante la justicia británica mientras el general chileno se encontraba en Londres, ciudad a la que había acudido para someterse a una cirugía; y por otro, la de un oficial de la Gestapo, el SS Obersturmbannführer, Walther Rauff, diseñador de las cámaras móviles de gas, presunto verdugo de un cuarto de millón de seres humanos durante el periodo nazi. Dejando a un lado la enorme repercusión internacional que alcanzó el procesamiento de Pinochet, en el que relevantes términos y criterios jurídicos se pusieron en juego, los puntos de enlace entre el dictador y Rauff los encontramos en Chile, puesto que el alemán dirigía una industria conservera, especializada en el enlatado de carne de centolla en la Patagonia, y, sobre todo, en el número 38 de la calle Londres de Santiago ─de ahí procede el título del libro─, antigua sede del Partido Socialista Chileno, rebautizada como Yucatán y reconvertida en centro de torturas y crímenes por la temida DINA (Dirección de la Inteligencia Nacional). Curioso es constatar aquí como nombres, casi olvidados, que aparecían constantemente en los telediarios de hace treinta años, como Robin Cook, Toni Blair, Jack Straw, el propio Baltasar Garzón o Margaret Thatcher, cobran nueva vida y rebrotan en nuestra memoria gracias a esta reconstrucción. A partir de aquí, Sands se maneja entre dos escenarios.

miércoles, 8 de mayo de 2024

Dos propuestas de lectura bien distintas

No es costumbre de quien esto suscribe reseñar a pares. Pero últimamente han llegado a mi poder dos libros, ambos editados por Alfaguara, cuya disparidad, me sugiere hacerlo así. Me refiero a ‘Las hermanas Jacobs’ de Benjamin Black y ‘Bartleby y yo’ de Guy Talese. Cuando el hastío de la lectura me conduce al aburrimiento ─ tres o más libros seguidos que cierro al rebasar las primeras cincuenta páginas, más o menos, sin que ninguno me satisfaga ─, siempre rebusco en mi herbario de autores de confianza. No son muchos, lo reconozco, los que lo integran: Simenon, Conan Doyle, Mateo Díez, Christie, Jaume Cabré, Auster y algunos más. Muy pocos. En ese aleatorio revoltijo de escritores suelo encontrar cosas que sé de antemano que no van a defraudarme. Y allí mismo, desde hace años, mora también Benjamin Black. Y va a seguir haciéndolo por mucho tiempo.

El escritor irlandés publicó a finales de 2024 ‘Las hermanas Jacobs’, su última novela hasta ahora. En ella nos cuenta la historia de Rosa Jacobs, una estudiante judía que ha aparecido muerta en el interior de su coche, gaseada al estilo de los hornos nazis. Todo apunta a un suicidio, pero ciertos detalles llevan a los investigadores, Quirke, el patólogo, y Strafford, el policía de la Garda dublinesa, a sospechar que no es así. Un cierto misterio envuelve esta muerte que ellos van a desentrañar.   

En ‘Las hermanas Jacobs’ nos tropezamos con un Quirke muy suyo, más encerrado en sí mismo, si cabe. Cada vez soporta peor a los demás. Convivir se ha convertido en un verdadero problema para él, a pesar de que parece haber disminuido, al menos relativamente, su consumo de alcohol. La reciente y trágica muerte de su esposa ha acentuado su hosquedad y las relaciones con su hija Phoebe tampoco atraviesan sus mejores momentos, si es que en alguna ocasión los hubo. Y con Strafford, un asiduo de la vida de Quirke, también pintan bastos. Diría, pues, que las cosas están peor que nunca. Una violencia soterrada, enmascarada por la «buena educación», impide que los hechos pasen a mayores. En resumen, que Quirke cada vez transita por el mundo con mayor desazón, soledad, individualismo e insociabilidad.

domingo, 21 de enero de 2024

‘Los asesinos de la luna. Petróleo, dinero, homicidio y la creación del FBI’ de David Grann

 

David Grann fue galardonado con el Premio Edgar Allan Poe Award al Best Fact Crime por este libro que, recientemente, ha sido llevado al cine por Martin Scorsese. 

A comienzos de los años veinte del pasado siglo, en Oklahoma vivía la comunidad india de los osage. Antes habían permanecido durante mucho tiempo en un amplio espacio situado en Kansas. Pero alguien intuyó posibilidades lucrativas en el terreno kanseño y los osage fueron desplazados a un lugar mucho más pequeño, inhóspito y árido, donde llevar una existencia normal parecía una proeza cuando no un imposible. Pero hete aquí, como en los cuentos, que debajo de aquel desierto poco amigable apareció petróleo. Uno de los mayores yacimientos de los EE.UU. además. Los prospectores interesados en la extracción hubieron de pagar arriendos a los legítimos propietarios de la tierra, esto es, los osage. Esos arriendos, al igual que el volumen de las extracciones petrolíferas, fueron creciendo. Y en poco tiempo, los indios se convirtieron en las personas con mayor renta per cápita del mundo. Cada trimestre recibían un jugoso cheque de miles de dólares que les convirtió en millonarios. Como tales desarrollaron un tren de vida propio de su nueva condición, que despertó la codicia del hombre blanco, que no podía ver a un osage manejando el volante de los automóviles más caros del momento y habitando mansiones de ensueño. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Y el hombre blanco, como si de una epidemia de viruela se tratase, comenzó a acorralarlos. Se les asignaron tutores que administrasen y limitasen sus gastos, es decir, su propio dinero. Pero como esto no parecía suficiente, mentes maquiavélicas decidieron que lo mejor era apoderarse de sus posesiones de manera absoluta. El camino para lograr su propósito solo era uno: el exterminio. Las formas, muchas.

miércoles, 6 de diciembre de 2023

‘Holly’ de Stephen King. Un thriller en toda regla.

Mi relación con la literatura de Stephen King (Maine, 1947) no había resultado demasiado fructífera
hasta hoy. Poco aficionado al género de terror, hace años le di una oportunidad a través de la lectura de ‘El retrato de Rose Madder’, que me dejó más bien frío. Nunca volví sobre sus obras. Pero quedó ahí como una deuda. Latente. No hace mucho me enteré de que King había publicado una novela de corte policíaco, no era la primera vez que lo hacía, titulada ‘Holly’, editada por Plaza&Janés, y me picó la curiosidad. ¿Cómo sería un thriller policial contado por el maestro del terror? Así que me sumergí en su lectura. Y la experiencia mereció la pena.

He leído por ahí que algunos críticos celebraban que King hubiera vuelto a escribir una novela policiaca. Lo cierto es que ignoro cómo han sido sus anteriores experiencias en este sentido y, en consecuencia, no puedo celebrar este regreso. Pero sí tengo claro que ‘Holly’ es una novela de género bien trazada y mejor trenzada. Si algo ha llamado mi atención a lo largo de su lectura, es comprobar que el escritor estadounidense, como si de un pintor se tratase, estructura la historia por capas. Primero, una imprimación donde asentar los cimientos de la narración y sus escenarios. Y después, una superposición de capas, colores y matices, hasta conseguir el efecto deseado, el cuadro final. El desenlace. King inocula la historia en el lector como una inyección de la que sólo se percibe el pinchazo inicial. El líquido, calmo y despacioso, penetra con lentitud, pero con seguridad, y va sentando su poso en nuestra mente.

jueves, 26 de octubre de 2023

'El problema final’ de Arturo Pérez-Reverte. Qué magnífico desenlace.

La reciente novela de Arturo Pérez-Reverte, ‘El problema final’, publicada por Alfaguara, significa una nueva incursión en el género policiaco por parte del escritor cartagenero. Digo nueva porque no es la primera. Ya lo hizo con anterioridad en ‘La tabla de Flandes’, ‘El asedio’, aunque con matices por el trasfondo histórico en que se enmarca, o en el mismo ‘El Club Dumas’.

Como ha comentado, e incluso puesto por escrito el propio autor en el suplemento cultural del diario ABC, ‘El problema final’ «no es una novela negra, dicho sea con todo el respeto para quienes las escriben, sino una novela problema como las de antes, sólo que de ahora». Pérez-Reverte ha intentado regresar al tiempo en que lo importante de las novelas policiacas era no sólo descubrir al autor o autora de los crímenes, sino también averiguar su modus operandi, utilizando el argot típico del género.  

La acción de la novela ubica a nueve personas en el hotel Auslander de la isla de Utakos, situada frente a Corfú. Incomunicadas por un infame temporal, ninguna de ellas puede entrar o salir de la isla. Irremediablemente, el planteamiento de la situación y el escenario remiten la imaginación del lector a los ‘Diez negritos’ de Agatha Christie. Y este punto de partida, el recuerdo de novelas policiacas inolvidables, será un denominador común del texto, trufado de citas, frases y referencias de Conan Doyle, la propia Christie, Ellery Queen o Thomas de Quincey, entre otros.

En Utakos pronto aparecerá la primera víctima, Edith Mander, una discreta turista inglesa,  lo que despertará la inquietud de los huéspedes del Auslander. Como no podía ser de otro modo, la policía, a causa del temporal, tampoco puede acercarse a la isla para efectuar las averiguaciones pertinentes. Entre las personas alojadas, figura un tal Hopalong Basil, de verdadero nombre Ormond, un remedo del actor Basil Rathbone, que, en su tiempo, alcanzó la fama por haber protagonizado quince películas encarnando al personaje de Sherlock Holmes. Ante la falta de recursos policiales, los huéspedes y la propia dueña del hotel encargarán la investigación del caso a Basil, aduciendo que de sus interpretaciones del célebre detective británico para el cine «algo se le habrá pegado». Para rematar la similitud con Holmes, dibujada con gesticulaciones y palabros, Basil no fuma en pipa, pero sí consume unos puritos pequeños, que guarda en una lata, muy propia de los años sesenta en que transcurre la historia. Este sencillo recurso, convierte el consumo de estos puritos en un rito sagrado, irreemplazable, esperado y deseado a lo largo de la narración.

domingo, 13 de noviembre de 2022

‘La raíz del mal’ de Håkan Nesser

Una de las cosas que me hizo acercarme a ‘La raíz del mal’ de Håkan Nesser (1950), novela recientemente publicada por Destino, fue la innegable armonía que guardaba su portada con la de ‘La noche más oscura’, su anterior entrega, aparecida en nuestro país durante el pasado año. Me parece buena idea que las portadas tengan su propia línea argumental. Son el sello distintivo de un autor. A simple vista, el aficionado al género negro identifica a qué escritor pertenece uno u otro libro y, al acercarse para (h)ojearlo, con hache y sin hache, sabe qué es lo que puede encontrar en su interior. Aunque nunca se pueda tener la certeza absoluta al respecto. Por supuesto.

‘La raíz del mal’ es novela del año 2007, pero se edita en castellano por primera vez en 2022. Pertenece a la serie protagonizada por  Gunnar Barbarotti, un inspector de origen ítalo-sueco, que forma parte de la plantilla policial de la ficticia localidad de Kymlinge, nombre inspirado en el de una estación abandonada del metro de Estocolmo. Barbarotti se muestra, por momentos, algo cansado de su profesión y  detesta las reuniones de trabajo. Divorciado y padre de tres hijos, sostiene una peculiar relación con Dios, un ser «postrado en su trono de nubes de algodón», al que pide favores a cambio de unos puntos, acumulados en una suerte de clasificación, virtual e imaginaria, que él construye en función de la respuesta divina que recibe. Ello no quiere decir, en absoluto, que el inspector sueco sea un creyente tradicional, adicto a templos y  oraciones. Todo lo contrario. Barbarotti recurre a ese peculiar Dios, que se ha inventado, en momentos claves de su vida familiar y profesional, en esas encrucijadas de la vida ante las que no sabe muy bien por dónde tirar. Le secunda en la historia, con habilidad nada exenta de gracia, la inspectora Eva Backman. Backman aporta al juego narrativo un perfil investigador relevante y una indispensable ironía, que proporciona al lector más de un motivo para sonreír. Hay un humor muy sutil establecido entre ambos.

viernes, 27 de noviembre de 2020

'Un tributo a la tierra’ de Joe Sacco


En 2010 Canadá creó la llamada Comisión de la Verdad y la Reconciliación. A primera vista, este nombre denota preocupación por conocer ciertos hechos, desconocidos o quizá falseados, y por recomponer y restañar heridas. Ahora bien, ¿por qué la administración canadiense se vio en la obligación de constituir esta Comisión?

Joe Sacco, un estadounidense nacido en Malta en 1960, autor de cómics que a estas alturas no necesita ningún tipo de preámbulo, acaba de publicar ‘Un tributo a la tierra’ (Reservoir Books-Penguin Random House), su trabajo sobre el genocidio sufrido por los indios dene, a causa de la explotación de su territorio por empresas petrolíferas y las repercusiones que ello ha tenido – y tiene – en su cultura y modo de vida. Sacco es toda una referencia en el cómic periodístico universal, un género de costoso cultivo porque requiere un gran despliegue de recursos técnicos. Sus obras anteriores  (‘Gorazde’, ‘Palestina’ o ‘Notas al pie de Gaza’) fueron una buena prueba de ello y ‘Un tributo a la tierra’ también lo es.

La narración se plantea como un viaje que el propio Sacco realiza junto con Shauna Morgan, su guía, subidos a un todoterreno del que sus propios amigos dudan de que sea capaz de permitirles su llegada al Noroeste de Canadá, un territorio en el que los propios ríos, helados, permiten avanzar como si de una carretera se tratase durante el duro invierno. La estructura gráfica que utiliza el autor maltés (Malta siempre tiene resonancias importantes en el mundo del cómic, baste recordar a Corto Maltés, el singular marino de Hugo Pratt), es la de páginas unitarias, sin márgenes, en las que el concepto de viñeta tradicional queda superado. La presencia de recuadros en la obra se limita a primeros planos de las personas que Sacco entrevista. El dibujo es marcadamente realista, en blanco y negro, minucioso, si exceptuamos los «cameos» del propio dibujante, cuyo rostro aparece caricaturizado, en claro contraste con el del resto de personajes que desfilan por las doscientas ochenta páginas del cómic. El resultado final es el de un extenso reportaje televisivo o un documental, salpicado por las voces de los entrevistados y la del propio narrador. Hay mucho de transmisión oral y de experiencia vivida in situ en ‘Un tributo a la tierra’.

lunes, 22 de junio de 2020

‘Fe y castigo. Inquisiciones y consistorios calvinistas en el mundo moderno’ por Charles H. Parker y Gretchen Starr-Le Beau (eds).


Además de al prometido Juicio Final, inevitable, en la Edad Moderna los cristianos fueron encausados y castigados por los tribunales eclesiásticos, con acusaciones por supuestas creencias heréticas o transgresiones morales. Todo obedeció a intensas campañas encaminadas a conseguir una mayor autenticidad de la vida cristiana, conforme con los dictados de la Biblia, tanto por parte de la Iglesia católica como de la protestante, y al mantenimiento de una preocupación por la existencia de idólatras, herejes y judíos. La consolidación por las fronteras eclesiásticas llevo a poner un mayor énfasis en la disciplina en ambos territorios, católicos y protestantes. La utilización de la confesión y la penitencia como métodos válidos para obtener la reconciliación y el consuelo constituyeron la marca distintiva del cristianismo en la Edad Moderna. Los organismos encargados de velar por sus respectivas ortodoxias fueron la Inquisición católica y los consistorios protestantes reformados (calvinistas). Precisamente de estas instituciones, de su estudio comparativo, es de lo que se ocupa el volumen editado por Cátedra, titulado ‘Fe y castigo. Inquisiciones y consistorios calvinistas en el mundo moderno’, de Charles H. Parker y Gretchen Starr-Lebeau (*eds).

En la década de 1970 numerosos investigadores revolucionaron los estudios sobre la Inquisición. Son sobradamente conocidos los trabajos realizados sobre las inquisiciones portuguesa, española e italiana. Es curioso observar cómo los historiadores de la Inquisición y de los consistorios protestantes han seguido caminos paralelos en sus quehaceres, sin que apenas hayan existido colaboraciones en común. Entre 1970-1980 los trabajos se centraron en un análisis estadístico de la información que proporcionaban los documentos de los tribunales. La cuantificación de los casos, que han llegado a nuestros días, también contribuyó a un mejor conocimiento de los consistorios calvinistas. Y en los últimos años, se han añadido nuevas opciones a la documentación de los tribunales, a través de la utilización de fondos documentales procedentes de archivos eclesiásticos y también municipales.  A pesar de todo ello, las diferencias lingüísticas y alineamientos nacionalistas han impedido obtener perspectivas integrales, transregionales e interdenominacionales.

domingo, 24 de noviembre de 2019

‘Forges inédito’ (editorial Espasa): Un trozo de historia gráfica española recuperado.


Recuerdo perfectamente haber leído a y reído con Forges, desde bien pequeño. Sin duda, desde mis 12 o 13 años por lo menos. Tengo muy presentes sus chistes, sobre todo los que publicaba en la revista Hermano Lobo y, más tarde, en Por favor. Sin olvidar sus anuncios televisivos, nocturnos, blanco y negro, del brandy Fabuloso. La aparición del humorista madrileño significó una manera distinta de hacer reír a la gente durante los últimos años de la dictadura. Más de un chiste suyo fue censurado y retirado, especialmente cuando trabajaba para la citada Hermano Lobo, que cada semana incluía una viñeta en la que se podía leer: «¿Cuándo se acabará la censura cinematográfica? El año que viene, si Dios quiere». Era el lobo, la mascota de la revista, quien con sonrisa irónica respondía sistemáticamente esta pregunta. «Nefecto», pues, fue en ese semanario donde trabé el conocimiento de Forges. Mayormente, aunque no solo. Sin embargo, su primera eclosión se produjo en 1972, cuando publicó un volumen recopilatorio titulado ‘El libro de Forges’, en formato apaisado y entintado con colores azul, blanco y negro. Fue probablemente en ese instante, cuando comprendí que las narices de sus inolvidables protagonistas, sus bocadillos y sus adverbios, sus hombres y mujeres del campo, sus parejas, sus paseantes, formarían parte para siempre de la iconografía referencial de mi vida. Y es ahora, justo cuarenta y siete años después, cuando aparece un volumen póstumo de Forges, que lleva por título ‘Forges inédito’, publicado por Espasa.

Forges, alias Antonio Fraguas de Pablo, nacido en Madrid en 1942 y fallecido el 22 de febrero de 2018 en esta misma ciudad, comenzó a trabajar en TVE hasta que un buen día decidió dar el salto y recorrer el camino del dibujo, de la ilustración y del humor. Una senda intrincada, difícil y también incierta. Colaborando en múltiples publicaciones, no solo humorísticas, sino también de información general y de los llamados «ecos de sociedad», trazó una trayectoria sobresaliente como hacedor de chistes. Es indudable que el respaldo definitivo a su carrera, que ya era muy importante, sucedió a partir del momento en que el periódico El País le encargó la publicación de un chiste diario en el año 1995, algo que ya venía haciendo en Diario 16 y El Mundo hasta entonces. Y así se mantendría hasta el momento de su fallecimiento, acaecido en 2018.

sábado, 12 de octubre de 2019

‘Las guerras civiles españolas. Una historia comparada de la Primera Guerra Carlista y el conflicto de 1936-1939’ de Mark Lawrence


Que la Guerra Civil Española resulta un tema apasionante es una verdad tan grande que se cae por su propio peso y no hace falta insistir en ella. Ahora bien, desde que concluyó el 1 de abril de 1939 han sido legión los historiadores, extranjeros y españoles, que le han dedicado trabajos monográficos, tanto con historias generales como fragmentarias. A medida que avanzan los años, se escribe más sobre ella y es seguro que seguirá escribiéndose durante mucho tiempo. Desde el que podemos considerar primer gran clásico del tema, The Spanish Civil War, publicada por Hugh Thomas en 1961 y revisada en varias ocasiones, hasta hoy, los historiadores se han centrado en un conflicto enormemente atractivo para el investigador, el estudioso y el lector en general. Las nuevas aportaciones documentales, descubiertas en archivos civiles y militares, a medida que ha sido posible acceder a ellos con mayor libertad, y en algunos también los testimonios orales- o escritos – de los pocos supervivientes que puedan quedar a fecha de hoy, han constituido los pilares básicos que han posibilitado la proliferación de estas publicaciones.

Ahora y dentro de esta proliferación, el profesor de Historia de la Universidad de Kent, Mark Lawrence (Worcester, Reino Unido, 1978), acaba de publicar en Alianza editorial un volumen de largo título: ‘Las Guerras Civiles Españolas. Una historia comparada de la Primera Guerra Carlista y el conflicto de 1936-1939’. Precisamente, en el subtítulo de la obra radica qué la diferencia de otros textos preexistentes sobre este mismo asunto. Sí, porque el profesor Lawrence apuesta por la llamada historia comparada para analizar las dos guerras, las más cruentas en la historia de España según su trabajo. El padre de la historia comparada, «por derecho propio» en palabras del británico, fue Marc Bloch, fundador junto con Lucien Febvre de la francesa École des Annales, que murió asesinado por la Gestapo en 1944.

domingo, 7 de abril de 2019

‘¿Quién quiso la guerra civil? Historia de una conspiración’ de Ángel Viñas. Los movimientos clandestinos de la conjura que precedió a la guerra civil.

Ángel Viñas (Madrid, 1941), el historiador de la pajarita, es uno de esos investigadores, hay más, afortunadamente, que no pretende reinventar la Historia, pero que sí quiere ampliar suficientemente el horizonte, a través de la localización de documentos inéditos, que permitan disponer de una imagen mucho más nítida, y precisa, de cómo sucedió todo. «No siento ningún remordimiento en desautorizar a los charlatanes e incluso a los historiadores que se han dejado llevar por posturas apriorísticas, cuando no ideológicas. Siempre habrá autores inasequibles al desaliento en defensa de sus, a veces, absurdas posiciones e incluso a las pruebas documentales más contundentes, pero que chocan con sus preconcepciones y trayectorias. Tales autores creen estar en posesión de la verdad y con la verdad, evidentemente, no se juega», afirma Viñas.

miércoles, 13 de marzo de 2019

‘Carlos V. Una nueva vida del emperador’ de Geoffrey Parker. Monumental biografía.


A lo largo del tiempo, la escuela historiográfica británica ha producido una serie de hispanistas de gran nivel. Raymond Carr, Paul Preston, Hugh Thomas, John Elliott, Henry Kamen o Geoffrey Parker son una muestra de ello. Precisamente Geoffrey Parker (Nottingham, Reino Unido, 1943), reconocido especialista en los siglos XVI y XVII, alumno aventajado de Elliot (durante mi etapa universitaria Elliott era autor de obligada lectura y consulta), con más de treinta títulos en su haber, acaba de poner a la venta en las librerías su hasta ahora último trabajo: ‘Carlos V. Una nueva vida del emperador’, publicada por Planeta. Los libros de Parker se han erigido en obras de referencia, indispensables para cualquier ser humano que se acerque a un periodo histórico tan interesante como la Edad Moderna que, no lo olviden, comprende desde Colón y su descubrimiento, hasta la revolución francesa y sus guillotinados. Centradas varias de sus publicaciones (‘La gran estrategia de Felipe II’, ‘Felipe II; la biografía definitiva’ o ‘El rey imprudente, la biografía esencial de Felipe II’) en la figura del monarca español Felipe II, es ahora, en 2019, cuando ha visto la luz una monumental biografía, en el que aborda la figura de su padre, Carlos V. Las novecientas noventa páginas que componen el volumen, incluido, un índice onomástico y una copiosa bibliografía (cincuenta y nueve páginas), están divididas en cuatro partes (El joven Carlos; Juego de tronos; «Soberano desde donde sale el sol hasta el ocaso»; y Caída) y unos Apéndices.

jueves, 7 de marzo de 2019

‘Los lobos de Praga’ de Benjamin Black. Paisaje, conspiración, intriga, asesinatos… Eso y mucho más.


Quizá frío sea la palabra más adecuada para describir Praga, donde los copos de nieve susurran tras los cristales, las calles lucen blancas y grises y azuladas y las chimeneas devoran, uno tras otro, interminables troncos para combatir ese frío tan intenso. Praga es también una ciudad «llamativa, siniestra y deforme», descripción que cuadra a la perfección con el enano Jeppe Schenkel, uno de los personajes secundarios, e importantes, de la nueva novela de Benjamin Black, que lleva por título ‘Los lobos de Praga’,  publicada por Alfaguara en España. Schenkel ya apareció en otra novela suya, aunque firmada como John Banville, en 1981 y que giraba en torno  al astrónomo Johannes Kepler.

Quizá miedo, otra palabra, sea la que mejor pueda definir al protagonista de la novela, el joven Christian Stern, hijo bastardo del príncipe-obispo de Ratisbona, alquimista, erudito y ambicioso que llega a la capital checa durante el invierno de 1599. Stern, que recibirá el encargo de investigar el asesinato de una joven degollada, con cuyo cadáver tropezará él mismo en la nieve, es también un investigador torpe, poco imaginativo, al que los acontecimientos desbordan en principio. En Praga reina Rodolfo II de Habsburgo, Archiduque de Austria, rey de Hungría y de Bohemia y Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, un soberano extraño, caprichoso, nigromante, amante de la alquimia y de las artes ocultas, rodeado por una corte especialmente tenebrosa de cuyos principales cortesanos desconfía el propio Rodolfo.

La novela pretende pertenecer al género negro, pero quien esto suscribe no tiene tan clara su pertenencia. Hay un primer asesinato, y un segundo, y un tercero y una persona encargada de averiguar quién es el asesino, o sea, un detective o un agente que se mueve por palacios, casas y calles a finales del siglo XVI. Sí, todo eso es cierto, pero no creo que la investigación y solución del problema sea el primer objetivo de Benjamin Black/John Banville. ‘Los lobos de Praga’ tiene otros valores más destacados, sin ir más lejos la presencia de una extraordinaria gavilla de personajes que, como dice el propio Black en su Nota del autor, se nutre de seres reales, Rodolfo II, John Dee o Edward Kelley; inventados, Christian Stern, Jeppe Schenkel, Felix Wenzel, Magdalena Kroll, Jan Madek, sir Kaspar, el paje Norbert o la dulce Serafina; e hibridados, es decir, inspirados en seres reales que vivieron aquellos momentos, como el nuncio Malaspina, Philipp Lang, Caterina Sardo o don Giulio, pero moldeados según los intereses de la acción. Son algunas libertades que se ha tomado el irlandés a la hora de construir su ficción checa. 

martes, 19 de febrero de 2019

‘Pío XII y el Tercer Reich’ de Saul Friedländer. Un clásico recuperado. Ed. Península


De pequeño tuve sobre la mesilla de noche una suerte de capilla de plástico, con puertas abatibles y color malva, en cuyo interior figuraba la imagen de S.S. Pío XII para que velase mis sueños. La había comprado mi padre en su viaje a Roma, donde actuó con la Orquesta de Cámara Ferroviaria de València ante el propio papa en su residencia de Castengandolfo. Su aspecto, verdaderamente serio, de alguna manera me intimidaba así que, la mayoría del tiempo, lo cerraba para no ver su rostro. En mi cabeza de entonces bullía la contradicción del porqué un hombre santo tenía aquel rictus tan ¿tétrico? Quizá fue en aquellos años cuando me prometí a mi mismo que algún día averiguaría cosas sobre él.

Durante mucho tiempo esta promesa vivió en el olvido, hasta que me lo tropecé en la película ‘Amén’, del director franco-griego Constantinos Costa-Gavras, donde su nombre no se cita textualmente pero, por la imaginería con la que el cineasta reviste su figura y la severidad de sus gestos, además de por la época en que se encuadra el film, la II Guerra Mundial, sabemos que se trata de él. En movimiento, en la ficción política del cineasta franco-griego observé el mismo tono sombrío que desprendía la fotografía de mi capilla de niño.

domingo, 15 de julio de 2018

‘El asesino tímido’ de Clara Usón. Autobiografía parcial con disfraz de novela


En su novela, ‘Valor’ (2016), Clara Usón abordaba una estructura basada en tres historias: la de una directora de sucursal de una caja levantina; la de Fermín Galán, un joven militar; y la de un sacerdote fanático del campo de concentración de Jasenovac. Si nos remontamos un poco más atrás, en ‘La hija del este’ (2012) trataba una situación real, la relación entre Mladic, uno de los generales más sangrientos de los Balcanes, y su hija. Ambas obras tenían en común que trataban sobre el mundo de la familia y las relaciones familiares. En una entrevista que mantuve con la propia escritora tras la publicación de ‘Valor’, comentó que «una buena parte de casi toda la literatura está construida en torno a las relaciones familiares, que constituyen un maná literario inagotable en el que se muestran las grandes contradicciones del ser humano». Hoy, en 2018, en su reciente entrega ‘El asesino tímido’, editada por Seix Barral, la escritora barcelonesa aprovecha la oportunidad para incidir en este mismo territorio y, valiéndose de la historia real de una actriz de destape de los últimos años del franquismo, Sandra Mozarovsky, supuestamente relacionada con las más altas esferas en la España de la Transición, nos cuenta su entorno familiar, especialmente centrado en la difícil relación que sostuvo con su madre y también con su padre, si bien, con este último su enconamiento se manifestó a través de su pertinaz pugna por demostrar que una mujer podía dedicarse perfectamente a cualquier profesión, en su caso la abogacía, oficio en el que se desempeñó durante quince años simplemente por este motivo. Estamos por tanto, ante una autobiografía novelada.

La vida de Sandra Mozarovsky se presenta en ‘El asesino tímido’ como una trama policial irresoluble, un caso oscuro. A los dieciocho años la actriz nacida en Tánger, hija de padre ruso y madre española, ya llevaba a cuestas un buen puñado de películas de las catalogadas como de destape, algo que la desmoralizaba porque siempre le asignaban este tipo de papeles. Corrían los años en los que los españoles peregrinaban a Francia, pero no a Lourdes sino a Perpignan, para ver películas eróticas. En su intento por reconstruir la trayectoria de la artista, Usón recurrirá a revistas de la época (Diez Minutos, Pronto y alguna más), a búsquedas por Internet y al visionado de sus películas Con todo ello tratará de responder, o no, las preguntas que ella misma se va formulando a medida que avanza en su labor de desbroce. La muerte de Mozarovski, acaecida en Madrid, anduvo rodeada de incertidumbre y misterio, ya que en plena madrugada cayó a la calle desde un balcón, mientras regaba las plantas. Esto es lo que dice la versión oficial, de la que Clara Usón recela con fundamento y se pregunta si se deslizó ella sola al vacío o si la ayudaron a ello.

sábado, 25 de noviembre de 2017

‘Cuentos victorianos de Navidad’, un recorrido interesante por la literatura inglesa del siglo XIX

Durante los últimos setenta años del siglo XIX, Inglaterra vivió lo que conocemos como el periodo victoriano, un tiempo marcado por los cambios políticos y sociales, que la revolución industrial acarreó en la sociedad inglesa. Durante estos siete decenios, se advirtió una cierta bonanza económica, que condujo a la comercialización de la Navidad. La gente disponía de un poco más de dinero para gastar y la estructura capitalista se las ingenió para fomentar un consumo más acentuado en esas fechas. La literatura supo adaptarse a este acontecer de tal manera que editoriales y  revistas lanzaron ediciones especiales para conmemorar el advenimiento navideño, a precios más asequibles para las faltriqueras domésticas. De paso, satisfacían la admirable costumbre de las familias victorianas de reunirse cada noche en torno al fuego del hogar y leer en voz alta relatos de toda índole, ya que las lecturas escogidas abarcaban una temática bien variada, que oscilaba entre escritos puramente religiosos y relatos de misterio y terror, géneros estos últimos a los que eran muy aficionados los ingleses de entonces. Por este motivo, los textos reunidos en ‘Cuentos victorianos de Navidad’ por el recopilador Miguel Ángel Pérez Pérez, editados por Alianza, tienen sólo en común el hecho de que transcurren durante la Navidad, aunque también y precisamente por ello, son aptos para ser leídos en cualquier otra época del año.