«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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martes, 8 de septiembre de 2026

José Ignacio Carnero: «Los protagonistas de la novela vivieron un momento de heroísmo crepuscular que, lógicamente, acabó mal. Como una película de Sergio Leone»

 

copyright@hermezo2026
Nº 723. Una dictadura es un sistema de gobierno en el que lo que no está prohibido es obligatorio, según decía Jardiel Poncela. Durante varias décadas, en la Península Ibérica hubo dos simultáneamente: la de Salazar en Portugal y la de Franco en España. Dos viejos dictadores a los que resultaba muy difícil desalojar de la poltrona. Policía política, torturas, detenciones, corrupción, asesinatos bajo cuerda, represión en suma. Sin embargo, un viejo militar portugués, Galvão, curtido en las guerras africanas, se metió entre ceja y ceja la idea de derribar a los dos dictadores. Nada más!!! Y nada menos!!! Para ello contó con Velo, un tipo comprometido políticamente, y Sotomayor, un resistente republicano, junto con otros veinticuatro hombres, doce portugueses y doce españoles, que, como primer paso, debían secuestrar un crucero, el Santa María, para derrocar ambas dictaduras. Y a ello se dedicaron en cuerpo y alma, provistos de un armamento exiguo y ridículo, increíble. Falso incluso. Lo único que pudieron permitirse con sus escasos medios económicos disponibles. De esto, y de sus consecuencias, trata ‘Los fabuladores’ (Random House), la nueva novela del escritor José Ignacio Carnero, con el que pude charlar en La Crepe&Co, de la Gran Vía Ramón y Cajal de València, un poco antes de que comenzase su presentación en la librería Bangarang. Era la hora de la merienda y el local bullía de parroquianas y parroquianos, murmullo de platos, ruido de voces, refrescos, bollos y otra repostería. Todo ello, además de nuestra conversación, fue registrado por la grabadora, que siempre me acompaña en estos menesteres. Afortunadamente, el calor no fue grabado. Permaneció fuera del establecimiento. En la calle.

José Ignacio, qué significa la escritura para ti?

Es algo muy repetido ya, no?, pero creo que es la mejor forma de pensar que tengo. Soy un escritor por escrito, no soy un escritor oral. Mi pensamiento se articula siempre en el papel, porque hay gente que habla muy bien y luego les lees y dices joder, ya podrías escribir tan bien como hablas!

domingo, 12 de julio de 2026

María Oruña: «He inventado una historia con ladrón de guante blanco, vinculada con el mundo del arte»

copyright@hermezo2026
 Nº 722. Junio. Martes. Calor. María Oruña llegó a Valencia después de una intensa gira por
Latinoamerica. La escritora gallega recorre ahora la península ibérica con ‘La Cámara de las Maravillas’, su nueva novela, publicada por Plaza & Janés, una incursión elegante y enigmática en el universo del arte, sus secretos, sus imposturas y sus zonas de sombra. La trama se abre en el majestuoso Palacio Dorado, en pleno centro de Madrid, donde se inaugura
Pentimento, un museo de reproducciones icónicas de grandes obras maestras, recreando, además, el contexto donde se colgaron por primera vez. Amanda Mendoza, anfitriona de la velada, mantiene bajo vigilancia a Dimas Chevalier, un ladrón de guante blanco famoso en toda Europa, recién salido de prisión y, según él mismo sostiene, rehabilitado. Mientras tanto, en otra estancia del Palacio, alguien asalta la Cámara de las Maravillas, un recinto privilegiado, donde la familia Mendoza custodia sus tesoros más preciados. El intruso, sin motivo aparente, cae fulminado durante la huida. Chevalier, señalado de forma indirecta por el robo, se verá obligado a intervenir para aclarar lo ocurrido. Claro que también lo hará la policía, a través de Mencía Rivera y Marc Bru, este último miembro de la Brigada de Patrimonio Histórico, en un caso tan extraño como sofisticado. María Oruña me recibió en la cafetería del Hotel SH Colón de la capital del Turia, un espacio de distribución sorprendente para quien lo visita por primera vez. Era mi caso. Antes de conectar la grabadora le pregunto por Gordon, su perro, ya célebre entre los seguidores de la autora en redes sociales. «Está muy crecidito: tiene más likes que yo promocionando mi novela, y eso no puede ser. Voy a tener que hablar seriamente con él», bromea entre risas. Fuera, la ciudad avanza hacia el mediodía. Dentro, hay mucha luz, silencio, dos botellas de agua fresca sobre la mesa y el piloto rojo de la grabadora encendido. Impaciente. Comenzamos.

María, qué significa escribir para ti?

Es una catarsis. Supone un momento de absoluta evasión: el mundo exterior desaparece, los problemas dejan de existir y entro por completo en ese universo que he creado. Es, en cierto modo, un espacio de descanso.

lunes, 29 de junio de 2026

Margaryta Yakovenko: «Mientras escribía ‘Ocupaciòn’, me he despedido de mi abuelo»

copyright@JacoboMedrano
Nº 721. Penúltimo martes de junio. El tráfico de la avenida discurre aburrido, con pesar, como
derrotado por el calor. Las siete de la tarde es una buena hora para conversar con Margaryta Yakovenko, nacida en Tokmak (Ucrania) y afincada en Madrid. Sin sofocos. Redactora, editora, periodista y ahora también escritora. Acaba de publicar ‘Ocupación’, editada por Seix Barral, su segunda novela, la primera fue ‘Desencajada’ (2020), en la que cuenta la muerte de su abuelo en la misma ciudad donde ella nació y vivió, ocupada desde el año 2022 por el ejército ruso. Con
 recuerdos, biografía, material familiar y apuntes históricos, mezclados con habilidad, belleza y oficio, Margaryta Yakovenco describe un breve pero complejo mundo, donde se agrupan un ajuste de cuentas, que sabe a desahogo, contra lo que nunca podrá ser reparado. Un golpe sobre la mesa, un no resignarse ante la injusticia. Una ficción para llegar donde no alcanza la memoria. La historia arranca con su bisabuelo, a comienzos del siglo XX, bajo el Imperio ruso; prosigue con su abuelo en la Ucrania soviética; y termina en España, donde la escritora ucraniana se enfrenta a la cruda realidad de un «exilio» no buscado. La grabadora registró las palabras de Margaryta, con calma, pronunciadas con un impecable acento castellano. Sin vestigios eslavos. Lo hizo tras avisarme de su disponibilidad mediante el piloto rojo encendido. Cuarenta grados en Madrid. Treinta y muchos en València. Hablamos.

Margaryta, se nos ha olvidado que, no tan lejos de aquí, en Europa, hay una guerra en marcha desde hace cuatro años? ‘Ocupación’ es un toque de atención para los occidentales?

Mi intención no es echarle la bronca a nadie, pero sí que noto que, más que olvidar, hemos normalizado que hay una guerra en Europa, a pocos kilómetros de nuestra casa. Al final es comprensible, porque no puedes mantener la atención continuamente sobre un conflicto que ya dura cuatro años. Estamos ante una situación muy dura y traumática. Por otro lado, tras la llegada de los primeros refugiados ucranianos, mantenemos menos contacto con ellos, porque muchos  han regresado. El resto de los conflictos, que se han ido desatando desde entonces, junto con el hecho de que ahora Ucrania recibe menos ayuda internacional, sobre todo por parte de Estados Unidos, también la alejan del foco de la noticia.

jueves, 18 de junio de 2026

Benjamín Prado: «La cultura es un viaje hacia atrás, aprender de lo ocurrido sin descubrir mediterráneos»

copyrigh@JuanTomás
El escritor madrileño acaba de publicar ‘Qué estoy haciendo aquí,’ su libro de
memorias, donde recoge sus vivencias con escritores y artistas, desde la Generación del 27 hasta nuestros días.

Nº 720. Primer viernes de junio. Tres cuartos para las once. Calorcito. Soportable. Afortunadamente, ningún camión de bomberos, coche de policía o ambulancia pasa por la avenida haciendo sonar sus sirenas. Como acostumbran hacer con frecuencia. Benjamín Prado descuelga el teléfono raudo. Vamos a conversar sobre su nuevo libro, ‘Qué estoy haciendo aquí’ (Alfaguara), título sin interrogante. Sus memorias, sus vivencias, sus trabajos. Las personas de la República de las Letras, centenares, que han pasado por su vida y han dejado huella. De las que no, nada dice. No son memorias nostálgicas. Bueno, algún puntito puede haber. Pero poco. Mínimo. Casi nada. Hay humor. Sutil. Del que suele gastarse el escritor madrileño. No se lo digo, pero es el aniversario del día de mi comunión. Hace sesenta años de eso. Iglesia de Santa Lucía. Manos orantes. Juntas. Devotas. De marinero raso. A mi lado, otro neocomulgante vestido de mariscal de campo, insignias incluidas. A Benjamín le han diagnosticado la enfermedad de Parkinson. Lo hizo público en una entrevista con Carles Francino hace unos días. No muchos. Afortunadamente, sigue a lo suyo: dando recitales, participando en tertulias, recomendando libros. Y escribiendo. Poemas y novelas. Y publicando también. Ahora estas memorias. Este ‘Qué estoy haciendo aquí’. Valiente. El piloto rojo de la grabadora me hace un guiño. Estoy listo, me dice sin hablar. No hace falta. Nos entendemos. Comenzamos a charlar. Benjamín, desde su casa en Madrid. Yo, desde la mía en València.

lunes, 1 de junio de 2026

València Negra 2026: Yrsa Sigurdardóttir: «Cuando comencé, no había ninguna escritora de novela negra en Islandia. Afortunadamente, ahora hay más»

copyright@hermezo2026
Nº 719.- De vez en cuando, los recuerdos de mi pasado balonmanero afluyen a mi vida diaria. Años atrás, el deporte del cuarenta por veinte ocupó una porción significativa de mi existencia. Fueron buenos tiempos como entrenador, agradables, y no se olvidan con facilidad. Por eso, cuando acordé la entrevista con la escritora islandesa Yrsa Sigurdardóttir, inevitablemente esos momentos regresaron. Islandia, un país con una población bien pequeña, ha aportado siempre enormes talentos al balonmano, tanto a nivel de selección como de jugadores de club. Por eso también, mientras desplegaba los bártulos para iniciar nuestra conversación, le pregunté a Yrsa qué significaba el balonmano en su país y cómo lo hacían para «fabricar» tantos buenos jugadores y jugadoras. Y me contó que allí los niños se iniciaban bien pronto, a los seis años, cuando comenzaban la escuela; que en cada barrio había clubes a los que, al terminar sus clases, acudían para instruirse en las artes de este duro juego de defensa y ataque con y sin balón. «Los atraen con meriendas de pizza, bingo y helados, pero eso solo es al principio. Luego, la dinámica del entrenamiento va aparcando las meriendas y se centra en la técnica». Ella no ha jugado al balonmano; se limitaba a verlo entrenar. Pero su hija, sí. Yrsa Sigurdardóttir acudió a València Negra, edición 2026. Se encontraba en plena promoción de ‘El castigo’, editada por Destino, su nueva novela traducida al castellano, protagonizada por Freyja, una astuta psicóloga infantil que aparece en sus novelas, y el detective Huldar, de la policía islandesa. El argumento es sencillo, pero sugerente: en 2006, un grupo de niños entierra una cápsula del tiempo en una escuela islandesa. Diez años después, esa cápsula es desenterrada, junto con una carta que predice la muerte de seis personas. Al principio, todo parece una broma infantil, pero las iniciales de los nombres que figuran en esa carta coinciden con las de una víctima real. Hotel Inglés de València. Es mediodía. El sol aprieta. Terraza de la cafetería Le Marquis. Frente a nosotros, la fachada del palacio del Marqués de Dos Aguas. De alabastro lechoso. Conecto la grabadora, piloto rojo ya listo, y comenzamos nuestra charla, una charla que sería imposible sin la colaboración de Azucena Bermúdez, la traductora que la editorial ha puesto a disposición de los periodistas.

Yrsa, profesionalmente, Vd. es ingeniera civil. Por qué comenzó a escribir?

De pequeño, mi hijo no leía. Busqué libros para él, y los que encontraba no me parecían suficientemente interesantes; pensé que él jamás leería ese tipo de libros, igual que los demás niños. Así que, por eso, decidí comenzar a escribir.

lunes, 18 de mayo de 2026

Santiago Díaz: «Jotadé es un personaje que me procura tranquilidad. Me divierte mucho darle vida»

El escritor madrileño habla sobre su nueva novela, titulada ‘El amo’, donde prosiguen las peripecias de Jotadé, su policía gitano.

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nº 718. Antes del mediodía. Es un caluroso lunes de mayo, tengo a Santiago Díaz a mi izquierda, con un ejemplar de su nueva novela, ‘El amo’, publicada por Alfaguara, en la que continúan las andanzas y desandanzas de Jotadé, ese peculiar inspector de policía, gitano de nacimiento, visto con recelo en la comisaría, visto con recelo entre los suyos, que no terminan de tener claro qué pinta un policía calé, rodeado por tanto payo. ‘El amo’, no lo olvidemos, se enmarca en una trilogía y continúa la historia que dejó entrever en el desenlace de su anterior entrega. Con un arranque impactante, marca de la casa, asistimos al hallazgo del cadáver de una adolescente en una parada de autobús del extrarradio madrileño, desaparecida misteriosamente años atrás, y asesinada tras dar a luz. Es la última de una larga lista de secuestradas a las que han matado justo después de ser madres. Bajo ese planteamiento, Santiago Díaz da rienda suelta a su imaginación a lo largo de cien capítulos cortos, que prometen una lectura ágil, puesto que los zarandeos a los que somete al lector cautivan su interés por seguir leyendo, una página tras otra. Es otra marca de la casa, la misma que esperan sus incondicionales, que en esta ocasión agotaron la primera edición en preventa, antes de llegar a las librerías, un fenómeno poco habitual. València, Hotel Meliá de la Plaça de l’Ajuntament. Cierto trasiego de huéspedes y ruido de trolleys. Es lo suyo. Una mesa cuadrada, Papel y bolígrafo, dos aguas minerales y la grabadora echando humo, con el piloto rojo encendido.

Santiago, es lógico que aspires a vender muchos libros. Eres escritor y vives de ello, pero que la primera edición se agote antes de que una novela pise la calle, no es muy frecuente.

Fue una sorpresa. Cuando me llamaron para decírmelo, no lo entendía, porque aún faltaban once días para ponerla a la venta. Y ocurrió porque las reservas en las librerías fueron enormes, tanto que, para cubrir la demanda, tuvieron que sacar una segunda edición. Te puedes imaginar la alegría. Pero eso no significa que llegues más tranquilo a la fecha de publicación, porque luego te entran otras dudas como preguntarte si, realmente, estás a la altura de la expectación despertada.

Pienso que, si ocurre eso, es porque los lectores confían en ti a ciegas.

Exacto, y ese creo que es un poco el problema, lo que te hace sentir esa presión: están confiando en mí sin haber leído una palabra, con lo cual las expectativas son muy altas. Y me siento muy afortunado, porque parece que la gente está satisfecha con el libro. De hecho, hay una frase muy puñetera que leo en algunas reseñas, que dice: «Acabo de leer la última novela de Santiago Díaz y no me ha decepcionado»… Esas palabras significan más presión sobre el escritor, porque presupone que el crítico esperaba decepcionarse, cosa que no ha sucedido afortunadamente. En todo caso, es una presión que a los escritores nos encanta.

Un buen guion, capítulos cortos y acción trepidante: ¿esas son tus señas de identidad literaria?

Es el sello de lo que aprendí en mi etapa como guionista y es lo que funcionaba, lo que necesitaba hacer entonces para que los espectadores no se fueran a otra cadena. Y eso mismo lo aplico en las novelas. Por eso hay mucha acción, mucho giro, mucho diálogo; es, creo, una marca de guionista.

viernes, 24 de abril de 2026

Sergio del Molino: «Rosario Weiss fue una pintora y retratista de primer nivel. Pero murió demasiado joven»

copyright@hermezo2026
Nº 716. Después de más de veinte años de entrevistar escritoras y escritores, de gozar con la lectura de
sus textos, a veces te preguntas si tiene sentido lo que haces, es decir, sentarte frente a una señora o un señor que ha escrito un libro, algo que está muy bien, y freírles a preguntas sobre su trabajo. Un señor o una señora que te llega  ya entrevistado por decenas de colegas que hacen lo mismo que tú en otros rincones del estado español. Y mientras rumias si merece la pena seguir en el oficio, o colgar la grabadora, el papel y el bolígrafo, de repente, te sale al encuentro Sergio del Molino. Entonces todo se viene abajo. Sin estrépito. Con amabilidad. Y te das cuenta de que realmente sí vale la pena disfrutar con su presencia y escuchar sus palabras durante unos minutos, porque dice cosas con sentido, al tiempo que descubres que su libro, contado por él, cobra otra dimensión, otro sabor. De repente, te sientes afortunado, muy afortunado, por dialogar con el escritor madrileño, mientras la grabadora, que siempre te acompaña, registra sus respuestas. Del Molino acaba de publicar un nuevo libro, no me atrevo a llamarle solo novela, no me atrevo a llamarle solo ensayo, que lleva por título ‘La hija’, editado por Alfaguara, donde aborda la figura de Rosario Weiss, posible hija del pintor Francisco de Goya, a la que vemos emerger sobre las más de seiscientas páginas de un volumen que mide cuatro centímetros de lomo sin cajo, a través de las que nos hablan Juan Antonio Rascón, protagonista de la primera parte, territorio de la ficción, y Sergio del Molino, protagonista de la segunda, donde el ensayo cabalga a sus anchas, sobre la figura de la retratista Weiss. Todo un acercamiento biográfico. La historia arranca en la fascinación provocada por el autorretrato de Rosario durante muchas visitas giradas por el escritor madrileño al Museo del Prado. Son las seis de la tarde en València, a medio sol, a medio calor, cuando la cafetería del Hotel Mercat Vincci Lys, regada por una luz breve, acoge nuestra conversación. La grabadora, piloto rojo encendido, se despereza lentamente de su siesta – la primavera, ya se sabe – y comienza a trabajar.

Sergio, dice Rascón que él escribe «porque no puedo hacer otra cosa más que escribir», escribir es una enfermedad?

Creo que sí lo es, una patología que, por suerte, todavía no ha sido identificada como tal y, en lugar de internarnos en la López Ibor, nos permiten ganarnos la vida con ello. Pero el día que lo descubran de verdad, seguramente se nos habrá acabado el chollo.

Presentación de València Negra 2026, XIV Edición

 

UN ASESINO ENTRE NOSOTROS:

ANTONIO MANZINI, JUAN GÓMEZ-JURADO, YRSA SIGURDARDÓTTIR, LORENZO SILVA Y HENRIK FEXEUS, ENTRE LOS SOSPECHOSOS DE UN VLCNEGRA QUE CELEBRA A AGATHA CHRISTIE
 
Del 18 al 24 de mayo, el festival pone en marcha su decimocuarta entrega homenajeando a la reina del crimen en el 50 aniversario de su muerte
Valencia, 21 de abril.- Si alguien quiere descubrir por qué Agatha Christie está considerada la reina de la novela criminal, puede echar un vistazo al capítulo 14 de Asesinato en Mesopotamia (1936), el caso número 14 de su detective más emblemático: Hercule Poirot. En él, el perspicaz investigador de origen belga realiza uno de sus famosos interrogatorios, en el que los diferentes sospechosos de un crimen exponen sus coartadas mientras él trata de averiguar cuál de ellos sería capaz de cometer un asesinato. Todo ello, por supuesto, envuelto en el lenguaje directo y adictivo de la escritora más traducida y vendida de todos los tiempos.

En 2026, se cumple medio siglo de la desaparición de Agatha Christie y VLCNEGRA ha querido preparar una edición a la altura de su leyenda. De este modo, del 18 al 24 de mayo, el Festival Internacional de Novela Negra de Valencia dedicará su nueva edición -que, ya que estamos, será la número 14- al legado inabarcable de la escritora que elevó el homicidio a la excelencia literaria. “Cuando llegan estas fechas, llevamos mucho tiempo trabajando: seleccionando autores, diseñando actividades, acordando espacios y atendiendo a cientos de detalles que, finalmente, dan forma al festival”, ha señalado uno de los directores de VLCNEGRA, Jordi Llobregat. “Después de todos estos meses de preocupaciones y esfuerzo, todo está listo por fin. VLCNEGRA es muy similar a las fallas, trabajamos durante todo un año para poder ofrecer a la ciudad una maravillosa fiesta cultural durante una semana. Nuestra ventaja es que nosotros no cortamos calles”.

miércoles, 1 de abril de 2026

Gutmaro Gómez Bravo: «El general Ungría reorganizó el Sistema de Información Militar del ejército de Franco»

(Fotografía cedida)
Nº 715. Durante muchos años hemos comprado la idea de que el final de la Guerra Civil Española fue
un episodio presidido por la traición y el caos en el seno del bando republicano, cuando realmente su desenlace fue fruto de una estrategia orquestada por el Cuartel General golpista, cuyo Servicio de Información Militar fue capaz de controlar la propaganda y la descomposición de las tropas gubernamentales desde su propio interior, en un hábil ejercicio de espionaje. Basándose en documentación inédita hasta ahora, procedente de los principales archivos españoles e internacionales, Gutmaro Gómez Bravo, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense, investigador y escritor, acaba de publicar ‘Cómo terminó la Guerra Civil Española’, editado por Crítica, donde revela cómo la «Victoria» se preparó entre la ocupación de Barcelona y la posterior rendición de Madrid. Salpicada por un insaciable tronar de petardos, que subía desde la calle, ocupada por aprendices de pirotécnicos, nuestra conversación telefónica, se desarrolló durante la tarde del segundo viernes de marzo, día trece por más señas. La grabadora, piloto rojo encendido, acusó explosiones y registró palabras, sin detenerse a discriminar una cosa de la otra. Faltaría más. Era tiempo de Fallas.

Gutmaro, has centrado tus trabajos en la guerra civil, la posguerra, la violencia y la represión, qué te indujo a interesarte por todo esto? 

Al terminar la carrera, mi tesis doctoral versó sobre la violencia en el siglo XIX y creo que acabé tan harto que juré no regresar a aquella época. Pero la metodología que aprendí entonces la apliqué después al siglo XX. Sobre la guerra civil se ha escrito mucho, aunque quizá no tanto desde la perspectiva de la violencia prolongada o comparada y eso, unido al problema que tenemos con los archivos en España, hace que con todo lo que va apareciendo se generen cosas nuevas y podamos aportar luz sobre determinados aspectos de la contienda.

domingo, 8 de marzo de 2026

Carlos Zanón: «Todos somos objetos perdidos hasta que alguien nos encuentra»

copyright@hermezo2026
Nº 714. Suena una música setentera. Al fondo. Invisible. I love to love de Tina Charles disfraza el silencio del Hotel Vincci Mercat. Calle de la Linterna. València. La luz del sol de la media tarde, inencontrable por las nubes y la lluvia del dos de marzo, se filtra a través de la cristalera exterior. Junto al hall, una mesa amplia, rectangular, acoge mi encuentro con Carlos Zanón, que termina de publicar ‘Objetos perdidos’, editado por Salamandra. En estos ‘Objetos perdidos’ conocemos a Álex Gual, un abogado que duerme en Excalibur, un hotel inexistente, y al que le cuesta más encontrar personas que perder cosas. A duras penas, el leguleyo sobrevive sobre los restos de su relación con Lola K., una pintora en horas bajas, y se mueve en el sórdido mundo que habita Señor Paco, un tipo que maneja lo más turbio de Barcelona. Claro. Con Zanón siempre Barcelona. La muerte de un jugador de rugby australiano y la desaparición de otro británico, Andy Cox, desatan la atención mediática. Señor Paco huele el negocio. Y la pasta. Y Álex Gual se ve impelido a la búsqueda de Cox, en la que se encontrará con Inés, la camarera del Donna Summer, el garito de Señor Paco, y la dolorosa posibilidad de perder cosas para recuperar su capacidad de ser alguien. Y no hay más. Hasta aquí debo contar. Consumimos unos minutos conversando de cosas particulares, hacía mucho tiempo que no nos veíamos, y arrancamos la entrevista. Como siempre, echo una ojeada a la grabadora para constatar que su piloto rojo, su aviso para navegantes, se ilumina al accionar la tecla rec. En efecto: nihil obstat una vez más. Comenzamos nuestra charla. Nos acompañan un cortado y una botella de agua sin gas. Tina Charles sigue a lo suyo.

Carlos, escribir es una enfermedad?

Incurable. Es una enfermedad incurable. No tiene remedio y es lo que te ordena, lo que le da un sentido a lo que vives y piensas.  

martes, 3 de marzo de 2026

Marina Sanmartín: «Para mí la literatura significa trastocar la realidad, malearla y proyectarla hacia el futuro»

Nº 713. 

copyright@Isabel Wagemann/Random House
Diecinueve de febrero. Jueves. Poco antes del mediodía. Contacto con Marina Sanmartín. Una valenciana afincada en Madrid, pero que hoy se encuentra en León para promocionar ‘La doble desaparición de Abril del Pino’ (Salamandra), su nueva novela, y asistir a un club de lectura. La periodista, escritora y librera, no necesariamente por este orden, vive con intensidad la promoción de su libro, en el que nos cuenta una historia que acontece durante los días navideños, alumbrada por guirnaldas de colores, escaparates brillantes, sonrisas y sueños de felicidad. En medio de tanta algarabía, la autora de novela negra más leída y vendida del país, Abril del Pino, se esfuma sin dejar rastro. Su ático no presenta síntomas de haber sido ultrajado y de su paradero nada se sabe. Se encargará de la investigación del caso José Manuel Castillo, un inspector de  policía que atraviesa una situación delicada en lo personal. Sus pesquisas le llevarán hasta la librería Las Palabras Mágicas, regentada por Ágata Caballé. Pocos días atrás, la misteriosa sociedad literaria Rame-Tep ha celebrado allí su cena anual con la escritora superventas como invitada de honor. Desaparece justo entonces y Castillo comienza sus pesquisas. Tras los saludos preliminares y el reconocimiento de lugares comunes, la ciudad de València y alrededores, conecté la grabadora y Marina Sanmartín y quien suscribe comenzamos nuestra conversación telefónica sobre su nueva propuesta policial, ante la atenta mirada del piloto rojo de la grabadora, siempre encendido.

Marina, qué hace una valenciana como tú en un Madrid como ese?

Llevo aquí desde dos mil uno y lo cierto es que todo surgió por azar. Yo estudié periodismo en el CEU de València y al terminar comencé con el doctorado sin ánimo de ejercer la profesión. Pero mi familia se empeñó en que lo intentase y, pásmate, yo que he sido y soy de letras puras toda mi vida conseguí una beca de periodismo científico. Viví un año en Madrid y, aunque descubrí que el periodismo informativo no me gustaba nada, descubrí también que la ciudad me encantaba, tal vez porque fue el primer lugar donde me sentí independiente. Y allí me quedé. Pero visito València muy a menudo para ver a mi familia y a mis amigas. 

domingo, 22 de febrero de 2026

Juan Manuel Gil: «Procuro que cada página resulte disfrutona, que la construcción de su oralidad sea lo más mimada y verosímil posible, pero también me preocupo mucho del hilo conductor de la novela»

Nº 712. 

copyright@hermezo2026
Discurre la mitad de febrero. Hay un primer acercamiento para tomar unas fotos del escritor. La ciudad: València. El lugar: la cafetería de un establecimiento comercial con sucursales por toda la península. Despachadas las instantáneas, quedamos emplazados para hablar la semana siguiente. Por teléfono. El escritor no es otro que Juan Manuel Gil (Almería, 1979), que acaba de publicar ‘Majareta’ (Seix Barral), donde traza el retrato de Leo Almada Sapena, un conserje de instituto misterioso, construido mediante los testimonios de unas cuantas, en realidad, bastantes, personas que lo conocieron. La peripecia se desencadena a raíz de un incidente, cuando Almada sube al tejado del centro escolar para inspeccionar el estado del pararrayos, los estudiantes cierran la trampilla con un candado, retiran la escalera y lo dejan allí arriba. Uno de ellos chivatea al conserje el nombre del alumno que tuvo la ocurrencia y, días después, Leo le golpea hasta hacerle perder la visión. A partir de ahí, una cuarentena de personajes se sucede ante el lector, o mejor dicho ante el supuesto autor del libro, para contar su versión de los hechos o de lo que conoce del conserje. Todos parecen tener algo que compartir acerca de sus hábitos, un tanto inquietantes, sus secretos y los motivos por los que siempre fue considerado uno de los tipos más raros del barrio, a la vez que también uno de los más buenos, tiernos, discretos y generosos. A lo largo de los distintos testimonios, nos adentramos en esta ficción para desentrañar la oscura realidad que se amaga detrás de todas estas apariencias verbales. Y hasta aquí puedo llegar, pero Juan Manuel Gil ha construido una novela de difícil olvido, que remueve las tripas del lector, con risas y alguna angustia, hasta sus últimas páginas, una de las joyas literarias de este 2026 sin duda. Siete días más tarde ratificamos el pacto alcanzado en la cafetería del conocido centro comercial, donde las fotos. Y, a través de nuestros adminículos telefónicos respectivos, él desde Almería, y el que suscribe desde València, conversamos sobre ‘Majareta’, mientras que por las calles de València el viento silbaba y un día más, desafiante, se enseñoreaba de árboles, esquinas, bancos, parques y aceras. Pulsé el rec de la grabadora, que me respondió del modo habitual, esto es, encendiendo su piloto rojo, nihil obstat. A continuación comenzó a registrar nuestra charla.

jueves, 8 de enero de 2026

Ana Trigo: «En círculos restringidos, mostrar una obra de arte robada le aporta valor añadido»

Nº 711. Hace un par de veranos, en una plataforma digital archiconocida vi ‘The Duke’, una película dirigida por el británico Roger Michell, sobre el robo de un retrato del Duque de Wellington pintado por Goya y expuesto en la National Gallery de Londres. Se basaba en un hecho real, acaecido en 1961. La singularidad del caso y la peculiaridad de los motivos que adujo, Kempton Bunton, el ladrón, un taxista de 60 años, para sustraer el lienzo atraparon mi atención y mi interés con facilidad. De hecho, he vuelto a verla un par de veces más. Mi interés rebrotó al descubrir que Ana Trigo, tasadora de Arte, licenciada en Humanidades, especializada en Patrimonio Histórico-Artístico, graduada en Derecho, escritora de ficción y también ensayista, acababa de publicar ‘Ladrones de arte’, editado por Ariel, donde junto con otros veintiocho relatos tropecé de nuevo con el robo del taxista inglés. En ‘Ladrones de arte’, Ana Trigo da cuenta de las sustracciones más importantes, acaecidas en el mundo artístico desde el Antiguo Egipto hasta la actualidad. Entre sus poco más de trescientas páginas, encontramos las historias, en realidad, verdaderas tramas detectivescas, que se esconden detrás de esos golpes perpetrados tanto por ladrones especializados como por delincuentes comunes. Y todo ello nos va a permitir descubrir que el tráfico de obras de arte robadas se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos y, tal vez, menos conocidos del planeta. Fue a mediados del pasado mes de diciembre cuando tuvo lugar nuestra entrevista a través del teléfono, ya saben, piloto rojo encendido, y todo listo para conversar. La publicación de esta charla se ha demorado a causa de la ola de gripe que nos invade. Los entrevistadores también enfermamos. Qué le vamos a hacer! A menudo los designios de los dioses son inevitables. E inesperados.    

Ana, eres experta en arte, tasadora y escritora de ficción y ensayo, qué te atrajo de este mundo para convertirlo en tu profesión?

Qué buena pregunta para empezar, aunque difícil de responder. Cursé Humanidades con la especialidad de Patrimonio Histórico-Artístico porque desde bien pequeña me atraía el arte. Recuerdo que mi tía tenía una colección de piezas de plata y a mí, con tres o cuatro años, me gustaba ponerme a limpiarlas con ella. Me encantaba mirar los cuadros y libros que había en su casa.  Pero no sabría decirte por qué me gustaban. Es como si hubiera nacido con esa afición, porque yo provengo de un medio muy humilde y en mi casa no había ni libros, ni cuadros, ni plata. La suerte que he tenido después es que, tal vez porque me gusta tanto todo eso, se me ha dado muy bien y gozo del privilegio de poder dedicarme a ello.

domingo, 21 de diciembre de 2025

Javier Castillo: «Escribir es jugar, crear algo que se convierta en un juego»

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Nº 710.- Se anunciaba la hora de la comida. Ya muy próxima. Me encontraba en la cafetería del Hotel Only You de la plaza Rodrigo Botet, el antiguo Hotel Astoria, donde entrevisté a tantos escritores durante muchos años. Es el último jueves de noviembre y una luz envejecida, aguijoneada por los primeros adornos navideños, alumbra nuestro encuentro. El entrevistado de hoy, Javier Castillo, no necesita presentación. Dos millones y medio de ejemplares vendidos en España le contemplan. Le avalan, además, sus traducciones a veinticuatro idiomas, la difusión de su obra a lo largo de más de noventa países y la conversión de algunos de sus títulos en series televisivas a cargo de la plataforma Netflix. El género negro parece no esconder secretos para él. Pulsa sus teclas con seguridad. Castillo se había acercado a València para promocionar ‘El susurro del fuego’, editado por Suma de Letras, un nuevo thriller de su cosecha, en el que nos cuenta la historia de Mario y Laura Ardoz, hermanos mellizos, que visitan las islas Canarias. Mario trata de recobrarse de una intervención quirúrgica de cáncer, pero al salir del hospital descubre que su hermana ha desaparecido y el móvil traza su presencia en un paisaje desolado por la lava. Problema servido. Dos miembros de la Policía Judicial, Candela Oramas y Álex Quintana, se ponen en marcha para descubrir qué ha ocurrido. Con el piloto rojo de la grabadora encendido, comenzamos nuestra conversación. Agua y un café sobre la mesa. Nihil obstat. Todo Ok.

Javier, después de más de dos millones y medio de libros vendidos en España, cómo se consigue llevar una vida normal? La vanidad se controla bien?

Se controla gracias a una abuela genial que tengo, siempre con los pies sobre el suelo, muy cercana. Cuando de repente le cuento que acabo de publicar una novela, con una edición monumental, que está la número uno en la lista de libros más vendidos en España, ella me dice «Venga, va, vamos a cocinar», porque le concede cero importancia a esas cosas. Por otro lado, tengo la suerte de mantener mis pilares de toda la vida, mi barrio, aunque me he cambiado de casa, mi familia y mis amigos, lo que me produce la sensación de que nada ha cambiado. Es verdad que tengo más dinero en la cuenta del banco, pero pienso en las mismas cosas que antes.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Julio Llamazares: «Las guerras solo las ganan los que las provocan, los que las dirigen y los que se benefician de ellas»

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Nº 709. Fue un viernes novembrino. Temprano. Frío por las calles. Algo casi insólito por estas 
latitudes, tan azotadas por el cambio climático. Estaba citado con Julio Llamazares para entrevistarle. Para hablar de su nuevo libro, ‘El viaje de mi padre’, editado por Alfaguara. Para que me contara algunas cosas de ese viaje y de los motivos que le llevaron a escribirlo. Era esta una de esas ocasiones en las que nuestros progenitores se borran de la vida sin haber contado nada, o muy poco, de sus pasos por la tierra? Qué pensaron, qué hicieron, cómo vivieron, qué sintieron…? Al padre de Llamazares, y a su amigo Saturnino, la guerra civil los movilizó a los dieciocho años. Aunque los sorprendió a los dieciséis. Se enrolaron voluntarios para elegir destino en el bando nacional y ambos viajaron, ora en tren, ora en convoy militar,
 desde La Mata de Bérbula (León) hasta la Sierra de Espadán (Castellón), armados con un aparato de radio de telegrafista y una antena. Su misión, en consecuencia, fue la de transmitir las órdenes o los relatos que sus superiores les encomendaban. Llamazares ha traducido a la literatura el viaje diagonal de ambos amigos, para más inri maestros ambos, que discurrió rodeado de peligros hasta llegar al frente de Teruel, donde, por primera vez en su vida, se asomaron a la guerra de verdad, no a la de la trastienda sino a la de la primera línea de combate, la del frente donde la vida valía poco. Justo lo que una bala. En el hall del Vincci Mercat Hotel de València, sentados frente a frente, con la grabadora lista, piloto rojo encendido, comenzamos a conversar.

lunes, 24 de noviembre de 2025

Martí Domínguez: «Me interesa una literatura de combate, que lo que cuentes interpele al lector»

Nº 708. 
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En el año 1941 un reputadísimo profesor y rector de la universidad de València fue 

sentenciado a muerte por un consejo de guerra sumarísimo. Los denunciantes fueron sus propios compañeros y colegas de la universidad. Con estas premisas como punto de partida, el escritor Martí Domínguez acaba de publicar ‘Ingrata pàtria’, editado por Proa, novela escrita en valenciano en la que relata las tres últimas horas en la vida del doctor Peset y las circunstancias que le condujeron a morir, junto a otros tres condenados a muerte, frente a un pelotón de fusilamiento. Con un discurso coral, Domínguez aborda las angustias de los reos, sus últimos pensamientos, el ambiente y modos de vida de una prisión franquista en plena posguerra, gobernada por Ramón de Toledo Barrientos, un director que se consideraba a sí mismo un avanzado innovador de la pedagogía carcelaria. Las voces de un médico castrense, del funcionario Manzanedo, de dos capellanes, don Juan y don José, y de los cuatro condenados a muerte, Ferrús, Leo, Casaca y el propio Peset, emergen desde el coro penitenciario para perfilar el dibujo de un terrible cuadro de época. En blanco y negro. Obviamente. A eso del mediodía de un jueves de noviembre, día 13 por más señas, Martí Domínguez, doctor en Biología y profesor de Periodismo en la Universitat de València, me recibió en su despacho de la revista científica ‘Mètode’, donde repasamos algunos pormenores de su novela, abrigados por la calma y el silencio del Jardín Botánico de la calle Quart de la capital del Túria. La grabadora, tácitamente, tal y como acostumbra, nos autorizó a comenzar nuestra conversación con su piloto rojo encendido.  

sábado, 1 de noviembre de 2025

Vicenç Villatoro: «Escribir ‘Polonesa’ en primera persona, con un protagonista que miente, resultaba un reto difícil, pero muy interesante»

Nº 707. Vicenç Villatoro (Terrassa, 1957) es político, periodista y escritor. Galardonada con
profusión su extensa obra – más de treinta libros publicados –, su interés por el tema de la identidad la recorre transversalmente. Así lo demuestra su trilogía formada por ‘L’home que se’n va’ (El hombre que se va), ‘El retorn dels Bassat’ (El regreso de los Bassat) y ‘La casa dels avis’ (La casa de los abuelos). Profundizando si cabe más en esta obsesión, Villatoro acaba de publicar ‘Polonesa’, escrita en catalán y editada por Proa, donde aborda la historia de un espía crepuscular israelí tras la caída del telón de acero. El protagonista de la novela, Saul Shalev/Andrzej Zelig/Klaus Steinberg, que posee tres identidades diferentes, reflexiona sobre el oficio de espía, un oficio del que nunca uno termina de jubilarse, al tiempo que intenta resolver un negocio de compraventa de material «delicado» que sus antiguos colegas acaban de proponerle. Dándole otra vuelta de tuerca al asunto, Saul/Andrzej/Klaus se interroga a lo largo del texto, no podía ser de otro modo, sobre el tema de la identidad, algo que le obsesiona particularmente a causa de su trabajo, porque en su cometido la falsedad, la mentira y las apariencias son definitivas para sobrevivir y tener éxito. Pasado el media día,
a dos quarts d’una, Vicenç, desde Matadepera, y yo, desde València, anduvimos conversando acerca de esta ‘Polonesa’ y de algunas particularidades de su trayectoria como escritor. Establecida la comunicación tras los timbrazos preliminares del móvil, el piloto  de la grabadora, encendido en rojo, nos avisó de que podíamos comenzar nuestra charla. Y a eso nos aplicamos.

Vicenç, aunque llevas mucho tiempo dándole a la tecla, cuando entrevisto por primera vez a un escritor casi siempre comienzo con la misma pregunta: qué significa escribir para ti?

Hace muchos años que escribo. Es una actividad centrada en mi propia vida. En un momento determinado, decidí que yo me relacionaría con el mundo de dos maneras a la vez: viviendo y escribiendo. Pensaba vivir y escribir todo lo que me pudiera deparar mi existencia. Pero no iba a narrarlo todo, sino a relacionarme con la vida a través de la escritura que es una cosa distinta. De esta manera, cuando tengo una preocupación o siento dudas, emoción o esperanza me surge siempre una escritura que puede ser poética, ensayística, narrativa…

sábado, 11 de octubre de 2025

‘El nombre del padre’ de Vanessa Springora. A la búsqueda de unas raíces impostadas.

Al sostener entre mis manos la novela ‘El nombre del padre’ (Lumen) de Vanessa Springora
(Paris, 1972), resulta difícil que la memoria no vuele al pasado y se detenga, treinta y seis años atrás, sobre el recuerdo de la película ‘La caja de música’ del director Costa-Gavras, al que noventa y dos inviernos contemplan ya. En ambos casos, novela y película, la búsqueda de la verdadera identidad constituye el eje central de la narración. La película del director griego trata de rescatar el presunto pasado nazi del padre de la protagonista, interpretada por Jessica Lange. Por su parte, en ‘El nombre del padre’ Springora intenta revivir el pasado de su progenitor, Patrick, recién fallecido al inicio del texto, al que lleva más de nueve años sin ver, y de quien afirma en el Prólogo «Me resulta más fácil decírtelo ahora que estás muerto: siempre me pareciste un personaje intrigante». Inesperadamente, y aquí radica la diferencia con ‘La caja de música’, surge la figura de su abuelo paterno, otro presunto nazi. Springora viene de publicar ‘El consentimiento’, su primera novela, de la que vendió trescientos mil ejemplares durante el confinamiento,  en la que cuenta la relación que ella mantuvo, a los catorce años de edad, con el escritor francés Gabriel Matzneff, de cuarenta y siete. Esta es, por tanto, su segunda entrega, esa que dicen que es la más difícil, por aquello del miedo al folio en blanco, el peso de la responsabilidad y otras frases por el estilo. En su presentación en Espacio Telefónica, Vanessa Springora manifestó que trabaja con material delicado, íntimo, y que, tras escribir su anterior novela por necesidad, se propuso no publicar nada nuevo hasta que tuviera algo interesante que contar. En consecuencia y llegado el momento, seguir con asuntos autobiográficos le pareció algo natural, algo que brotó tras la muerte de su padre en pleno éxito de ‘El consentimiento’.

martes, 30 de septiembre de 2025

Aroa Moreno Durán: «Tres días después de los fusilamientos, hubo un baño de masas en la Plaza de Oriente que resulta escalofriante verlo»

 

Nº 706. Mientras transcribo la entrevista de Aroa Moreno Durán (Madrid, 1981), ya circulan los primeros avisos de la AEMET acerca de las lluvias que se anuncian, inminentes, sobre la Comunitat Valenciana. Al mismo tiempo, recuerdo que, justamente hoy, 27 de septiembre de 2025, se cumple el cincuenta aniversario de los últimos cinco fusilamientos perpetrados por el dictador Franco. Ángel Otaegui Echevarria y Juan Paredes Manotas (miembros de ETA) y Xosé Humberto Francisco Baena Alonso “Daniel”, Ramón García Sanz “Pito” y José Luis Sánchez Bravo Solla “Hidalgo” (integrantes del FRAP) fueron fusilados en Burgos, Barcelona y Hoyo de Manzanares, respectivamente, acusados del asesinato de un policía nacional y un guardia civil. Mucho tiempo después de tan infausta fecha, durante la pandemia, un paseo de la escritora madrileña con su hijo en busca de la naturaleza, les hizo escuchar el eco de unos disparos. Procedían de un campo de tiro del ejército, radicado muy próximo a su casa, algo que Aroa ignoraba. Más tarde descubriría que allí mismo, en un talud de aquella instalación militar de Hoyo de Manzanares, en 1975 habían sido fusilados tres de aquellos cinco condenados a muerte por un tribunal militar, que los sometió a un consejo de guerra sumarísimo, huérfano de garantías procesales. En total, se decretaron once penas de muerte, aunque seis de ellas fueron conmutadas. El resto se cumplieron sin que valieran para nada las presiones internacionales ante el régimen, entre ellas la de Pablo VI que, por tres veces intentó hablar con Franco, que hizo oídos sordos a sus llamadas. De todo esto se ocupa el libro ‘Mañana matarán a Daniel’ (Random House), escrito por Aroa Moreno. Sentados en torno a una mesa de la cafetería del Hotel Zenit de València, mediada la tarde, ya con la grabadora encendida, comenzó nuestra conversación.

Aroa, disponer de un buen titulo como lo es ‘Mañana matarán a Daniel’ es importante para comenzar a escribir una novela?

El título surgió con la novela ya muy avanzada. En principio y sin pensarlo mucho, se iba a titular ‘Septiembre 1975’, pero a la editorial no les convencía. ‘Mañana matarán a Daniel’ es un verso de Manuel Blanco Chivite, miembro del FRAP, también condenado a muerte e indultado después, extraído del poema ‘Víspera de los fusilamientos’, que escribió en la cárcel y dice así: «Hoy velaré toda la noche/solo y en silencio velaré toda la noche/ y mañana matarán a Daniel,/mi camarada». Cuando lo leí pensé que era el título adecuado, porque Xosé Humberto Baena, «Daniel» va ocupando un espacio cada vez más grande en esta novela. Él era un hombre que escribía, al que le gustaba la poesía y el poema tiene la inminencia de algo ineludible como es una condena de muerte. Precisamente, cuando pienso en si, después de escribir sobre estas personas, he llegado a conocerlas, comprendo que hay algo que nunca voy a entender: lo que significa saber que mañana te van a matar.

viernes, 18 de julio de 2025

Sergio Vila-Sanjuán, Premio Fernando Lara de Novela 2025: «Barcelona reinventó su pasado hace ciento cincuenta años, ver cómo lo hizo es una cuestión que me ha interesado mucho»

Nº 704. El escritor y periodista barcelonés Sergio Vila-Sanjuán acaba de publicar ‘Misterio en el 
Barrio Gótico’, editado por Planeta, el thriller con el que ha ganado el Premio de Novela Fernando Lara 2025.
 La historia está protagonizada por el también periodista Víctor Balmoral, que investiga la desaparición de una mujer en el epicentro medieval de Barcelona. Al mismo tiempo, el lector asistirá a la historia del popular y señero Barrio Gótico, relatada por los personajes que transitan las páginas del libro. Balmoral, además, recibe las visitas del fantasma de Antonio Riquelme, un antiguo amigo, con el que comparte momentos y discusiones en su día a día. Discurre el último lunes del mes de junio, mediada la tarde, un día caluroso como muchos, cuando Sergio Vila-Sanjuán me atiende telefónicamente desde la ciudad condal, atrincherado bajo el amparo del aire acondicionado de su casa, según me cuenta. A eso mismo me dedico yo trescientos cincuenta kilómetros más al sur, compartiendo la orilla del Mediterráneo que nos une. Con tan «reconfortante» panorama y con el piloto rojo de la grabadora encendido, comenzamos a desgranar algunos pormenores de este «misterio gótico».

En primer lugar, Sergio, enhorabuena por el Premio.

Muchas gracias, la verdad es que estoy muy contento.

Aún cuando tú eres un periodista cultural, qué llegó primero: la vocación por la escritura o el periodismo?

En realidad, la escritura, porque yo empecé a escribir muy pronto. Lo hice en el colegio y publiqué mi primer cuento a los dieciséis años. De hecho, estudié Historia y fui a parar al periodismo porque me surgió la oportunidad de ejercerlo. Lo que ocurre es que me he tirado cuarenta años dedicado al mundo de la cultura, y ya lo considero una parte muy importante de mi carrera y mi personalidad.