«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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jueves, 7 de marzo de 2019

‘Los lobos de Praga’ de Benjamin Black. Paisaje, conspiración, intriga, asesinatos… Eso y mucho más.


Quizá frío sea la palabra más adecuada para describir Praga, donde los copos de nieve susurran tras los cristales, las calles lucen blancas y grises y azuladas y las chimeneas devoran, uno tras otro, interminables troncos para combatir ese frío tan intenso. Praga es también una ciudad «llamativa, siniestra y deforme», descripción que cuadra a la perfección con el enano Jeppe Schenkel, uno de los personajes secundarios, e importantes, de la nueva novela de Benjamin Black, que lleva por título ‘Los lobos de Praga’,  publicada por Alfaguara en España. Schenkel ya apareció en otra novela suya, aunque firmada como John Banville, en 1981 y que giraba en torno  al astrónomo Johannes Kepler.

Quizá miedo, otra palabra, sea la que mejor pueda definir al protagonista de la novela, el joven Christian Stern, hijo bastardo del príncipe-obispo de Ratisbona, alquimista, erudito y ambicioso que llega a la capital checa durante el invierno de 1599. Stern, que recibirá el encargo de investigar el asesinato de una joven degollada, con cuyo cadáver tropezará él mismo en la nieve, es también un investigador torpe, poco imaginativo, al que los acontecimientos desbordan en principio. En Praga reina Rodolfo II de Habsburgo, Archiduque de Austria, rey de Hungría y de Bohemia y Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, un soberano extraño, caprichoso, nigromante, amante de la alquimia y de las artes ocultas, rodeado por una corte especialmente tenebrosa de cuyos principales cortesanos desconfía el propio Rodolfo.

La novela pretende pertenecer al género negro, pero quien esto suscribe no tiene tan clara su pertenencia. Hay un primer asesinato, y un segundo, y un tercero y una persona encargada de averiguar quién es el asesino, o sea, un detective o un agente que se mueve por palacios, casas y calles a finales del siglo XVI. Sí, todo eso es cierto, pero no creo que la investigación y solución del problema sea el primer objetivo de Benjamin Black/John Banville. ‘Los lobos de Praga’ tiene otros valores más destacados, sin ir más lejos la presencia de una extraordinaria gavilla de personajes que, como dice el propio Black en su Nota del autor, se nutre de seres reales, Rodolfo II, John Dee o Edward Kelley; inventados, Christian Stern, Jeppe Schenkel, Felix Wenzel, Magdalena Kroll, Jan Madek, sir Kaspar, el paje Norbert o la dulce Serafina; e hibridados, es decir, inspirados en seres reales que vivieron aquellos momentos, como el nuncio Malaspina, Philipp Lang, Caterina Sardo o don Giulio, pero moldeados según los intereses de la acción. Son algunas libertades que se ha tomado el irlandés a la hora de construir su ficción checa. 

domingo, 6 de mayo de 2018

Benjamin Black, ganador Premio València Negra 2017: «Black es un artesano; Banville intenta ser un artista, cuando ni siquiera sabe lo que significa eso»


Nº 545.- Llegó con puntualidad irlandesa, es decir, anticipadamente, a la cita con la prensa valenciana. Los organizadores de València Negra lo tenían todo dispuesto y previsto. Benjamin Black, o John Banville, tanto monta, Premio València Negra 2017, apareció por el fórum de la Fnac Sant Agustí con chaqueta y camisa azul oscuro, indefinido, un pantalón gris y el acostumbrado pañuelo granate asomado al bolsillo superior de su americana. Él éxito de sus novelas, bajo cualquiera de sus dos firmas, Banville o Black, es enorme, aunque bien es cierto que su masiva popularidad la ha alcanzado merced a la serie de novelas protagonizadas por el patólogo forense Quirke. Tranquilo, con rictus expectante, amable, el escritor atendió a los fotógrafos y posó de todas las maneras imaginables: de pie, sentado, pensativo, risueño, con un libro, con dos…
A continuación dio comienzo la rueda de prensa. En la mesa Jordi Llobregat, director del festival; los representantes de Bromera y Alfaguara, Gonçal López Pampló y María Fasce, respectivamente; la traductora, María Jesús Plasencia, y el propio autor. Como preámbulo, Banville quiso dejar claro que no le gusta la catalogación y que no establece diferenciaciones entre sus novelas, policiacas o no, porque «no existe un género mayor o menor, sólo hay buena o mala literatura. Lo demás no importa. Daría todas las novelas de Camus o de Sartre a cambio de una sola de Simenon». Después de una hora exacta de preguntas y respuestas, Black propuso concluir el acto: «Como diría Jane Austen: “ustedes ya han disfrutado bastante”. Si les parece bien lo dejamos aquí». Se levantó la sesión y llegó el turno para las entrevistas.
¿Por qué escribe Benjamin Black o qué significa la escritura para usted?
Respirar… Para mí escribir es respirar. La escritura me ayuda a entender la realidad, a interpretarla. A veces mi mujer me pregunta a qué me dedicaría si dejase de hacerlo: ¿a la política, a ayudarnos a todos…?

domingo, 25 de septiembre de 2016

Benjamin Black en Segovia

Benjamin Black, que ahora parece aborrecer la idea de ser John Banville, su heterónimo, ha estado por la Península Ibérica. Participó en el Hay Festival de Segovia, una suerte de evento pluridisciplinar en el que toman partes escritores, profesores, arquitectos o periodistas. Juan Carlos Galindo tuvo la suerte de poder entrevistarle. Lo publica El País en su edición de hoy. ¡Qué envidia!

jueves, 17 de marzo de 2016

Quirke en serie para la televisión

En el año 2013, la BBC rodó una miniserie - ojalá solo sea una primera temporada y haya continuación -, estrenada en enero de 2014, de los casos del famoso forense Quirke, el protagonista de las novelas negras del escritor irlandés Benjamin Black, alias John Banville. Los actores que encarnan los papeles principales son Gabriel Byrne y Nick Dunning. Al que suscribe le parece una buena adaptación (Andrew Davies y Conor McPherson) del espíritu de la obra, de las características del patólogo y del ambiente de la Irlanda de los años 50. Quizá, esperaba una Phoebe distinta a como la han plasmado los mentores de la serie, pero es un detalle menor porque se trata de una apreciación muy personal, muy epitelial. Los episodios tienen 90 minutos de duración aproximadamente, se beben de una sentada y corresponden a las tres primeras novelas de la serie. A quienes pueda interesar, adelante, no quedarán defraudados.

Herme Cerezo

domingo, 7 de febrero de 2016

‘Órdenes sagradas’ de Benjamín Black. ¡Qué difícil es hacer lo que hace Black con sus novelas!


Por ahora Órdenes sagradas’ es la última entrega de la serie policiaca protagonizada por el forense Quirke. Si no es el mejor título, sin duda, es uno de los mejores. Y una vez más, Black (o debería decir Banville) se descuelga con un recital literario de primer orden. En esta ocasión, el forense irlandés se ocupa en investigar el asesinato de un amigo de Phoebe, su hija, llamado Jimmy Minor, al que ya conocíamos de novelas anteriores y cuyo cadáver aparece flotando en las aguas del canal. Esta aparición remueve los cimientos de Quirke hasta el punto de retrotraerle a sus tiempos pasados en el orfanato católico de Carricklea.

En ‘Órdenes sagradas’ importa poco la investigación policial, aunque el inspector Hackett ande por medio. Es marca de la casa. Mientras leemos la novela es frecuente que olvidemos que el objetivo de muchas novelas policiales es descubrir al culpable y encontrarle una explicación al crimen, para centrarnos en el puro placer de la lectura de esta delicia. Black explora sin omitir detalle, las consecuencias que la muerte de Minor causa en su entorno,  en su propia familia. Asistimos al retrato psicológico, no solo de la víctima, de la que se nos revelan detalles desconocidos de su perfil, sino también de sus seres más allegados. Y es ahí donde profundizamos con nuestra mirada, guiados por la mano, segura y engrasada, del narrador de Wexford.

miércoles, 15 de abril de 2015

¿Qué tienen en común estas dos personas?


Él se llama Benjamin Black o John Banville o Benjamin Banville o John Black, tanto monta. Ella  es Nuria Barrios. Él termina de publicar una nueva novela de la serie del forense Quirke titulada 'Órdenes sagradas'. Ella ha hecho lo propio con un libro de relatos que lleva por título 'Ocho centímetros'. Él escribe para Alfaguara y ella para 'Páginas de Espuma'. A él, en ocasiones, le da por convertirse en otro escritor. A ella, no. Nuria también compone poemas. Benjamin, que yo sepa, no. Si quieren averiguar lo que ambos tienen en común cojan el último libro de Benjamin Black, ábranlo y échenle un vistazo sin demasiada prisa. Sin duda, encontrarán la repuesta. Si además lo compran, disfrutarán de una excelente lectura. Seguro.


lunes, 17 de marzo de 2014

‘La rubia de ojos negros’ de Benjamin Black. El regreso de Philip Marlowe más de medio siglo después.

En otras disciplinas es algo común y sucede con cierta frecuencia. En el universo del cómic un dibujante o un guionista o ambos a la vez, continúan la serie que otro dibujante, otro guionista, o ambos a la vez, comenzaron in illo tempore. En literatura tampoco es tan raro: algún escritor hay que, después de muerto, ha publicado más obras nuevas que antes. No son milagros, no, son solo cosas que suceden. Hace un tiempo, Benjamin Black recibió por parte de los herederos de Raymond Chandler el encargo de resucitar – no sé si el término es el adecuado porque su necrológica nunca se publicó hasta ahora – al detective Philip Marlowe.  Todo un reto. Al que suscribe esto le parece cuanto menos pintoresco. Y la razón es sencilla: Benjamin Black, el otro yo de John Banville, en principio nunca había pensado escribir novela negra sino “literatura seria”. Sin embargo, tras la publicación de ‘El secreto de Christine’ como Black , o sea como no John Banville, y el éxito alcanzado por la serie protagonizada por el forense Quirke, el escritor irlandés se ha atrevido a hacerlo. Y aquí está el resultado: ‘La rubia de ojos negros’. Sin lugar a dudas, en la obra de Banville/Black creo que actualmente pesan más las novelas negras que lleva en su haber (la ya citada ‘El secreto de Christine’, ‘El otro nombre de Laura’, ‘El lémur’, que no pertenece a la serie Quirke, ‘En busca de April’, ‘Muerte en verano’ y ‘Venganza’) que las otras, las de la “literatura seria”.

Y es una suerte, oigan, mis improbables, que Black decidiera escribir género policial y asumir el reto de introducirse en la piel de Chandler con todos sus sentidos. He leído por ahí, en algún lugar, en algún perdido suplemento literario, que el irlandés no ha precisado empaparse de todas las aventuras de Marlowe para entrar en situación. Sin esa ayuda complementaria, no obstante, ha sabido captar la esencia del investigador privado con enorme facilidad. No hay más que comenzar la lectura de ‘La rubia de ojos negros’ para comprobarlo. “Era martes, una de esas tardes de verano en que la Tierra parece haberse detenido. El teléfono, sobre la mesa de mi despacho, tenía aspecto de sentirse observado”. Estas tres escasas líneas bastan para ver que lo ha conseguido y también para darnos cuenta de que tenemos ante nosotros una nueva voz de Black, diferente de la que escuchamos cuando leemos las andanzas dublinesas del forense Quirke, su hija Foebe y el inspector Hackett, más parecida pero no igual a la que nos entregó con ‘El lémur’. Lo difícil, además, es colegir cómo le llega a Benjamin Black otra voz nueva, que no es suya, que es de Chandler, de Marlowe y sin duda de otra época. Cuando uno ya tiene su propia voz narrativa, y Black/Banville tienen dos, no es sencillo hacer suya una tercera. Pero lo ha conseguido. Reto superado. Y la puesta en escena es tan correcta que el título procede del propio Chandler. Lo tenía pensado para una de sus futuras entregas, pero no llegó a usarlo.

domingo, 20 de mayo de 2012

‘En busca de April’ de Benjamin Black. Hay que mantener las apariencias.


‘En busca de April’, tercera novela de la serie protagonizada por el forense Quirke, no defrauda. Al contrario, reafirma todas las bondades y cualidades que se anunciaban, y detectábamos, en las dos entregas precedentes. Una mujer, April Latimer, amiga de Phoebe, la hija de Quirke, ha desaparecido sin avisar, sin dejar huella, y nadie conoce su paradero. De ello se entera el forense recién vuelto de su terapia antialcohólica, que le ha tenido recluido durante seis semanas en el Hospital de San Juan. A partir de ahí, comienza la búsqueda de la mujer desaparecida. 

Benjamin Black, el otro nombre del escritor John Banville, casi un alias ya, sigue siendo, a mi juicio, uno de los más altos valores, sino el más alto de todos, de la novela negra actual. A los rasgos clásicos del género, Black le ha añadido un barniz literario de primer orden y una espléndida profundidad de personajes. En esta entrega, desde el primer momento tenemos claro lo que ocurre y, apenas hemos leído las cien primeras páginas intuimos el desenlace, siempre con riesgo de equivocarnos, claro está. Pero no lo vemos. El desenlace, quiero decir. El gran mérito de Black es que el lector, aunque lo tiene delante de sus narices, bien patente, no es capaz de darse cuenta hasta el último capítulo. Por eso, el desenlace se le antoja lógico ya que, sin duda, es el único punto final coherente y consecuente con todo lo narrado a lo largo de las trescientas y pico páginas de la novela. Claro que, en Benjamin Black, en sus historias, el final no importa tanto como en otras. 

miércoles, 20 de octubre de 2010

La irresistible escritura de John Banville o Benjamin Black.

Herme Cerezo/SIGLO XXI, 21/10/2010

En una entrevista publicada en el diario ABC hace algún tiempo, el escritor irlandés John Banville, Wexford, (Irlanda), 1945, explicaba que “En mis pesadillas veo un diccionario de escritores editado en 2080 donde en la entrada de John Banville se lee: “Banville, John”: ver “Black, Benjamín””. Así vive este autor, al que algunos críticos han bautizado como “escritor de escritores”, la bifurcación que, desde hace unos años años, ha sufrido su carrera literaria. Por un lado, pervive Banville, John, autor de títulos como ‘Ghosts’, ‘Athena’, ‘El intocable’, ‘Eclipse’, ‘Impostoras’, ‘Prague Pictures: Portrait of a City’ y ‘El mar’, editor de The Irish Times y colaborador asiduo de The New York Review of Books. Y por otro, ha surgido de su propia persona Black, Benjamín, como por ensalmo, todo un fogonazo, autor de tres novelas negras: ‘El secreto de Christine’, ‘El otro nombre de Laura’ y ‘El lémur’, estos tres últimos títulos publicados en España por Alfaguara.