El historietista francés nos atrapa con una narración sin artificio. Valiente y honesta. Atrevida. Una obra maestra difícil de superar.
Pocas veces he tenido que tomar distancia y reprimir las ganas de escribir sobre un cómic tras su lectura. Esta es una de ellas. Leer ‘Dos mujeres desnudas’ del francés Luz, editado por Reservoir Books y traducido por Carlos Mayor Ortega, me supuso algo parecido a una bofetada. Una bofetada de belleza. Punto de vista y concepto. El tema escogido por el francés y, sobre todo, el modo en que lo narra, me dejó perplejo. Estupefacto. Maravillado. Precisaba de una pausa, una tregua, un periodo de calma para asimilar todo lo que terminaba de leer. Sentarse a escribir en ese momento hubiera servido de poco, apenas para amontonar un puñado de impresiones sin mucho concierto ni orden.Las ocho o diez páginas iniciales
ofrecen al lector una suerte de mancha, como si el papel sobre el que el
dibujante trabaja se estuviera desgarrando o tiñendo. Poco a poco, estos
desgarros, estos tintes, cobran forma y tenemos frente a nosotros, frente a los
lectores, al pintor Otto Mueller, armado con su pincel que conforma el contorno
y los detalles de un lienzo: el cuadro ‘Dos mujeres desnudas’ (1919), que dan
título al álbum. Y a partir de ahí, todo cambia.


