¿Qué
es lo que nos hace diferente como especie, en qué consiste la condición humana? ¿Sabernos frágiles,
expuestos, mortales? ¿Cómo seríamos si no temiésemos el mal ajeno?... Estas son
algunas – hay más – de las preguntas que intentan responder los cuentos que
integran el libro de la escritora argentina. Nuestra conversación, distorsionada
por la reverberación de la megafonía sobre los muros del convento, dio comienzo
pasadas las cinco de la tarde. Tras la presentación ritual, llegaron preguntas y
respuestas.
Valeria, naciste en Rosario y la primera
cuestión, doble, es casi obligatoria: ¿eres seguidora de Rosario Central o de Newell’s
Old Boys o, quizá no te interesa el fútbol?
Sí,
sí me gusta el fútbol, pero soy de River [risas].
Siempre que entrevisto a una escritora
por primera vez, formulo la misma pregunta: ¿qué significa para ti escribir?
Bueno,
escribir para mí es una manera de dialogar conmigo misma. De profesión soy
abogada, lo digo siempre, y no hubiera escrito si no me hubiera marchado de mi
país. De alguna manera, escribir fue como encontrar un hilo conductor para
contar cosas sin implicarme. Cuando te vas fuera, necesitas hablar y, para
hacerlo, has de explicar tu contexto, de dónde eres, cómo eres, a qué te dedicas…
Escribir te permite obviar ese trámite y contar lo que te preocupa. Italo
Calvino venía a decir que «usted escribe como algunos animales hacen guaridas»
y esa idea de refugio, de cuidarse con las palabras me gusta mucho.
En la charla que participaste ayer dentro
del Golem Fest, definiste al escritor como «un arqueólogo de sí mismo», ¿puedes
desarrollar un poco más este concepto?
La
idea es que de alguna manera escribo ficción. No hago biografías del yo, un
género respetable pero que no practico. Nada de lo que hay en ‘La condición
animal’ me pasó a mí, pero sí narro a través de los personajes desde mi
experiencia. En ese sentido, digo que el escritor es un arqueólogo porque
trabaja armando la ficción, pero desde sus sentimientos, desde sus recuerdos.
Yo no creo en la fantasía ni en la imaginación sino en la mala memoria. Uno vive
cosas, las ve, las olvida, luego asocia esos fragmentos de memoria y eso es lo
que llamamos imaginación, es decir, por un lado escribo ficción, pero no lo es
tanto. Hay una pequeña contradicción en ello.