«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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martes, 11 de junio de 2019

Carlos Hernández de Miguel: «La verdad se acaba abriendo camino, aunque en España los obstáculos son mayores que en el resto del mundo democrático»

Imagen cedida por la editorial.

Nº 576.- ‘Los campos de concentración de Franco’ de Carlos Hernández de Miguel (Madrid, 1969), publicado por Penguin Random House, es una obra que se echaba de menos dentro del panorama historiográfico de la Guerra Civil y la posguerra. Su aparición viene a rellenar un hueco solo parcialmente cubierto hasta ahora por obras monográficas y específicas, que han carecido de la suficiente difusión entre los especialistas y el público lector.  Hernández de Miguel ha escrito un volumen exhaustivo, intenso, que abarca desde el listado de los campos de concentración existentes en España, clasificados en provisionales, estables y de larga duración, hasta el testimonio personal de muchas de las personas que vivieron el horror entre sus muros, sus barracones o sus alambradas. Conventos, plazas de toros, campos de fútbol, naves industriales, cuarteles… todo sirvió para hacinar a miles de prisioneros procedentes del derrotado ejército de la República. Quizá para entender un poco lo que allí se vivió, valga la pena reproducir aquí la frase de uno de los reclusos, Eduardo de Guzmán, que el propio Carlos Hernández de Miguel  incluye en los comienzos del libro: «Pronto envidiaremos a los muertos».

Carlos, Vd. ha sido y es corresponsal, periodista y escritor, ¿qué significa la escritura para usted?
En mi caso es la herramienta para contar historias y describir la realidad.

¿Por qué publicar ahora este libro sobre los horrores de los campos de concentración? ¿Fue sólo a petición de los lectores, como indica en el propio texto, o le movía algún otro motivo a hacerlo?
Realmente fue una petición que recibí mientras realizaba mi anterior investigación sobre los españoles y españolas que fueron deportados a los campos de concentración nazis. Algunos de los supervivientes a los que entrevisté y sus familiares me pidieron que, cuando publicara ese libro, me centrara en los campos de concentración franquistas que eran mucho menos conocidos que los abiertos por Hitler.

¿A su juicio por qué nadie hasta ahora se había interesado en publicar nada sobre este asunto?
Ha habido algunos trabajos sobre el tema como el que realizó el historiador Javier Rodrigo en 2005. También hay media docena de monografías sobre campos específicos, muy destacadas. Sin embargo todos estos trabajos se habían quedado en el ámbito académico o local y no habían llegado al gran público. El que nadie lo hiciera antes yo lo atribuyo a esa anomalía en la que vive nuestro país. Una anomalía donde nos robaron la memoria y falsearon la Historia. Lo hizo Franco, durante 40 años de dictadura, con el objetivo de ocultar sus crímenes y blanquear su represión. El problema es que no corrigió el error nuestra democracia. Aquí no ha habido una política estatal encaminada a sacar a la luz nuestro pasado. Lo hicieron Alemania, Japón o Austria. Lo hizo mucho después Rusia, Argentina o Chile… pero aquí seguimos viviendo en las mentiras, el silencio y las medias verdades.

Señala Vd. que este libro no hubiera sido posible sin el trabajo de tantos y tantos archiveros anónimos que hay en este país, ¿la sociedad española es realmente consciente de la importancia del cometido que ellos desarrollan?
En absoluto. Este país nunca ha cuidado esos templos de nuestra Historia que son los archivos y mucho menos al personal que trabaja en ellos. No es casual. Obedece al mismo problema que he mencionado en la pregunta anterior. Aquí se ha tratado de que no miráramos hacia el pasado, de que no conociéramos lo que sucedió durante la guerra y la dictadura. Y una de las estrategias que han utilizado los poderes públicos para conseguirlo es no realizar una política archivística que permitiera analizar la documentación existente para ponerla a disposición de investigadores y ciudadanos. Los archiveros luchan muchas veces contra esa dinámica y realizan un esfuerzo extra para facilitar el trabajo a personas como yo. Por eso quise dedicarles este libro.