«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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lunes, 23 de julio de 2012

Adiós, Esther Tusquets

Hoy llega la mala nueva del fallecimiento de Esther Tusquets. La traen todos los diarios. En papel y virtuales. La prensa, de modo especial en los últimos tiempos, parece haberse convertido en heraldo de tristes noticias y peores augurios. A pesar de que no le gustaba demasiado su oficio de editora, Esther Tusquets, nacida en Barcelona en el año 1936, fue capaz de colocar en primera línea la editorial que llevó (y lleva) su propio apellido. A pesar también de que enfrente tuvo a rivales tan potentes en la República de las Letras como Planeta o Seix Barral. La empresa fue fundada por Magín, su padre que, a su vez, la compró a un hermano suyo, Carlos, que era sacerdote al terminar la Guerra Civil. El sello de Tusquets es enorme y alberga un montón de escritores de primera fila. No hace falta citarlos. Otra editorial, Lumen, igualmente emanada del tronco familiar y dirigida por  Milena Tusquets, hija de Esther, fue la introductora en España de uno de los personajes del mundo del cómic sudamericano más conocido de todos los tiempos: Mafalda. Sin olvidar al polifacético escritor, ensayista y semiólogo Umberto Eco. Pero no voy a levantar aquí relación de las obras publicadas por la escritora barcelonesa, ni los libros que editó, ni sus relaciones familiares, creo que difíciles, ni siquiera su afición al bingo. No. Solo quiero hablar de mi experiencia personal con ella.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Esther Tusquets, escritora:"En España, colarse se considera como algo gracioso, nada indignante"

Herme Cerezo/SIGLO XXI, 13/12/2010

‘Pequeños delitos abominables. Catálogo irreverente de buenas maneras’ (Ediciones B) es el último título publicado por la escritora barcelonesa Esther Tusquets en el que plantea "una serie de cuestiones cotidianas que no suelen ser tratadas en los libros, ni siquiera en los medios de comunicación, donde se muestra, entre otros muchos delitos más o menos abominables, la mala educación, la falta de sensibilidad y de sentido del ridículo, el egoísmo, la indiferencia ante el dolor ajeno, la tacañería, la vanidad, el arribismo y la incultura". El título contiene dos vocablos que podríamos considerar contradictorios: pequeños y abominables. "Esas palabras están colocadas ahí a propósito para compensar. ‘Pequeños delitos abominables’, parece indicar que se trata de algo grave y al incluir el adjetivo pequeños, la cosa se suaviza, se relativiza. Siempre me han gustado las paradojas".

sábado, 26 de diciembre de 2009

Esther Tusquets, escritora: “En cada rincón de Barcelona me ocurrieron cosas y, cuando paso por uno de ellos, las recuerdo”.

Herme Cerezo/SIGLO XXI, 19/12/09

Esther Tusquets llegó al Hotel Astoria de Valencia sobre las siete de la tarde. La presentación fue cordial y, todavía de pie, pidió una horchata. “Me gusta mucho”, dijo como explicándose, mientras la apuraba rápidamente. Ocupó el rincón derecho del sofá, ayudándose con un par de cojines. La luz roja de la grabadora se activó. Y comenzamos a conversar. Durante muchos años, Esther Tusquets, Barcelona (1936), fue editora, una de las más importantes del pentágono peninsular. Después decidió ver los toros desde el otro lado de la barrera y comenzó a escribir. Su visita a la capital del Turia, ya saben, ese río sin agua pero con dos cauces, obedecía a la promoción de ‘Confesiones de una vieja dama indigna’, segunda parte de ‘Habíamos ganado la guerra’, recientemente publicada por la editorial Bruguera, un análisis detallado de la posguerra, un retrato de época hecho por alguien que descubrió que se encontraba en el bando equivocado. De la lectura del libro se desprende una cierta inquietud, no sé si llamarla pesar, que me impide colegir cuál de sus dos profesiones, editora o escritora, le duele más o menos. “Dolerme no me ha dolido ninguna de las dos, pero siempre me gustó más escribir”. Su opinión sobre su ciclo editorial tampoco es mala del todo. “Después de cuarenta año que me dediqué a ello, la verdad es que resultó una tarea muy agradable y encima dicen que lo hice bien. Pero aunque fue uno de los mejores trabajos que me podían tocar en este mundo, no lo elegí yo”. En efecto, fue su padre quien lo decidió por ella al adquirir una editorial, llamada Lumen, fundada en Burgos por Monseñor Tusquets, su tío, cuyo origen le intrigó desde el principio, porque Esther pensaba que algunas cosas no cuadraban. “Siempre me pareció raro que, en plena Guerra Civil, mi tío, Monseñor Tusquets, fundase una editorial”. Y con el paso del tiempo, descubrió cosas que no le gustaron nada. “Lumen era una editorial totalmente propagandística, que editaba panfletos contra los judíos y los masones bajo el epígrafe de Ediciones Antisectarias. Y el dinero provenía del propio Franco, a través de Serrano Súñer”.