«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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lunes, 19 de mayo de 2025

Susana Fortes: «Camus no era un dios, era sólo un hombre. Ahí radica su grandeza»

 

copyright@hermezo2025
Nº 700. El primer sol de la tarde pespuntea los pináculos del Mercado de Colón. Es la hora del aperitivo y los habituales del lugar ocupan sus mesas en busca de un vermut, una cerveza o una copa de vino. Hay que reparar el ánimo. Es viernes y el tardeo se anuncia inminente. Susana Fortes llega puntual a la cita. Pantalón y blusa blanca, protegida con una chaqueta suave de color azul marino. Larga. Toma asiento. La escritora gallega acaba de publicar ‘Sólo un día más’ (Espasa), la historia de amor entre Albert Camus y María Casares, que explotó justo el mismo día del desembarco en Normandía, el día D. Una premonición? Sin duda. La suya no fue una relación tranquila. Antes bien, al contrario. Estuvo llena de subidas y bajadas, de idas y venidas, de desencuentros, de abandonos poco definitivos. Él estaba casado. Ella no. Dos personalidades fuertes que, quizá, se quisieron demasiado. La novela asienta sus raíces en la publicación en castellano de las 865 cartas, que se cruzaron el escritor y la actriz a lo largo de los quince años que duró su relación. Una relación interrumpida, bruscamente, por el accidente de coche, que le costó la vida a Camus el día 4 de enero de 1960. Un siniestro extraño, cuya investigación no terminó de esclarecer lo sucedido. Susana la ha enlazado con otra historia, otra relación de amor, actual, que le permite explicar al lector la carpintería que sostiene la construcción de una novela. Con la grabadora conectada sobre la mesa, piloto rojo bien encendido, comenzamos nuestra conversación, que arrancó con el tema de la semana: el apagón que sufrió toda España, apenas cuatro días antes.

SF. El apagón me pilló en casa, afortunadamente. Y sin dinero en efectivo. Hube de buscarlo y me compré una radio en los chinos para intentar tranquilizarme. Vivimos en un mundo tan interconectado que te sientes desvalida en esos momentos. Pensé en las personas a las que les pilló en el tren… Nos reímos cuando nos hablaron sobre el kit de supervivencia, pero nos cayó encima una soberbia. La primera en la frente. Dinero en efectivo, radio, pasaporte listo, son cosas que hay que tener preparadas. Por otro lado, me gustó mucho el grado de civismo que demostró el país. Tenemos una gente sensata y solidaria, muy por encima del nivel de nuestros políticos.

martes, 4 de octubre de 2022

Susana Fortes: «La incertidumbre está en el germen mismo de la literatura. Sin ella no hay novela»

Nº 640.- La tarde del 12 de agosto de 1979, los hermanos Nicolás y Hugo Cadavid Freire y la pequeña María Blanca Suances Díaz desaparecen en una localidad del Baixo Miño. La niña es encontrada a la mañana siguiente dentro de una cesta de mimbre en la orilla opuesta del río sin recordar nada de lo ocurrido. Pese a una intensa búsqueda, los cuerpos de los dos niños nunca aparecieron. Veinticinco años después el hallazgo de unos restos óseos en un yacimiento arqueológico apunta a que se trata de los dos hermanos desaparecidos. A partir de entonces, Blanca y el periodista Lois Lobo inician una compleja búsqueda para descubrir qué sucedió entonces. Esta es la trama, la intriga, sobre la que se asienta la nueva novela de Susana Fortes, titulada ‘Nada que perder’, publicada por Planeta. Escrita en primera persona, en su trasfondo palpitan los ecos de la Transición, del contrabando y de la memoria recobrada. Fue un martes de septiembre, no importa cuál, cuando conversé con la escritora gallega, en la cafetería de un hotel del centro de València. La grabadora, después de tanto tiempo, ya conoce su oficio y no tardó el piloto rojo en emitir la señal de partida para nuestra charla. Empezamos.

Del Londres de 1955, que aparecía en ‘Septiembre puede esperar’, has pasado a la Galicia de finales del siglo XX y comienzos del XXI en ‘Nada que perder’. Susana, ¿cómo se cruza esta historia contigo? ¿La buscaste o te llegó?

Se me cruzó como todas las demás. A mí me gusta hacer cosas nuevas. Eso que dicen que los escritores escribimos siempre la misma novela me infunde terror. Es verdad que somos reconocibles por nuestro estilo, pero esto de repetirse en un terreno donde te encuentras cómodo no me va en absoluto. Es muy probable que esta historia surgiera en un viaje que hice con mis hermanos para celebrar el cumpleaños de mi madre a la zona del Baixo Miño, donde ella había vivido. De niña había estado allí, pero en esta ocasión me impactó mucho. Es un paisaje imponente con el monte de Santa Tecla, donde hay un antiguo poblado romano, que ya estaba ocupado desde la Edad del Bronce. Recordé que mi abuela me había contado historias de niños desaparecidos, algo que me había impresionado siempre. Y fue allí donde empecé a imaginarme una furgoneta entre los pinos, una pista forestal, una mochila, unos niños, los veranos de finales de los años setenta… A partir de ahí fui tirando del hilo y salió esta narración.

‘Nada que perder’ recuerda a la serie televisiva ‘True Detective’ o a la película ‘Matar un ruiseñor’, ¿hay algo de homenaje al cine en tu novela?

Es inevitable que en todas mis novelas haya referencias al cine y a los libros. Escribes con tus vivencias personales, tus recuerdos y con todo lo que has visto, leído y oído. Además de los títulos que has citado también aparecen ‘La Odisea’ y los libros de ‘Los Cinco’. Por supuesto que no se trata de ningún canon literario, pero eso es lo que leíamos entonces. En la novela también ocupa un lugar importante la película ‘Flashdance’, que me recuerda los tiempos del colegio cuando hacíamos gimnasia rítmica y bailábamos su banda sonora. La protagonista era una soldadora metalúrgica, que siempre iba en bici y que por la noche bailaba. Ese icono se me quedó ahí para siempre.

Precisamente, ‘Nada que perder’ va a ser llevada a las pantallas, no sé si en formato de serie o de película, ¿qué sensaciones te deja ese proyecto?

Sí, va a ser llevada a una serie, pero espero que tarde un poquito aún. Quiero que la gente lea antes el libro, porque a mí me gusta que los lectores aten cabos, respiren el ambiente e imaginen los paisajes por sí mismos. Me molestan mucho los libros demasiado explicativos, que te proporcionan tanta información y son tan notariales, que no dejan hueco para que el lector ponga un poco de su parte. Antes que nada me siento una lectora y como tal quiero que me consideren un ser inteligente y reclamo ese espacio. En consecuencia, al escribir, procuro hacerlo así.

Aunque eso de poner etiquetas cada vez resulta más complicado por la hibridación de géneros, ‘Nada que perder’ parece un thriller con protagonistas muy potentes. ¿Te interesan más los personajes o la peripecia?

Sí, es un thriller algo atípico. Al final creo que los géneros son una convención y que los utilizamos para hablar de nuestras angustias y de cómo nos manejamos en la vida. Es verdad que los autores de novela negra, como los escritores nórdicos o Benjamin Black, me gustan mucho, porque siempre cuentan algo más. Sin embargo, cuando se limitan a organizar un crucigrama con el que resolver un enigma, me saben a poco. Me interesa especialmente cuando detrás de todo hay una filosofía y una construcción de los personajes. Si ellos no importan y no se analiza todo lo que les sucede, pues, apaga y vámonos.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Susana Fortes: «Londres es un personaje más de la novela. Es una de mis ciudades favoritas para pasear por sus calles»

Nº 532.- El 8 de mayo de 1955 la escritora Emily J. Parker desaparece en Londres mientras la ciudad celebra el décimo aniversario del final de la II Guerra Mundial. Nunca más vuelve a saberse nada de ella. Años más tarde, Rebeca, una estudiante española de filología, decide trasladarse a la capital británica para preparar su tesis doctoral sobre la misteriosa escritora. Durante la investigación, la infancia y la vida familiar de Rebeca se van trenzando con el pasado de Emily en el Londres del Blitz y de la posguerra, en un entramado de espionaje y relaciones sentimentales que forman un extraño puzle tan sugerente como difícil de interpretar. Con estos argumentos, Susana Fortes acaba de publicar ‘Septiembre puede esperar’, editada por Planeta, en la que mezcla misterio, intriga psicológica, historia, humor, amor y una pizca de espionaje, enmarcados en el sugerente escenario de las calles londinenses, vistas desde la perspectiva de lo que son y lo que fueron.
Susana, novela a novela te has labrado una carrera literaria más que consistente, saludada por varios premios de renombre, desde esta perspectiva, ¿cómo ves tu trayectoria como escritora?
Una  nunca tiene una visión así de su trayectoria. La vivo día a día, pero es cierto que me siento una privilegiada porque, en una época en la que no era tan difícil publicar como ahora, empecé con el premio que me otorgaron por ‘Querido Corto Maltés’ y hoy sigo escribiendo y publicando, algo que siempre te anima. Detecto que ha habido una evolución en mi estilo, malo sería lo contrario. Mi tendencia a adjetivar a tope en mis primeros libros, ha dado paso a un lenguaje que trato de dejar en el puro hueso. Creo que hay que escribir cómodo. Al lenguaje no se le puede poner pajarita y smoking, hay que vestirlo igual que como se escribe, es decir, con vaqueros y zapatillas. Pienso que debo tratar al lector de tal manera que también se sienta cómodo y por esto intento decir más diciendo menos que antes.
Para ti, ¿escribir es una enfermedad, un padecimiento, un trabajo o un placer?
Un placer, absolutamente. Eso de la tortura del escritor no lo entiendo. Yo no escribiría si no me hiciera feliz, lo que no quita para que, a veces, sea un trabajo duro al que has de dedicarle muchas horas, aislarte, renunciar a ciertas cosas porque te encuentras muy volcada en ello. Pero estás así porque te gusta. Es el mismo placer que siento por leer. En este sentido, para mí ambas cosas son iguales.
Has hablado de aislamiento y renuncia, en la novela cuentas que Virginia Woolf, como mínimo, para escribir pedía disponer de una habitación.
Yo me conformo con menos, con cerrar la puerta. Ésa es mi forma de decir en mi casa que no me molesten. Es importante tener un territorio en el que tú estás a solas, un lugar placentero que te proporcione el espacio que necesitas para desarrollar el gasto de energía que requiere la escritura. No necesito ningún escritorio sofisticado, con un rincón confortable, una mesa, un ordenador y algo de luz tengo suficiente.

lunes, 14 de abril de 2014

Literatura en tiempo de crisis - Cincuentenario de Cartelera Turia


S.Fortes, A. Cervera, X. Aliaga, V. Vergara, C. Amoraga  A. Moner
A veces uno siente necesidades imperiosas de acudir a un sitio, a una cita, a un encuentro inesperado. El motivo que le mueve a ello es impreciso. Desconocido. Algo de eso me ha ocurrido hoy. Por casualidad descubrí el pasado sábado que en la Universitat Vella, la de la calle de La Nave, cinco autores iban a hablar de algo parecido a la actitud del escritor ante la crisis. El título, más o menos rimbombante, más o menos obligatorio, académico tal vez, era Literatura en tiempo de crisis. La mesa redonda la organizaba la Cartelera Turia dentro de las actividades que viene desarrollando desde el pasado mes de enero para conmemorar su cincuentenario. Como maestro de ceremonias oficiaba José Ramón García Bertolín, un colega aventajado. Algo se encendió en mi cabeza, alguna bombilla que permanecía apagada mucho tiempo, más o menos seis meses, el periodo que abarca desde el día en que los médicos me aconsejaron que visitara el quirófano hasta que se produjo la intervención. Esos meses me aparté de muchas cosas, entre ellas las entrevistas literarias, algo que me gusta bastante.
Un momento de la mesa redonda.
Me volví un tipo huraño, más perro verde de lo que soy, incluso para mi propia familia a la que llegué a angustiar demasiado. Superada la operación, superado el postoperatorio, superada la flojera, he regresado a la grabadora y al ordenador, al lapiz bicolor y al blog de notas. Pero me faltaba algo. Ese algo era acudir a una sesión como esta. Necesitaba ver a Carmen, a Susana, a Alfons, probablemente también a Berto con el que hacía tiempo que no coincidía. Charlar con ellos, chocarles la mano, darles dos besos. Y eso ha pasado hoy mismo. Esta tarde, casi esta noche. Hace apenas un par de horas. Nada. De paso les he echado el ojo a dos escritores desconocidos para mí: Anna Moner y Xavier Aliaga, ambos plumíferos de la dolça llengua catalana. Benvinguts a EL ECO DE LAS VOCES. Ah y sobre lo tratado en la mesa redonda, podría colgar un resumen. De hecho he tomado notas. Bastantes. Pero lo importante eran ellos. Lo demás, puro segundo término. De verdad.

Herme Cerezo

miércoles, 12 de febrero de 2014

‘El amor no es un verso libre’ de Susana Fortes. El aire de una época, el oficio de una escritora, una historia de amor.

El oficio de escribir se adquiere escribiendo aunque desde el principio se tenga claro que uno desea escribir. ‘El amor no es un verso libre’, la nueva novela de Susana Fortes, es un libro con oficio, bien narrado, de entramado sencillo pero eficaz. La Residencia de Estudiantes, donde en principio se ubica la acción, era refugio de universitarios e intelectuales. Un pequeño toque, leve a mi modo de ver, transmite al edificio la sensación de realidad, le otorga relieve y transforma el centro estudiantil en algo que sobrepasa la tinta negra y el blanco papel para hacerlo verosímil. Este leve toque nos lo tropezamos en la página 86: “Oyó el silbato lejano de un árbitro marcando el final de un partido en las pistas deportivas que estaban al otro lado del edificio y le pareció un eco tan lejano como su propia juventud”. El deporte, una competición, términos muy ligados a la actividad académica, aunque no lo parezca, y la juventud, la que vive en la Residencia, la que quema energías practicando actividad física. El silbato de un árbitro, lejano además, que aporta al texto una sensación de cotidianeidad, de salud, de vitalidad. De ahí lo del oficio de escribir: en un detalle tan nimio, todo un universo construido, levantado, descrito.

lunes, 6 de junio de 2011

Susana Fortes, escritora: “Aunque me equivoque, me resulta indispensable plantearme nuevos retos”

Herme Cerezo/SIGLO XXI, 06/06/2011


Conocí a Susana Fortes hace varios años, cuando la entrevisté para una revista local. Unos cuantos meses antes se había proclamado finalista del Premio Planeta con su novela ‘El amante albanés’. El tiempo pasa y otros títulos han jalonado, y premiado, su carrera literaria. Ahora, la escritora pontevedresa da un salto para enfrentarse a un nuevo género: la novela policial o, quizá mejor, el thriller. Con la voz que ya le es propia, nos cuenta que, junto a un altar de la catedral de Santiago de Compostela, es hallado el cadáver de una joven al mismo tiempo que desaparece un manuscrito de Prisciliano, el gran hereje gallego. El subcomisario Castro se enfrenta a ambos problemas con la ayuda de dos periodistas: Laura Márquez, una becaria que ha llegado a Santiago huyendo de sus propios fantasmas, y Villamil, reportero medio anarcoide que conoció tiempos mejores en su terreno profesional. Esencialmente, éste es el argumento de ‘La huella del hereje’, editada por Planeta, novela sobre la que pude conversar durante unos minutos con su autora.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Susana Fortes, escritora: “Un fotógrafo de guerra sabe que tiene muchos boletos para que tarde o temprano salga su número”

Herme Cerezo/SIGLO XXI, 20/07/09

Susana Fortes (Pontevedra, 1959) ha ganado recientemente el XIV Premio Fernando Lara de novela con su obra ‘Esperando a Robert Capa’. La obra narra la relación entre el fotógrafo Robert Capa y Gerda Taro, su amiga, compañera sentimental y colega en la profesión, en dos momentos: uno, en París, donde trabaron conocimiento, y otro, en España, país al que viajaron para cubrir con sus reportajes la Guerra Civil. Precisamente el hallazgo en México de 127 rollos de negativos, correspondientes a este último periodo, que contenían material inédito propiedad de la pareja y del también fotógrafo David Seymour, ‘Chim’, incentivó el interés de la escritora pontevedresa por el tema. Una de las instantáneas encontradas, publicada en el diario The New York Times, donde se ve a Gerda dormida y enfundada en un pijama del fotógrafo, actuó como disparador de su imaginación y terminó de decidirla a escribir este libro.