«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
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domingo, 11 de septiembre de 2016

María Gudín: «Como escritora de novela histórica, hay de ser muy rigurosa con la Historia»

Dice María Gudín en su blog, que siempre ha inventado historias porque la mente le juega malas pasadas y le invita a evadirse. «La imaginación se me desmanda a menudo, y me introduce en mundos paralelos, lejanos de la realidad o cercanos a ella». En esta ocasión, su mente le ha hecho concebir una historia de amor y aventuras, enmarcada en la Inglaterra de la guerra civil y en un Caribe trufado de piratas.

‘Mar abierta’ (Grijalbo), la nueva novela de la escritora asturiana afincada en Ciudad Real, arranca en el año 1655 en un Santo Domingo, rebosante de bullicio y alegría. Sin embargo, Catalina de Montemayor y Oquendo, la protagonista, se refugia en la penumbra de su habitación. ¿Qué historia esconde su silencio? En 1638, ella y su madre Isabel habían embarcado en un galeón rumbo al Nuevo Mundo para reunirse con su padre y esposo, al que no ven desde hace años. Sin embargo, el destino las llevará a quedar detenidas en Inglaterra, concretamente en Oak Park, la Casa del Roble, propiedad de los Leigh, donde Catalina será acogida como una más y encontrará en Piers, el hijo menor de la familia, el mejor compañero de juego posible. Juntos crecieron y corrieron mil pillerías hasta que una guerra fratricida los separó. ¿Cómo llegó Catalina a Santo Domingo? Hasta aquí se puede desvelar. El resto hay que leerlo en el libro. Como preparación a la lectura, sirva la charla que sigue a continuación, mantenida con María Gudín hace unos días en Valencia, bien resguardados de los rigores estivales de la primera hora de la tarde. Corre el mes de septiembre del año de Gracia de 2016.

María, mucho tiempo sin publicar.
Han sido cinco años, desde dos mil once cuando publiqué ‘El astro nocturno’.
Como señalas, has tardado cinco años, pero te ha servido para cambiar de época, para transitar desde los visigodos hasta el siglo XVII.
Lo cierto es que estaba un poco cansada de tanto visigodo y, aunque me ha costado bastante concluir ‘Mar abierta’, he llegado a un momento histórico distinto que me ha resultado muy interesante. Además, me he divertido mucho mientras la escribía.

lunes, 10 de octubre de 2011

María Gudín, escritora: “Mi novela es una forma de conmemorar la fecha del inicio de la invasión de España por los musulmanes”.

El noble visigodo Atanarik recorre el norte de África buscando tropas bereberes para iniciar una campaña contra el corrupto reino de Toledo. Recuerda su huida de la corte,  perseguido por un asesinato que no cometió y acompañado por una sierva vascona, Alodia, a la que tiempo atrás había rescatado de un sacrificio infame. Más tarde, tras la caída del reino, en las montañas de Vindión, en la cordillera astur cántabra, un antiguo gardingo real se levanta, a la cabeza de sus fieles, contra el gobernador Munuza. Entretanto, en el Pirineo, la población vascona se enfrenta al nuevo poder opresor. En medio de las guerras y la intriga política, la historia de amor de la sierva Alodia hacia el noble visigodo Atanarik se va desarrollando como un río de paz en un momento caótico de la historia de nuestro país. A grandes trazos este es el argumento de ‘El astro nocturno’, editado por Ediciones B, una novela que mezcla elementos legendarios con intrigas políticas, un misterioso asesinato, una guerra devastadora y una historia de amor en el marco de la invasión árabe de la Península Ibérica. Con esta publicación, su autora, María Gudín, cierra su trilogía dedicada al mundo visigodo. Una vez más en la cafetería del Hotel Astoria, en una tarde todavía no otoñal, pude conversar con ella durante algunos minutos sobre árabes, godos, crónicas y santos cálices.

domingo, 13 de diciembre de 2009

María Gudín, escritora: “Para escribir necesito viajar a muchos siglos antes, trasladarme a épocas muy remotas”

Herme Cerezo/SIGLO XXI, 16/05/09

Alarico, Ataúlfo, Sigerico, Walia, Teodorico, Turismundo, Teodorico II, Eurico, Alarico II, Gesaleico, Amalarico, Teudis, Teudiselo, Agila, Atanagildo, Liuva I, Leovigildo, Recardeo, Liuva II, Witerico, Gundemaro, Sisebuto ... Son algunos de los reyes godos que gobernaron la Península Ibérica. Hay más, pero no hace falta citarlos a todos. Sus nombres viven sumidos en un periodo brumoso y antiguo, un tiempo enterrado entre el imperio romano y la civilización árabe, un territorio que abandonan de vez en cuando para atraer nuestra atención. Después llegarían los reinos cristianos tradicionales: Castilla, Aragón, los Reyes Católicos ... Los godos, los visigodos, parece que no importen. Son como esas páginas de la Historia que algunos quieren borrar. Lejos ya quedan los años en los que en las escuelas, con un ejercicio estéril de memoria, se hacía recitar a los niños, y a las niñas, sus nombres, los de los reyes godos, digo, como una letanía, como las provincias andaluzas, como la alineación de cualquier equipo de fútbol con muchos, muchos reservas.