
«Murió en abril, de madrugada, en una de esas horas imprecisas entre
el día y la noche en que los vínculos entre carne y espíritu parecen aflojarse,
esas horas que tan propicias resultan para abandonar este mundo». Con estas
palabras, que cuentan la muerte de Miguel de Cervantes, arranca ‘Madrid 1616’,
la nueva novela del escritor albaceteño Eloy M. Cebrián y de su compañero, en
esta aventura literaria, el bibliófilo Francisco Mendoza. La obra, editada por
Algaida, es la continuación o la segunda parte o la secuela de ‘Madrid 1605’,
publicada en el año 2012.
Desde el principio hay que dejar claro que no se trata de un libro
escrito a cuatro manos, como la portada parece indicar. El trabajo de Cebrián y
Francisco Mendoza está perfectamente delimitado. Hay división de funciones y
cada uno tiene su misión en esta empresa. «Mendoza se encarga de la parte
documental y yo de la parte novelística – explica Eloy Cebrián –. Él es un
bibliófilo muy respetado, que posee una notable colección de libros antiguos, y
es autor de varias obras sobre bibliofilia. Precisamente, en una de ellas,
esbozaba el posible guión para una novela y, como Paco no es novelista, anduvo
insistiéndome varios años para que yo la escribiera. Finalmente acepté el
proyecto, con la única condición de que él me proporcionaría toda la documentación
y yo gozaría de absoluta libertad para escribirla». El aspecto documental en un
thriller histórico como ‘Madrid 1616’ resulta fundamental para darle consistencia
al argumento. Y, a tenor de lo que dice el escritor albaceteño, no parece ser
abundante. «De Cervantes se conservan documentos por puro accidente. De vez en
cuando aparecen nuevos escritos suyos, pero no hay demasiados. Actualmente
disponemos de unos veinte textos, escritos de su puño y letra con su autógrafo.
Hay que tener presente que en el siglo XVII únicamente aquellas personas que
pensaban que su vida debía trascender (monarcas, nobles y algún eclesiástico) eran
los que contrataban a escribanos o artistas para que escribieran su biografía o
les retratasen en un lienzo. No ocurría como hoy que cualquiera cuelga su vida
en Facebook. Evidentemente, Cervantes no tenía conciencia de ser persona principal
y carecemos de un buen corpus de escritos suyos».
