Nº 712.
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Blog de literatura, entrevistas, libros, cómics, balonmano, recuerdos y otras cosas.
«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)
Nº 712.
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Ana, eres experta en arte, tasadora y escritora de ficción y ensayo,
qué te atrajo de este mundo para convertirlo en tu profesión?
Qué buena pregunta para empezar, aunque difícil de responder.
Cursé Humanidades con la especialidad de Patrimonio Histórico-Artístico porque
desde bien pequeña me atraía el arte. Recuerdo que mi tía tenía una colección
de piezas de plata y a mí, con tres o cuatro años, me gustaba ponerme a
limpiarlas con ella. Me encantaba mirar los cuadros y libros que había en su
casa. Pero no sabría decirte por qué me
gustaban. Es como si hubiera nacido con esa afición, porque yo provengo de un
medio muy humilde y en mi casa no había ni libros, ni cuadros, ni plata. La
suerte que he tenido después es que, tal vez porque me gusta tanto todo eso, se
me ha dado muy bien y gozo del privilegio de poder dedicarme a ello.
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El director canadiense ha escogido unas partituras muy dinámicas y animadas, muy apropiadas para comenzar el año con optimismo y vitalidad, algo que buena falta nos hace a todos. Ya llegará en la Semana Santa el tiempo de las pasiones, misas y oratorios de Bach y otros compositores para ponernos serios y estupendos.
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Javier, después de más de dos millones y medio de libros
vendidos en España, cómo se consigue llevar una vida normal? La vanidad se
controla bien?
Se controla gracias a una abuela genial que tengo, siempre
con los pies sobre el suelo, muy cercana. Cuando de repente le cuento que acabo
de publicar una novela, con una edición monumental, que está la número uno en
la lista de libros más vendidos en España, ella me dice «Venga, va, vamos a
cocinar», porque le concede cero importancia a esas cosas. Por otro lado, tengo
la suerte de mantener mis pilares de toda la vida, mi barrio, aunque me he
cambiado de casa, mi familia y mis amigos, lo que me produce la sensación de
que nada ha cambiado. Es verdad que tengo más dinero en la cuenta del banco,
pero pienso en las mismas cosas que antes.
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Vicent Bernard, historiador especializado en temas militares, Julien Peltier, diseñador de datos e historiador, y Laurent Touchard, redactor durante varios años en la revista Défense et Sécurité Internationale, son tres especialistas en temas militares y asuntos de guerra. Tras haber participado en diversos proyectos editoriales por separado, presentan ahora de manera conjunta esta ‘Historia de la guerra en infografías’, editada por Crítica, en la que abordan los conflictos humanos, bélicos, acaecidos desde los más primitivos tiempos hasta la actualidad, cuando las tecnologías digitales ocupan un destacadísimo lugar en el desarrollo y resolución de estrategias, guerras y batallas.
‘Historia de la guerra en
infografías’ es un libro tremendamente visual. Bonito de ver. Placentero a
pesar del tema. Como un oxímoron. Ahí radica un porcentaje muy elevado de su
atractivo: el valor añadido de las infografías. Una simple mirada nos aporta
una visión panorámica detallada y nos pone en antecedentes de los aspectos más
relevantes de cada conflicto bélico. Y esta es una información valiosa tanto
para el experto como para el lector profano actual, que quiere saber cosas con
poco tiempo ─ unos breves minutos son suficientes ─, y que mediante un simple
vistazo puede entrar en situación sobre lo que le interesa. El libro se divide
en seis partes bien elocuentes, ya que sus enunciados señalan los elementos
fundamentales que definen las guerras que se nos van a presentar a
continuación. Como muestra, veamos el índice: Parte I: Del Neolítico al Siglo
V. De la piedra al hierro; Parte II: Del Siglo V al siglo XV. Del hierro al
fuego; Parte III: Del siglo XV al siglo XIX. Del fuego al acero; Parte IV: Del
siglo XIX a 1945. Del acero al átomo; Parte V: De 1945 hasta nuestros días. Del
átomo a la digitalización; y Parte VI: Constantes y permanencias. La guerra
eterna.
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Vicenç, aunque llevas mucho
tiempo dándole a la tecla, cuando entrevisto por primera vez a un escritor casi
siempre comienzo con la misma pregunta: qué significa escribir para ti?
Hace muchos años que escribo. Es
una actividad centrada en mi propia vida. En un momento determinado, decidí que
yo me relacionaría con el mundo de dos maneras a la vez: viviendo y
escribiendo. Pensaba vivir y escribir todo lo que me pudiera deparar mi
existencia. Pero no iba a narrarlo todo, sino a relacionarme con la vida a
través de la escritura que es una cosa distinta. De esta manera, cuando tengo
una preocupación o siento dudas, emoción o esperanza me surge siempre una
escritura que puede ser poética, ensayística, narrativa…
Al sostener entre mis manos la novela ‘El nombre del padre’ (Lumen) de Vanessa Springora
Nº 706. Mientras transcribo la entrevista de Aroa Moreno Durán (Madrid, 1981), ya circulan los primeros avisos de la AEMET acerca de las lluvias que se anuncian, inminentes, sobre la Comunitat Valenciana. Al mismo tiempo, recuerdo que, justamente hoy, 27 de septiembre de 2025, se cumple el cincuenta aniversario de los últimos cinco fusilamientos perpetrados por el dictador Franco. Ángel Otaegui Echevarria y Juan Paredes Manotas (miembros de ETA) y Xosé Humberto Francisco Baena Alonso “Daniel”, Ramón García Sanz “Pito” y José Luis Sánchez Bravo Solla “Hidalgo” (integrantes del FRAP) fueron fusilados en Burgos, Barcelona y Hoyo de Manzanares, respectivamente, acusados del asesinato de un policía nacional y un guardia civil. Mucho tiempo después de tan infausta fecha, durante la pandemia, un paseo de la escritora madrileña con su hijo en busca de la naturaleza, les hizo escuchar el eco de unos disparos. Procedían de un campo de tiro del ejército, radicado muy próximo a su casa, algo que Aroa ignoraba. Más tarde descubriría que allí mismo, en un talud de aquella instalación militar de Hoyo de Manzanares, en 1975 habían sido fusilados tres de aquellos cinco condenados a muerte por un tribunal militar, que los sometió a un consejo de guerra sumarísimo, huérfano de garantías procesales. En total, se decretaron once penas de muerte, aunque seis de ellas fueron conmutadas. El resto se cumplieron sin que valieran para nada las presiones internacionales ante el régimen, entre ellas la de Pablo VI que, por tres veces intentó hablar con Franco, que hizo oídos sordos a sus llamadas. De todo esto se ocupa el libro ‘Mañana matarán a Daniel’ (Random House), escrito por Aroa Moreno. Sentados en torno a una mesa de la cafetería del Hotel Zenit de València, mediada la tarde, ya con la grabadora encendida, comenzó nuestra conversación.
Aroa, disponer de un buen titulo como lo es ‘Mañana
matarán a Daniel’ es importante para comenzar a escribir una novela?
El título surgió con la novela ya muy
avanzada. En principio y sin pensarlo mucho, se iba a titular ‘Septiembre
1975’, pero a la editorial no les convencía. ‘Mañana matarán a Daniel’ es un
verso de Manuel Blanco Chivite, miembro del FRAP, también condenado a muerte e
indultado después, extraído del poema ‘Víspera de los fusilamientos’, que escribió
en la cárcel y dice así: «Hoy velaré toda la noche/solo y en silencio velaré
toda la noche/ y mañana matarán a Daniel,/mi camarada». Cuando lo leí pensé que
era el título adecuado, porque Xosé Humberto Baena, «Daniel» va ocupando un
espacio cada vez más grande en esta novela. Él era un hombre que escribía, al
que le gustaba la poesía y el poema tiene la inminencia de algo ineludible como
es una condena de muerte. Precisamente, cuando pienso en si, después de
escribir sobre estas personas, he llegado a conocerlas, comprendo que hay algo
que nunca voy a entender: lo que significa saber que mañana te van a matar.
Nº 705. Si en el mundo de la Historia, y de la Historiografía, existe un personaje interesante,
En primer lugar, Sergio,
enhorabuena por el Premio.
Muchas gracias, la verdad es que
estoy muy contento.
Aún cuando tú eres un
periodista cultural, qué llegó primero: la vocación por la escritura o el
periodismo?
En realidad, la escritura, porque
yo empecé a escribir muy pronto. Lo hice en el colegio y publiqué mi primer
cuento a los dieciséis años. De hecho, estudié Historia y fui a parar al
periodismo porque me surgió la oportunidad de ejercerlo. Lo que ocurre es que
me he tirado cuarenta años dedicado al mundo de la cultura, y ya lo considero
una parte muy importante de mi carrera y mi personalidad.
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Santiago, en ocasiones voces envidiosas dicen de algún escritor que «escribe dolorosamente bien». Si yo te digo eso mismo referido a ti, a qué te suena?
Me lo tomo
como un halago, porque para mí esto es un premio. Mi carrera como escritor,
igual que la de guionista, comenzó por casualidad. Yo era profesor de Educación
Física y una vez escribí un guion como podía haber construido una maqueta de
barco. Se me dio bien, me contrataron y todo comenzó ahí. Y lo mismo me ocurrió
con mi carrera de escritor: hice una prueba, a la gente le gustó, he ido
aprendiendo y ahora disfruto de una profesión que no conocía de nada, hasta que
se me plantó delante. Y los halagos los agradezco, pero con los pies en el
suelo, sin creérmelo demasiado.
La Guerra Civil anda aún por sus albores. Franco gira una visita de inspección al palacio episcopal de Salamanca, edificio en el que piensa instalar su cuartel general. Le acompaña el obispo Enrique Pla y Deniel. El general golpista se separa del grupo y se detiene ante un cuadro que cuelga sobre uno de los muros. Pla y Deniel se le aproxima y, mirando la pintura, le dice: «Nuestro Cid. Qué gran hombre y no estos políticos de hoy del tres al cuarto». «Un caballero cristiano», responde Franco sin dejar de contemplar al «caballero cristiano», que se afana en escabechar moros en el fragor de una batalla. «Diga Usted que sí. Por eso fuimos imperio», remata el purpurado. Estas palabras del futuro dictador en la película ‘Mientras dure la guerra’ de Alejandro Amenábar, ejemplifican la imagen tradicional que ha acompañado a Rodrigo, o Ruy, Díaz de Vivar: «Un caballero cristiano». A los que ya peinamos más canas que pelos, la frase nos suena familiar. La estudiamos de pequeños, cuando utilizábamos la ‘Enciclopedia Álvarez’ de Tercer Grado, en cuya página 432 podemos leer: «Por su lealtad y grandes virtudes [se refiere al Cid] es considerado como modelo de caballero cristiano».
Y, de dónde arranca esta afirmación? Realmente El Cid era
así? O era otra cosa? Norma Berend (Budapest, 1966), catedrática de Historia
Europea en la Universidad de Cambridge, especialista en el medievo, acaba de
publicar ‘El Cid. Vida y leyenda de un mercenario medieval’, editado por
Crítica, donde aborda estas y otras cuestiones sobre el controvertido guerrero
castellano.