Para
mí es un acto de comunicación. Como digo en las presentaciones y a mis alumnos
de los talleres literarios, no escribo para mí mismo sino para comunicar algo.
Escribir es una forma de iniciar un diálogo para establecer una relación con
otras personas, algo tan natural como el hablar. Además, como en general tengo poca
capacidad de improvisación, la escritura me permite tomarme el tiempo necesario
para reflexionar sobre lo que quiero decir.
Tus anteriores novelas (‘Intento de
escapada’ y ‘El instante de peligro’) versaban sobre el mundo del arte, ésta resulta
más personal y en ella haces introspección y te conviertes en protagonista.
A
simple vista parece un cambio, pero en el fondo no lo es tanto. Significa un
cambio en cuanto a la apariencia. Las dos primeras novelas tienen como
referencia el mundo del arte o del ensayo, pero en ambas hay una presencia muy
fuerte del yo, que se parece mucho a mí pero que no termina de ser yo del todo
y me parecen más autoficción. Sin embargo, esta última es mucho más
autobiográfica, en el sentido de que la ficción no está presente, pero si el
yo. ‘El dolor de los demás’ tiene mucho que ver con que últimamente he estado
escribiendo, unos diarios públicos, donde el yo, sin tapujos, está muy presente.
En el fondo se trata de un proceso de descubrimiento y de interiorización del
discurso del arte. Pero si te fijas, en ella también encuentras las mismas
reflexiones que en las anteriores: la memoria, la violencia de las imágenes, el
modo en que el pasado llega al presente… Es la culminación de un proceso que he
ido naturalizando.



