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Nº 685.- Hubo un tiempo en el que frecuentaba el aeropuerto. Muy a
menudo contemplaba el
pasquín con los rostros de seis etarras reclamados por la
policía nacional. Una de esas fotografías correspondía a una mujer: Idoia López
Riaño, apodada la Tigresa. Por su belleza, destacaba sobre sus correligionarios
de busca y captura. Inevitablemente. Ahora, más de tres décadas después, Clara
Usón acaba de publicar ‘Las fieras’, editada por Seix Barral, una novela en la
que López Riaño ocupa el papel central. Resulta evidente que Usón no ha querido
centrar el papel principal de su nuevo título en la etarra, sino sobre una generación
de jóvenes vascos que vivió sacudida por la violencia. Es por ello por lo que la
existencia de la Tigresa discurre en paralelo con la de Miren, una adolescente
que busca su lugar en el Euskadi de los años del plomo. Pero el personaje de
Idoia López Riaño es potente, pesa y no renuncia a su protagonismo en una
narración en la que también nos encontramos con Amadeo, un policía nacional al
viejo estilo franquista, o la propia familia de Miren. Los años 1984 y 1985
resultaron particularmente duros en la guerra sucia entre ETA y los GAL, casi
ochocientos días que llenaron de crueldad y sangre miles de páginas de nuestro
pasado más abominable. Pero ahora estamos en el primer jueves del mes de junio.
Y he quedado citado con la escritora barcelonesa para conversar sobre ‘Las
fieras’ en la cafetería del Hotel Meliá de la plaza de l’Ajuntament de
València. El bochorno de la primera hora de la tarde filtra una luz borrosa sobre el rincón donde
nos encontramos. El play de la grabadora está accionado. Las preguntas,
listas. El micrófono sólo aguarda nuestras palabras.
Clara, ¿cómo
surge la idea de escribir 'Las fieras'?
Surge por azar, como suele sucederme a menudo. En mis últimas
novelas siempre me he encontrado con personas reales, normalmente una mujer,
cuya vida ha atravesado periodos turbulentos. A partir de ese punto, he
desencadenado una documentación que se interconecta con otra historia de
ficción. En el caso de Idoia López Riaño, me tropecé con un artículo de prensa
que hablaba de ella. Yo no recordaba nada sobre su figura, pero mis
contemporáneos varones sí sabían quién era, perfectamente además, porque lo
primero que atrae la atención sobre Idoia es su belleza. Y eso ya quiere decir muchas
cosas.
Realmente, Idoia López Riaño, es muy guapa.
Sí, pero no se trataba de hacer un retrato de la fascinación
por una femme fatale, que además
de guapa, mata. Un aspecto que parece mucho más imperdonable, porque tanto hoy
como hace cuarenta años, la belleza sigue siendo el activo más importante de
una mujer y también de un hombre. Como dice Isabel Pisano, la única periodista
que logró entrevistarla, Idoia podía haber hecho en su vida lo que le hubiera
dado la gana, porque con su belleza hubiera tenido todas las puertas abiertas.
Pero ‘Las fieras’ no solo habla de Idoia López Riaño…
Al final he hecho lo de siempre, indagar sobre el dogmatismo y
los aspectos del dogma… Me centro en el nacionalismo extremo, que ahora está
muy pujante, porque también hay un nacionalismo español. En este país
consideramos que solo son nacionalismos los periféricos, pero el central, el de
la señora Ayuso, que ahora además es muy madrileño, también existe. Sin
embargo, nos parece algo natural. Dejémoslo ahí… El nacionalismo que tiene esa
parte bonita del apego a la tierra, a la cultura, a las tradiciones y al
sentido de hermandad con los que han nacido en un mismo sitio, también presenta
esa otra cara más fea que es su definición del enemigo. Hay un enemigo común
que nos une y que va cambiando, aunque suele ser el que tenemos al lado. En el
caso de ETA, se trata de un nacionalismo radicalizado hasta el punto de que
sólo se ve en él lo que supone un peligro para nuestro ideal. En su momento, a
Idoia López Riaño no sólo se le dijo que podía matar, sino que debía hacerlo
para preservar la patria vasca. Le enseñaron que, para salvar unas vidas, había
que quitar otras. Y esa contradicción es lo que me interesa.
Al comienzo, el lector se tropieza con mucha información, abundantes
datos y noticias, casi como un teletipo de agencia. ¿Por qué tanta prisa en las
primeras páginas?
Yo pienso que esto es como lo de Scheherezade. No escribo bestsellers,
pero sí intento mantener la atención del lector, algo que creo que les ocurre a
muchos otros escritores. Soy lenta para escribir y me gusta jugar con los
estilos. Escribo novelas para escapar de mi vida y, al hacerlo, vivo otras
vidas [risas].