«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

domingo, 5 de junio de 2022

José Carlos Somoza: «Los escritores de entonces convirtieron a la época victoriana en un tiempo histórico muy literario»

Nº634.- Tres años han transcurrido desde nuestro último encuentro. Dos de ellos los hemos vivido bajo la dictadura del covid y sus derivados, que no del gobierno, sometidos a unas reglas y comportamientos completamente desconocidos hasta ahora. La pandemia ha abierto un agujero en el tiempo, un vacío, y todos hemos enterrado una parte de nuestras vidas en él. Sobre este asunto, José Carlos Somoza, el entrevistado de hoy,  me cuenta que «un escritor pasa todo el tiempo encerrado» y que él «no había notado demasiado los efectos del confinamiento, aunque es verdad que ya dan ganas de salir a la calle». Somoza acaba de publicar ‘El signo de los diez’ (Espasa), un thriller victoriano que se desarrolla en 1882. En sus páginas, los teatros son espectáculos perturbadores, los locos y ciegos pueden descubrir la verdad y los sueños matan. De nuevo nos situamos en la clínica mental de Clarendon, en Portsmouth, donde reside el señor X, ese particular trasunto de Sherlock Holmes que el escritor cubano ha creado, bien atendido por la enfermera Anne McCarey. A Clarendon llegarán su amigo Charles Dogson, verdadero nombre de Lewis Carroll, Arthur Conan Doyle y unos cuantos personajes más. Carroll ha acudido, en secreto, a la clínica mental con la esperanza de poner fin a las pesadillas que sufre, provocadas por los personajes de su ‘Alicia en el País de las Maravillas’. Son malos sueños que no se equivocan y anuncian muertes que se cumplen. En València el día despertó caluroso. Es el último jueves del mes de mayo. Falta algo más de una hora para el mediodía cuando José Carlos Somoza y quien suscribe comenzamos a charlar. Con el piloto rojo de la grabadora ya encendido. Evidentemente.

José Carlos, algunos escritores han declarado que durante la pandemia no podían leer, pero sí escribir. ¿‘El signo de los diez’ es hija del enclaustramiento que hemos padecido?

Sí, aunque ya tenía una versión lista para corregir y durante la pandemia me dediqué a ello. En este cometido me ha ayudado bastante el hecho de que, como verás, la novela es casi una obra teatral y cuenta con un solo escenario. También los personajes están un poco confinados y pienso que eso me facilitó el trabajo de composición.

La última vez que te entrevisté, me comentaste que la influencia de Sherlock Holmes en tu obra se debía a que tu padre te había regalado sus aventuras completas. Nuestras lecturas tempranas nos marcan de alguna manera, ¿es necesario regresar a ellas de vez en cuando?

Hay cosas que leemos de jóvenes o de niños que, a lo mejor, no merecen una segunda lectura, pero si se trata de grandes obras, por supuesto que conviene regresar a ellas. Las ‘Mil y una noches,’ los libros de Stevenson o las novelas de Sherlock Holmes merecen no una relectura, sino varias.

Como tu anterior novela, ésta también discurre, inexcusablemente, en época victoriana. Al José Carlos Somoza no solo escritor, sino también lector, ¿qué le atrae de ese momento histórico?

Es una época muy literaria, brumosa, en la que además flota un aire de aventura que crearon los escritores de entonces. Todos tenemos en la cabeza unos señores con chistera, un grito en la noche y una niebla que, por desgracia, supimos después que se debía al humo de las chimeneas y no al clima de Londres. La victoriana es época de crímenes, de Jack el Destripador, que fue real, y también el tiempo del nacimiento de grandes personajes como el propio Sherlock Holmes. En aquel momento, Inglaterra era un país en expansión y muchos relatos arrancan allí, pero terminan en lugares muy remotos, en cualquier otra parte del mundo. No podemos olvidar la relación con su propio imperio y en especial con la India. Todos esos condicionantes hacen que ese momento histórico constituya un excelente caldo de cultivo para este tipo de novelas.

Mientras leía ‘El signo de los diez’ me entraron ganas de releer ‘Alicia en el País de las Maravillas’. Pero, escuchándote ahora, tengo deseos de regresar a ‘La piedra lunar’ de Wilkie Collins.

No te olvides de cogerla porque la de Collins es una de las grandes obras no solo de misterio, sino de la literatura en general. Lewis Carroll es uno de los personajes de la novela y es indispensable para comprender la época victoriana. Fíjate que hablamos de un individuo que fue matemático, pastor anglicano, fotógrafo y que, además, escribía esos libros, insensatos e ilógicos, para niños, inspirados en su amistad con Alice Liddell, la hija del decano de su universidad, que tenía 8 años. ¡Imagínate qué personaje tan extraordinario para construir una novela!

En un pasaje de tu libro, Arthur Conan Doyle, que también aparece como personaje, afirma que la primera persona es la mejor para narrar. ¿Estás de acuerdo con las palabras de tu personaje?

Pues la verdad es que no [risas]. Eso lo opinaba Conan Doyle, porque escribía en primera persona las novelas de su Sherlock Holmes, lo que le permitía hablar de él a través de otra persona, el Doctor Watson. Sin embargo, la manera más normal para mí es utilizar la tercera voz, el narrador omnisciente. De hecho, la mayor parte de mis novelas las he escrito en tercera persona, aunque, a diferencia de otros colegas míos, yo me he movido también en la primera con soltura. Estas dos últimas novelas son un buen ejemplo de ello.  

domingo, 29 de mayo de 2022

València Negra 2022 (y 2): Virginia Feito: «Mi estilo literario viene definido por el humor, por una ironía de tipo británico»

Nº 633.- Descendió al hall por la escalera del Hotel Inglés. Un escalón tras otro. Despacio.
Como si midiera con mimo los pasos siguientes. Vestía chaqueta y pantalón de un color suave y calzaba unas Nike blancas. Sujetaba un libro en su mano derecha. Virginia Feito había llegado para participar en València Negra 2022 y presentar su ópera prima, ‘La Señora March’ (Editorial Lumen), un thriller psicológico sobre una mujer de escasas virtudes y muchos defectos, que transcurre en Nueva York, en época contemporáneamente imprecisa, y que ha tenido un éxito arrollador. La señora March es la esposa de un escritor famoso: George March. Una mañana, mientras se dispone a comprar el pan en su pastelería predilecta, la dependienta insinúa que la protagonista del nuevo libro de su esposo parece inspirada en ella. Este comentario fortuito le despierta la necesidad de saberlo todo sobre su marido y sobre ella misma. Así empieza un viaje inesperado que se cruza con el asesinato de una joven. Para completar tan someros trazos argumentales, hay que añadir que Virginia ha escrito ‘La Señora March’ en inglés, un idioma que desde pequeña es el suyo, a pesar de haber nacido en Madrid y tener la capacidad de hablar y pensar tanto en inglés como en castellano. Tras presentarnos mutuamente, nos ubicamos en la cafetería del hotel. Una mesa, dos sillas, una infusión y un descafeinado. A través de una ventana luminosa, la vida comenzaba a tardear. Al fondo el Palacio del Marqués de Dos Aguas. El piloto rojo de la grabadora ya brillaba. Así arrancamos la charla.

Virginia, tú trabajabas como publicista, ¿escribir una novela ha significado dar un salto al vacío o, simplemente, pasar de una escritura a otra?

Ser publicista es escribir, pero escribir una novela significa un cambio muy grande, especialmente en el día a día de la oficina. Cada mañana acudía a un despacho lleno de gente, con un horario determinado y reuniones, mientras que escribir es algo mucho más solitario. En la oficina no podía escribir lo que se me antojaba. Había que hacerlo para cierta marca, con ciertas reglas y mensajes estipulados por el cliente, sin descuidar detalles legales que el público desconoce. La verdad es que siempre quise escribir, pero no me parecía muy realista hacerlo sin tener una nómina fija cada mes.

viernes, 20 de mayo de 2022

València Negra 2022 (1): John Connolly: «Escribir es un placer continuo para mí»

Nº 632.- Hace varios meses que no publico ninguna entrevista. ¿Habré perdido el oficio? Un cierto gusanillo recorre mis tripas, como si pretendiera jugarme una mala pasada. València Negra celebra su décimo aniversario. En este 2022, ha tirado la casa por la ventana. Literalmente. Una pléyade de clubes de lectura, charlas, entrevistas, coloquios, proyecciones de cine y encuentros sacuden la capital del Turia durante medio mes de mayo, tiñéndola de un color negro más intenso que nunca. La lista de escritores convocados es ingente. Uno de ellos, que además cerrará el certamen, es John Connolly. Nacido en Dublín en 1968, Connolly es el padre del detective privado Charlie Parker, que interviene en casos donde el mundo sobrenatural se deja notar. Por tanto, la propuesta literaria del irlandés es diferente: género negro salpimentado con encarnaciones humanas del mal, surgidas del propio averno. Mientras me dirijo hacia la Fnac de San Agustín, lugar de la rueda de prensa con Connolly, dos personas caminan unos metros por delante de mí. Su estela me resulta familiar. Me aproximo lo suficiente para comprobar que, efectivamente, se trata de Jordi Llobregat, director de València Negra, y del propio John Connolly. Mientras caminamos, ahora juntos, Jordi me lo presenta. El hielo se rompe pronto y me doy cuenta de que el padre literario de Parker es un tipo cordial y amable, dispuesto a poner fácil su trabajo al periodista. Más adelante, tomamos caminos diferentes para coincidir después en la propia Fnac. Tras la rueda de prensa, se inicia el turno de entrevistas. Connolly confirma mis presunciones. Por propia voluntad, además, ha decidido hablar en castellano. Junto con mi rudimentario bagaje inglés, involuntariamente, organizamos una conversación heterogénea, donde ambos hacemos piruetas en idiomas que no son los nuestros. El piloto rojo de las grabadoras ya está encendido. Empezamos.

John, usted lleva ya muchos años escribiendo y publicando, ¿qué significa la escritura para usted?

Desde que era joven he escrito siempre. Hay personas que miran una pintura e inmediatamente quieren dibujar, o que escuchan música y quieren crear música por sí mismos. Para mí la escritura es una manera de explorar y entender el mundo. Mi paso de la lectura a la escritura fue algo natural. Durante cinco años fui periodista, porque pensé que era una manera de ganarme la vida escribiendo, pero en la redacción había muchos periodistas mejores que yo. Además, siempre he sentido una preferencia por la ficción y los periódicos prefieren la no ficción a la ficción [risas].

¿Recuerda sus primeros momentos como escritor?

En la redacción del diario había una computadora y allí comencé a escribir una novela. Tras la muerte de mi padre, en casa no teníamos mucho dinero para disponer de una. Por otro lado, él no creía que personas como nosotros pudiéramos llegar a ser escritores de profesión. Necesitábamos ocuparnos en un oficio mucho más estable y convencional. Ahora sé que soy escritor para demostrarle que sí podía serlo. La historia se repite y creo que los hijos siempre quieren demostrarles cosas a sus padres.

¿Por qué escogió el género negro o de misterio a la hora de convertirse en escritor?

De joven me interesaron siempre dos tipos de ficción: la novela detectivesca y los cuentos de horror y de fantasmas. Creo que muchos escritores pretenden escribir las mismas historias que leyeron en su juventud y para mí resultaba natural crear un género que combinase ambos tipos de historias. Ya sé que no es algo muy usual, pero yo quería escapar de la tendencia de los escritores irlandeses a escribir sobre nuestra propia tierra. En el siglo XX no escribimos mucha ficción de género, aunque en el XIX sí lo hicimos a través de la novela gótica. Hay razones culturales e históricas que explican este hecho. Nuestra antigua tradición literaria tenía mucho que ver con el estilo inglés y muy poco con nuestro nuevo país, surgido tras la revolución. Fue precisamente por eso que escogí la alternativa de la novela negra.

Charlie Parker, sin embargo, no vive en Irlanda, sino en Maine. ¿Por qué?

Tradicionalmente, los irlandeses emigraron a Estados Unidos en busca de una vida mejor. Y en Estados Unidos las novelas detectivescas me ofrecían la posibilidad de disponer de un escape creativo. Yo no quería escribir nada sobre Irlanda que tuviera relación con nuestros problemas actuales, por ejemplo, los de la zona Norte. Por eso ubico allí mis novelas, sin olvidar que tampoco busco ser considerado como un autor estadounidense. Solo pretendo conservar mis raíces irlandesas y europeas.

lunes, 27 de diciembre de 2021

Bon Nadal y Feliç Any Nou 2022

Diciembre ha sido un mes de contrastes, salpicado por mucho balonmano, presentación de mi nuevo libro, algunos avatares familiares y también pandémicos. En mis pocos huecos libres dibujé, como ya casi es costumbre en los últimos años, una felicitación navideña que, a la vez, sirve también para desear un Feliz Año Nuevo a todas las personas que se acercan a visitar El Eco de las Voces. 


La imagen es una viñeta, una versión cómic de una fotografía antigua de la Librería Armengot de Castellón, lugar de encuentros literarios y difusión cultural, muy ligado a nuestra familia, que cerró sus puertas en abril de 1992. Sirva, pues, su contemplación de recuerdo cariñoso, también nostálgico, y de felicitación para el año 2022.

domingo, 26 de diciembre de 2021

Presentación del volumen 2/1 de la Historia del Balonmano de la Comunidad Valenciana de Herme Cerezo

A lo largo del Campeonato del Mundo de Balonmano femenino, disputado en la Comunidad Valenciana y Catalunya durante los días 1 al 19 de diciembre de 2021, se presentó el volumen 2/1 de la Historia del Balonmano de la Comunidad Valenciana, escrito por Herme Cerezo. En este libro, el autor recoge las vicisitudes más destacadas del balonmano valenciano en el período comprendido entre los años 1980 y 2010. Además de la narración cronológica de los hechos, temporada por temporada, el libro incluye fotografías y entrevistas realizadas por el propio autor a entrenadores y entrenadoras, jugadores y jugadoras y directivos, que han posibilitado el desarrollo del balonmano en nuestra tierra y, por ende, en nuestro país. A continuación se pueden ver algunas imágenes de las presentaciones efectuadas en Castellón y Torrevieja.








domingo, 19 de diciembre de 2021

Norway, winner of the Women's Handball World Championship 2021/Noruega, campeona del Mundo de Balonmano femenino 2021

La selección de Noruega acaba de proclamarse campeona del mundo 2021 de balonmano femenino, tras
derrotar en la final a Francia por un esclarecedor 22 a 29, a pesar de haberse ido al descanso con cuatro goles por debajo en el marcador. En ningún momento las nórdicas perdieron la cara al encuentro. Capearon el temporal como pudieron y, con el trabajo de hormigas laboriosas, fueron a más. A poco de concluir la primera mitad perdían por seis tantos de diferencia, que redujeron a cuatro en el descanso, como ya se ha dicho. 


En la reanudación, apretaron en defensa y su ataque se volvió mucho más resolutivo que en el inicio del encuentro. Lo que es habitual en el conjunto noruego. El acierto anotador de Mork, Reistad y Oftedal, que además repartió un buen puñado de asistencias, junto con la gran actuación de la guardameta Silje Solberg sacaron a Francia fuera de la pista. Las francesas poco pudieron hacer ante la avalancha nórdica y soportaron la lluvia de goles con cierta resignación. 


miércoles, 8 de diciembre de 2021

World Handball Championship 2021

‘Qualsevol nit pot sortir el sol’ 

 

Stine Oftedal (foto: Herme Cerezo
'Qualsevol nit pot sortir el sol'. Eso decía una de las canciones más emblemáticas del cantautor catalán Jaume Sisa allá por 1975. «Fa una nit clara i tranquil∙la, hi ha lluna…», comenzaba. Y ayer, en la noche del martes, siete de diciembre de dos mil veintiuno, en el Pavelló Ciutat de Castelló, el título de la canción se hizo realidad. Y habitó entre nosotros. Y, con las ocho y media pasadas, salió el sol. En la pista, Rumanía y Noruega se jugaban la primera plaza del grupo C del Campeonato Mundial de Balonmano femenino, que se disputa estos días en tierras valencianas y catalanas. Las rumanas empezaron imponiendo su mayor envergadura física. Noruega no lo pasó bien durante los primeros compases del juego. Pero eso duró hasta que salió el sol. Hasta que Stine Oftedal, en un contraataque, desalojó el número cero del marcador nórdico. A partir de ahí, el sol continuó brillando en plena noche. Y cada vez con más fuerza. Como en un amanecer cualquiera, Oftedal dio un recital: ataques al impar, conseguidos con facilidad imposible, goles en penetración, asistencias, pases tensos y picados, cambios de ritmo… Todo hecho con elegancia pasmosa y sonrisa imperturbable. A la fiesta de la central noruega, se sumó su compañera, Katrine Lunde, con sus paradas y pases de contraataque. Al descanso, el encuentro ya parecía sentenciado. O poco menos. Pero Stine todavía nos tenía reservados un par de destellos para la reanudación. Otro contraataque suyo, este con bote, la enfrentó contra tres defensoras rumanas, a las que hizo un auténtico tornillo antes de finalizar la acción con un nuevo tanto a su favor. Remató su trabajo con un dos contra dos en zona central, mediante un pase picado impensable, que la pivote noruega culminó con éxito. A partir de ahí solo quedaba contemplar como el electrónico desgranaba el tiempo y consumía los minutos hasta concluir el choque. El seleccionador noruego, Thorir Hergeirsson, con sabiduría, fue dosificando la estancia en pista de su central, que ya no intervino en los últimos ataques. Daba igual. Nada cambió. La bocina de la mesa certificó el final del tiempo de juego. Después risas, alegría, aplausos, emociones, la primera plaza conseguida y los saludos a los aficionados noruegos, teñidos en rojo y tocados con gorros vikingos, que siempre les acompañan. A la salida, el público solo hablaba de la actuación de Oftedal, conscientes de que habían visto probablemente a la mejor jugadora del balonmano actual. Stine Bredal Oftedal elevó el deporte del cuarenta por veinte a la categoría de arte, arte efímero, porque la belleza de sus acciones se esfuma de la pista en breves instantes, para brillar después, alojadas en algún rincón de nuestra memoria. Lo dicho: ‘Qualsevol nit pot sortir el sol’. Anoche, eso sucedió en Castellón. Con las ocho y media pasadas. 

Herme Cerezo/Diario SIGLO XXI, 08/12/2021




lunes, 29 de noviembre de 2021

Cómo olvidarte, Almudena

Almudena Grandes
por Fernando Vicente


No puedo acudir a tu entierro, Almudena. Pero sí puedo sumarme a tu recuerdo con este mínimo homenaje: un libro escrito por ti: 'Las tres bodas de Manolita'. Hemos pasado un fin de semana apagado, lleno de niebla, muy triste. Ojalá se pudiera borrar. Pero no se puede. Y así perdurará en mi memoria. Como también perdurará el día que Pilar y yo te conocimos en la Feria del Libro de Castellón, allá por 1989 o 1990, no sé precisarlo con exactitud. Acababas de ganar el Premio Sonrisa Vertical y nos dedicaste 'Las edades de Lulú'.


Siempre esperaré tu próxima visita a València con tu nueva novela debajo del brazo, para entrevistarte, asistir a tu rueda de prensa o, simplemente, leer tus conversaciones con otros compañeros. Pero ahora te has ido. Ya no volverás por esta orilla del Mediterráneo. 

Y, después de todo, solo queda una pregunta: ¿cómo olvidarte, Almudena?

No tengo respuesta para eso. Descansa en paz. 

Herme Cerezo

domingo, 28 de noviembre de 2021

Gracias por todo, Almudena

Almudena Grandes en la entrevista de 2014.

Domingo. 28 de noviembre. Hace frío a orillas del Mediterráneo. Me despierto. Son las siete de la
mañana. Mi primer pensamiento es para Almudena Grandes. La escritora madrileña falleció ayer por la tarde. La noticia temida. Ella misma comunicó su enfermedad en un artículo hace un tiempo. Tras desayunar, levanto el ánimo dispuesto a enfrentar los ejercicios de inglés. Cada día el inglés es devoción para mí. Hoy no. Hoy solo busco pretexto para olvidar la tarde de ayer.  Abro el libro. Me centro en eso que los ingleses llaman quantifiers: any, some, a little, many, much, a few, lot… De momento, no me motivan mucho. Conecto la radio. Juanjo Millás, Javier del Pino, Óscar López y Víctor Manuel hablan en la SER sobre Almudena. Es inevitable. Obligatorio. Deseado. Víctor Manuel dice, más o menos, que Almudena pertenecía a todos, que su fallecimiento es como si nos hubieran amputado un miembro y por eso nos duele tanto. No puedo estar más de acuerdo con sus palabras. Involuntariamente, dirijo la mirada hacia un rincón de mi librería. Justo donde guardo sus Episodios Nacionales de una Guerra Interminable. Robustos. Lomo negro. Letras blancas. Colección Andanzas. Número 730. Las únicas novelas en una balda de cuentos. Y de cuentistas. Me giro y cierro la página de la gramática inglesa. Any, some, a little, many and others deberán esperar un rato. No es su hora. Conecto el ordenador. Pulso las primeras teclas. Ignoro a dónde me llevan. A la memoria. Aunque la conocí en la Feria del Libro de Castellón de 1989, recuerdo la primera rueda de prensa con Almudena. Lugar: el entonces Hotel Astoria. En València. Le acompañaba Juan Cerezo, su editor. Éramos muchos. Una pregunta por barba. Supo a poco. A muy poco. Pero menos era nada. Me propuse entrevistarla alguna vez. Lo conseguí otra fría mañana. La de un día del mes de abril. Año 2014. Recién bajada del tren. El mismo escenario de cuatro años antes. Una mesita redonda albergó la grabadora, su café y mi té negro. Conservo la fotografía de las tazas. Almudena llevaba suéter azul. Y un constipado de pronóstico. Su característica voz se quebraba con toses. Le ofrecí un caramelo que aceptó. La cosa fluyó mejor. ‘Las tres bodas de Manolita’. La Posguerra. El Valle de los Caídos. La cárcel de Porlier, donde mi padre montó guardia en la posguerra… Acabamos la entrevista. Ojalá no hubiera terminado nunca. Una delicia hablar con ella. Un ejercicio de generosidad por su parte. De profesionalidad. Un placer. Una suerte compartir la primera media hora de aquella jornada suya en València. Un privilegio. Nunca se lo agradeceré bastante a Susana Alfonso y Amparo Gracia, las intermediarias en aquel encuentro.  
El rincón de Almudena entre mis libros
Luego fotos y una dedicatoria. No fue posible entrevistarla de nuevo. La editorial cambió de intermediaria. Ya no encontré hueco en su agenda promocional. Solo medios grandes. Da lo mismo. Me vale la memoria. El recuerdo es dulce. Entrañable. La noticia de su muerte me dejó el corazón helado. La mensajera fue Susana. Estaba acongojada, porque la quería mucho. Creo que igual que todos. Intenté calmarla a través del móvil, aunque sin mucho éxito. Su fallecimiento voló por las redes. Todos los medios se hicieron eco de ello. Hasta el presidente del gobierno la recordó en una breve alocución. Hoy, la Cadena Ser, con Juanjo Millás y Javier del Pino, me ha servido sus comentarios. Indispensables más que nunca. Impagables. Con Almudena se marcha una persona amable, combativa y fiel a sus ideas republicanas. Ha dejado escrito su último artículo y, también, una novela inédita. Allá donde estés, Almudena, encontrarás materia de escritura. Seguro que sí. Seguro también que no dejarás nunca de darle a la tecla. Como has hecho hasta el final de tus días entre nosotros. Gracias por todo lo que nos has dejado escrito, por tus palabras, por tu ejemplo de compromiso. Descansa en paz. A la tarde, tal vez yo regrese a los
qualifiers. O tal vez decida releer algún texto tuyo. Veremos.

Herme Cerezo

jueves, 18 de noviembre de 2021

Edmundo Paz Soldán: «La ciencia ficción es un buen instrumento para establecer un diálogo entre el futuro y el presente»

Nº 631.- El sol se cuela, silencioso, en el vestíbulo del Hotel Renasa. Falta media hora para el mediodía. Es domingo. Se percibe en el ambiente. A través de las ventanas, observo cómo los coches entran y salen de la ciudad por la carretera de Barcelona. El recepcionista me avisa de que Edmundo Paz Soldán (Bolivia, 1967) bajará en breves minutos. El escritor sudamericano ha acudido a València para presentar su nuevo libro de cuentos, ‘La vía del futuro’ (Páginas de Espuma), en el Golem Fest València 2021. En sus ocho relatos, como reza la contraportada, Paz Soldán «explora las perturbadoras y laberínticas relaciones del ser humano con la Inteligencia Artificial todo un viaje insólito que abre las puertas de lo posible a un futuro que ya está aquí». Suena la campanilla del ascensor mientras se abre. Edmundo, sonriente, se dirige hacia mí. Nos saludamos. Mascarillas mediante. Poco después ocupamos los sofás de Recepción. El piloto rojo de la grabadora brilla. Es la hora de comenzar nuestra conversación.  

Edmundo, en ‘La vía del futuro’ encontramos una cita preliminar: «I program my own computer/Beam myself into the future» (Programo mi propia computadora/Me proyecto hacia el futuro). Procede de un tema del grupo Kraftwerk. ¿De alguna manera estas palabras han inspirado la escritura de estos cuentos?

Cuando comencé a escribirlos no estaba escuchando música. Fue otro día, mientras Kraftwerk sonaba en mi casa, cuando me dije que en la letra de ese tema había resonancias. La frase de la cita se me quedó dando vueltas en la cabeza y comencé a ver conexiones por todas partes. Esas cosas me suceden siempre que estoy muy metido en lo que escribo.

¿Desde cuándo arranca tu interés por la ciencia-ficción?

Como lector desde la adolescencia. Cuando comencé a escribir, publiqué dos novelas sobre este género: ‘Sueños digitales’ y ‘El delirio de Turing’. La primera se centra en los hackers y la otra en la manipulación de imágenes audiovisuales por parte de un gobierno. Sucedía entonces que yo me movía entre dos tradiciones muy fuertes: por un lado, la narrativa sudamericana, de contenido social y político; y por otro, algo más fantástico como era la ciencia ficción. Traté de unir ambas vertientes, pero los textos me salieron con menos ciencia ficción de lo que yo hubiera deseado. Esto pasó hace veinte años y creo que ahora he encontrado un punto en el que ambas tradiciones se han fusionado de mejor manera.

La realidad avanza muy deprisa, a grandes pasos, ¿acaso la ciencia ficción se va a quedar desfasada en algún momento?

Cuando tú escribes un cuento en el que aparece una pastilla anticonceptiva en pleno siglo XIX, eso es literatura mágica. Si escribes sobre la pastilla, ambientando la acción en los años sesenta, puede entenderse como algo provocativo. Y si lo haces ahora, suena a obsolescencia. Por tanto, creo que la realidad continúa su avance y normaliza ciertos aspectos que, en su momento, considerabas como fantásticos, pero que ahora parecen procesos ya inevitables.  

‘La vía del futuro’ contiene ocho cuentos que hablan sobre la Inteligencia Artificial (I.A.). Tal vez podías haber escrito una novela en lugar de los relatos, ¿por qué te decantaste por este formato?

Simplemente porque para mí el cuento es algo fundamental para narrar cosas muy específicas. Me gusta escribir libros de cuentos que guarden una cierta unidad, en los que los relatos dialoguen entre sí y respiren un mismo ambiente. Para mí el ejemplo más claro sería ‘Ficciones’ de Borges o ‘El Llano en llamas’ de Rulfo. Hacerlo de esta manera supone tener lo mejor de ambos mundos, es decir, la autonomía del cuento y, a la vez, la construcción de un espacio como el de una novela, que puedes habitar a lo largo de todas sus páginas. He de decir que, al principio, solo pensé en un cuento, ‘La vía del futuro’, que fue como el Big Bang del volumen. Después comencé a estirar de la madeja y descubrí que llevaba entre manos un libro que trataba sobre la relación de los humanos con la I.A.   

jueves, 11 de noviembre de 2021

Carlos Marzal: «Tratamos de matar el tiempo mientras el tiempo se dedica a matarnos a nosotros»

Nº 630.- 

Asegura Carlos Marzal que acostumbra a ser un tipo puntual y que prefiere esperar a ser esperado. Y doy fe de que se aplica a ello. Unos minutos antes de la hora concertada, a través de la cristalera del Hotel Plaza, lugar de nuestro encuentro en pleno centro de València, le vi caminar entre los transeúntes hacia la puerta. La noche había caído ya. El servicio de bar permanecía cerrado a esa hora. Un caballero, enfrascado en la lectura de un libro, ocupaba la mesa colindante. No había nadie más. La ausencia de huéspedes, o de visitantes, en la cafetería resultaba apropiada para charlar sobre ‘Nunca fuimos más felices’ (Tusquets), la reciente entrega de Marzal, «un tratado literario de filosofía epicúrea que reivindica la felicidad y ensalza el amor, la amistad, los libros, la bondad… a partir del fútbol», según reza la contraportada. La tecla del poeta y escritor valenciano va y viene entre recuerdos, anécdotas, escenas divertidas, conversaciones con otros escritores y el presente futbolístico de su hijo, que lleva diez años practicando el deporte del balón redondo sobre la hierba. Natural o artificial. Es, sin duda, uno de los títulos del año. O, al menos, un libro que se va a recordar durante mucho tiempo y que quizá convenga tener a mano para releer a discreción. Sobre la mesa, el piloto rojo de la grabadora, iluminado, nos otorgó su nihil obstat. Embozados en nuestras máscaras, el covid-19 acecha, comenzamos la conversación. Mientras, al otro lado de la cristalera, en la calle, el cuatro de noviembre de dos mil veintiuno disfrutaba de sus últimas horas.   

Carlos, según mis cuentas, llevas quince años sin publicar una novela o un artefacto literario como este, ¿por qué tanta demora?

No sé si hace tantos años, pero es verdad que llevo mucho tiempo sin publicar. Pero no he estado tanto tiempo sin escribir, porque he publicado libros de poemas, de aforismos y de relatos. Lo cierto es que a mí se me alargan los proyectos. Empiezo con una idea y siempre tardo más de lo previsto. Mis libros resultan más extensos de lo que pensaba y eso se debe a que disfruto mucho del proceso de la escritura. Desde joven tuve suerte de publicar en buenas editoriales y, como no he sufrido el ansia de la publicación, no me importa demorarme en ello.

‘Nunca fuimos más felices’ lo estoy leyendo de una manera rara para mí. He leído doscientas páginas, luego he saltado a la tercera parte, la ‘Prórroga’, y ahora continúo donde lo dejé. En el fondo, pienso que no quiero que el libro se me acabe.

Imagino que es importante leer con el orden establecido. No pasa nada porque uno se vaya a la parte final que, digamos, es una historia independiente, cuando ha leído ya una buena parte como es tu caso. Pero no creo que comenzar por el final sea bueno como iniciación a este libro, porque la ‘Prórroga’ es un contrapunto al resto. Este es un libro hímnico, celebratorio, que canta la amistad y el amor en general y, en particular, al fútbol. La parte final es muy dura y me parece que permite apreciar mejor todo lo anterior, en el sentido de que aceptamos la alegría de la vida a pesar de los pesares, aunque el final siempre es trágico.

La narración es intemporal, pero en un libro como este la intemporalidad es irrelevante, ¿no?

Creo que sí. El texto son anotaciones, que no tienen por qué estar datadas. Son reflexiones que salen al paso. Las fui escribiendo con el transcurso de los años y las he ordenado como me ha apetecido, con la intención de crear el ritmo adecuado, alternando capítulos cortos con otros más extensos y páginas densas con otras más escuetas.

Afirmas que a la hora de escribir la primera persona es la más importante, ¿por qué?

Bueno, porque creo que todo lo que escriben los escritores es autobiográfico. No importa el género. Me parece que los tratados de matemáticas también lo son, porque ¿qué hace un matemático escribiendo un libro sobre algo a lo que ha dedicado el tiempo de su vida? Desde ese punto de vista, todo es autobiográfico: la historiografía, la novela, la literatura confesional… En definitiva, aunque a veces se adopten otras personas para narrar, todo está construido desde el yo.

‘Nunca fuimos más felices’ es un libro que versa sobre el fútbol, aunque no solo. ¿Quedaron atrás ya los tiempos en los que los escritores que escribían sobre fútbol estaban mal vistos?

Han pasado los tiempos en los que los escritores, a los que les gustaba el fútbol, no lo confesaban. Sin embargo, sigue habiendo prejuicios con respecto al universo del fútbol desde el mundo de la alta cultura, que considera que hay formas de la cultura popular que no son dignas ni de estudio, ni de ser tratadas. Y a mí me ocurre lo contrario. Pienso que no hay grandes temas, temas excelsos de por sí, sino que hay talento o falta de talento en los artistas, en los escritores en este caso, para tratar de ver las cosas de una manera u otra. En principio, los conflictos entre ganaderos y agricultores en Wisconsin no tienen por qué interesarme demasiado, pero muchas veces ese es el origen de un western. Me gusta que los escritores me lleven al huerto, me seduzcan con un universo que, en principio, me es ajeno o desconocido.  

martes, 2 de noviembre de 2021

III edición GOLEM FEST VALÈNCIA

GOLEM FEST VALENCIA CRECE TRAS LA PANDEMIA

Golem Fest Valencia (Festival de Fantasía, Terror y Ciencia Ficción) se ha presentado a los medios de comunicación en el Monasterio de Miguel de los Reyes.


En la rueda de prensa se ha contado con la presencia de Carmen Amoraga (directora general de Cultura y Patrimonio), con Maite Ibáñez (concejala de Acció Cultural), así como con Susana Alfonso (directora del Golem Fest, agente literario, editora y promotora de autores y eventos culturales) y con José Luis Rodríguez-Núñez (director de marketing del Golem Fest, fundador de Bibliocáfe, profesor de escritura y promotor de eventos culturales).

Golem Fest Valencia reaparece en su 3ª edición, con más fuerza si cabe tras la pandemia, del 5 al 14 de noviembre. Dos fines de semana llenos de actos donde la fantasía, el terror y la ciencia ficción llenarán este año el auditorio Joan Plaça del Jardín Botánico (C/Quart, 80). Un Festival que va creciendo y asentándose gracias al esfuerzo de su organización, de los patrocinadores y de la entusiasta colaboración de editoriales y escritores.

viernes, 24 de septiembre de 2021

‘La llama inmortal de Stephen Crane’ de Paul Auster (Seix Barral)

Auster parece una caja de sorpresas interminable. Los que hemos disfrutado con su literatura, especialmente con sus primeras novelas, ya no albergamos motivos para sorprendernos con la irrepetible trayectoria del escritor de Newark. Escribo esto, porque en su nueva entrega, ‘La llama inmortal de Stephen Crane’ (Seix Barral), Paul Auster se descuelga con un libro de más de mil páginas, incluidos Notas, Agradecimientos e Índice Analítico, que es nada menos que una biografía. La biografía de otro escritor, tan norteamericano como él.

Dice Auster que su libro, recuerden que tiene más de mil páginas, «pretende servir de “introducción” a la vida y obra de Stephen Crane y se ha escrito para aquellos que lo conocen poco o nada». El entrecomillado intermedio es de quien esto suscribe. Como escritor, Paul Auster analiza la existencia de Crane desde la óptica de otro escritor, un plumífero hablando de otro plumífero, no como un biógrafo especializado y, por eso, incluye numerosos fragmentos de su obra. Su mirada se centra en su trabajo, en sus textos, e intenta reflejar la experiencia de leer a Crane, lo que se siente cuando un lector, en este caso él mismo, se enfrenta por primera vez a su literatura. Por ello, añade Auster, «no he adoptado un enfoque académico y me he mantenido lejos de la crítica literaria tradicional». En su desempeño como biógrafo hay, además, una investigación sobre los avatares de la breve, e intensa, vida de Stephen Crane, que escribió acuciado por la falta de dinero en el último tercio del siglo XIX, basada en obras de los eruditos y biógrafos que han hurgado en archivos y documentos históricos para encontrar su huella, en un intento por enlazar las distintas piezas que componen el puzle de su existencia.  

Si la peripecia vital de Crane es apasionante, no lo es menos la época que le tocó vivir. Nació en Newark, como Auster, el Día de los Difuntos del año 1871 y falleció el 5 de junio de 1900, con lo que, tal y como señala su biógrafo, tuvo un paso más que fugaz por el siglo XX, ya que solo vivió en él cinco meses y cinco días, tras fallecer en Badenweiler (Alemania), el 5 de junio de 1900, víctima de la tuberculosis. Es decir, que apenas vivió veintiocho años, siete meses y cinco días, algo menos que Wolfang Amadeus Mozart (1756-1791), cuya existencia se prolongó a lo largo de siete lustros. Y uno se pregunta si Stephen Crane significó para la literatura estadounidense lo mismo que el compositor de Salzburgo para la música europea. Según Auster, que afirma que muchos escritores norteamericanos no hubieran sido los mismos sin la literatura de Crane, la respuesta no admite dudas. Y por ello le ha dedicado tan monumental trabajo, que le ha llevado varios años de investigación, análisis, construcción y escritura.

lunes, 20 de septiembre de 2021

Sergi Doria: «El año 1976 fue el de la iniciación a la vida de todos los españoles»

Sergi Doria fotografiado por Inés Baucells

Nº 629.- Son las cinco de la tarde. Primer lunes de septiembre. Fallas recién quemadas. Calor y
humedad. En resumen, bochorno. Parece que el verano no quiere terminar. Al otro lado del teléfono, puntual, está Sergi Doria, que tiene nuevo título en el mercado: ‘Antes de que nos olviden’ (Destino), la tercera entrega de su trilogía dedicada a Barcelona. ‘Antes de que nos olviden’ es una historia de las de siempre, una búsqueda salpicada con buenas dosis de humor e intriga, de esas que nos gusta leer de vez en cuando, ambientada en la Barcelona de la Transición, en los tiempos del destape, de las sectas religiosas, de los cambios políticos, poblada por personajes de turbio pasado, que ayudan a retratar a la ciudad de aquel entonces. Además de escritor, con varios títulos publicados, Sergi es profesor de la Universidad Internacional de Cataluña y de la Universidad Ramon Llull, y periodista cultural de dilatada trayectoria, que ahora trabaja en
ABC. El escritor barcelonés ha descolgado pronto y, tras las presentaciones y otros parabienes, pulso la tecla rec de la grabadora. Se enciende el piloto rojo, esa señal tácita establecida entre el artilugio digital y quien esto suscribe. Y comenzamos a conversar.

La primera vez que hablo con un escritor suelo iniciar la entrevista con la misma cuestión: ¿qué significa para ti la literatura?

Yo provengo del periodismo igual que mis primeras publicaciones. Durante muchos años hice crítica literaria y no me atreví a ponerme con una novela hasta el año 2015. Les había leído la cartilla a muchos escritores y pensé que, si yo no escribía bien, podían decir que yo era aquel maestrillo que les daba lecciones acerca de cómo escribir. Pienso que la realidad siempre supera a la ficción. De ahí que la trilogía que cierra ‘Antes de que nos olviden’ esté toda ella basada en hechos reales. Concibo la literatura como una ambigüedad permanente, donde se mezclan cosas verdaderas con otras inventadas. Creo que jugar con la verdad y la mentira es lo que le proporciona atractivo a la literatura, lo que la diferencia del ensayo o de los libros de historia.

sábado, 7 de agosto de 2021

Luis García Jambrina: «Tras su muerte, Unamuno fue manipulado para convertirlo en alguien que no era»

Luis García Jambrina (fotografía: Cristina Candel)
Nº 628.- El último viernes del mes de julio se despide con una entrevista. Faltan pocos minutos para las cinco de la tarde cuando telefoneo a Luis García Jambrina (Zamora, 1960). En colaboración con el director de cine Manuel Menchón (Málaga, 1977), este escritor y profesor universitario, afincado en Salamanca, acaba de publicar ‘La doble muerte de Unamuno’, editada por Capitán Swing, un texto de investigación, donde se recoge la muerte de Miguel de Unamuno, acaecida el 31 de diciembre del año 1936, en su domicilio particular, sentado alrededor de una mesa camilla y con las zapatillas chamuscadas por el brasero. España vive los primeros meses de la Guerra Civil y don Miguel muere en extrañas circunstancias, a causa de una «hemorragia bulbar», según el acta de defunción expedida por el juez municipal, y ante un único testigo: Bartolomé Aragón. Al día siguiente, significados militantes de Falange portan su féretro al cementerio, donde lo entierran como si se tratase de uno de sus camaradas. Esta es la versión oficial, la misma que ha perdurado, incluso para sus familiares, durante casi ochenta y cinco años. Sin embargo, ‘La doble muerte de Unamuno’ aporta un contrarrelato que, por un lado, desmonta esta versión oficial y, por otro, demuestra que Unamuno fue objeto de una operación propagandística, a través de la cual los sublevados pretendieron secuestrar su figura y su memoria. Las páginas del libro profundizan en todo lo que cuenta ‘Palabras para un fin del mundo’, la película documental sobre este mismo asunto, que Manuel Menchón estrenó a finales del año pasado, en plena pandemia. Con el piloto rojo de la grabadora ya encendido, comenzamos nuestra conversación, sostenida a más de seiscientos kilómetros de distancia, los que separan Salamanca de València.

Luis, ¿cómo surge la idea de escribir ‘La doble muerte de Unamuno’?

Surgió en el mes de agosto del pasado año. Manuel Menchón estaba muy metido con su película y el rector de la Universidad de Salamanca, que había apoyado su proyecto, pensaba que había que escribir un libro, porque se había quedado mucha documentación interesante en el tintero. Menchón no tenía tiempo para hacerlo y entonces el rector me propuso a mí, porque sabía que me interesaba el tema de la muerte de Unamuno y de sus últimos días de vida. Yo había escrito un cuento sobre este mismo asunto, que había sido publicado en varias antologías. Menchón y yo nos reunimos en Salamanca. Hablamos, vimos que sintonizábamos bastante y de ahí brotó el libro, que debía profundizar un poco más que la película, por las lógicas limitaciones cinematográficas, y lo cierto es que su escritura ha sido un trabajo muy intenso.